Facebook, Twitter y Google responden en el Senado de EEUU sobre una posible injerencia rusa en Cataluña: “Qué hacen Facebook y Twitter ante trolls rusos que buscan dividir en Cataluña”

Los consejeros generales de Facebook Colin Stretch, Google Kent...
Los consejeros generales de Facebook Colin Stretch, Google Kent Walkery y Twitter Sean Edgett hoy en el Capitolio. 

Representantes de Facebook, Google y Twitter han respondido este miércoles a la pregunta de si tenían constancia de la existencia de cuentas falsas dedicadas a “sembrar la discordia” en torno a la crisis abierta en Cataluña por el desafío soberanista, durante la comparecencia en el Comité de Inteligencia del Senado estadounidense.

La pregunta en cuestión la hizo el senador demócrata Martin Heinrich que, tras referirse a trolls dirigidos desde Rusia para influir en las elecciones de EEUU, les interpeló sobre “qué están haciendo ahora mismo” para asegurar que sus redes no son utilizadas “de la misma forma divisiva” que en las elecciones estadounidenses “para sembrar la discordia en las democracias occidentales y en particular en Cataluña”.

También quiso saber, en concreto, si habían tenido que cerrar alguna cuenta de usuarios que no fuesen quienes decían ser, pero no obtuvo respuestas concluyentes.

Por parte de Twitter, Sean Edgett afirmó que pensaba que sí había sido el caso, pero que necesitaba confirmarlo, mientras Kent Walker de Google contestó que la empresa cierra constantemente cuentas por este motivo, pero que no estaba familiarizado con este caso concreto. Colin Stretch, de Facebook, no facilitó ninguna respuesta.

El representante de Facebook sí afirmó que su empresa se concentra en evitar el posible abuso de la red social “en todo el mundo”, de manera que van poniendo el foco en las distintas elecciones “cuando aparecen en el calendario, incluidas las elecciones catalanas que tuvieron lugar recientemente”, aludiendo, previsiblemente, al referéndum del 1-O que había sido suspendido por el Tribunal Constitucional.

“Nos concentramos en garantizar que todos los actores que están en la plataforma cumplen la ley local, y en asegurar que cualquier actor amenaza extranjera que pueda querer minar la democracia en cualquier sentido es apartado de la plataforma”, ha dicho.

Origen: ELMUNDO

Encuentro en el barrio más caro de Moscú con el abogado defensor de dos célebres ‘piratas’ rusos detenidos en Barcelona. Recibe dinero de Putin para promover movimientos de secesión occidentales y estos días quiso viajar a Cataluña, donde, dice, el Gobierno de España “no deja que se hable ni se estudie en catalán”

  • Alexander Ionov vive en un mundo muy interesante. Aunque en su país, Rusia, rige una ley que prohíbe pedir la autodeterminación -quien lo intente puede ir directamente a la cárcel-, este líder del Movimiento Antiglobalizador Ruso recibe dinero de su Gobierno para impulsar el secesionismo en Occidente organizando congresos internacionales de separatistas. No es que quiera debilitar a EEUU y a sus aliados, sino que vela «por los derechos» de pueblos oprimidos por la metrópoli como el de Texas, California, Hawái, Padania, Puerto Rico y por supuesto Cataluña, donde el Gobierno español «no deja que se hable ni se estudie en catalán», según asegura en su encuentro con Crónica.

Admite que no ha estado nunca en España, y eso que tiene presos en Madrid a dos clientes importantes. Al hacker ruso Piotr Levashov, reclamado por EEUU, le investiga el FBI por su supuesta implicación en el ciberespionaje de la campaña electoral que dio la victoria a Donald Trump. Levashov fue detenido en abril en Barcelona y allí cayó otro hacker al que también defiende este abogado: Stanislav Lisov, acusado de estafa bancaria.

Levashov controlaba un botnet -un conjunto de robots informáticos- capaz de enviar cuatro billones de mensajes al día. Se le considera autor de la herramienta con la que el grupo de hackers Fancy Bears atacó al Partido Demócrata. Ahora los piratas rusos vuelven a estar bajo la lupa de las autoridades, esta vez las españolas. ¿Qué han hecho ahora? Las fuerzas de seguridad investigan si han prestado asesoría a informáticos catalanes para clonar las webs del referéndum y crear bots para multiplicar el mensaje en redes sociales de personajes y entidades como Assange, Snowden, RT o WikiLeaks.

«Esto no es verdad, el mercado cibernético es muy amplio y esas webs se pueden colocar en cualquier país», contesta Ionov, que elude responder sobre los galones de pirata de sus clientes: «No sé lo que hicieron, pero no hay un beneficio material, todo se ha politizado». Admite contactos con la Generalitat: «Fue sólo para asistir como observador al referéndum, pero al final no ha sido posible por el veto de Madrid». Con quien sí se ha visto personalmente es con Enric Folch, de la secretaría internacional de Solidaritat Catalana per la Independència. El político catalán viajó a Rusia con motivo del primer congreso de secesionistas, en 2015, y al año siguiente también. En el primero Folch dijo que aspiraba «a un referéndum para el 2019», aunque abandonó la sala cuando otros oradores empezaron con proclamas racistas.

Lo primero que llama la atención sobre los socios separatistas de Ionov es que son muy variopintos: el Sinn Féin, el Frente Polisario o la Liga Norte italiana, el Estado Nacional Soberano de Borinken (Puerto Rico), la Yes California Independence Campaign, el Texas Nationalist Movement, prorrusos de los territorios ucranianos de Lugansk y Donetsk, de Transnistria y hasta el autoproclamado rey de Hawái, Edmund Keli’i Silva Junior. Pero no hay ningún movimiento que quiera separarse del Gobierno ruso ni de ninguno de sus aliados. No fueron invitados tibetanos o kurdos y tampoco había tártaros o independentistas del Cáucaso: «Es que Rusia no tiene movimientos separatistas», se defiende Ionov, «podemos ir a cualquier parte de Rusia y preguntar por separatistas; no encontrará usted».

Tal vez Ionov no los encuentra porque existe una ley rusa que los prohíbe. El presidente ruso, Vladimir Putin, firmó en 2014 -el mismo año en el que impulsó un referéndum de autodeterminación en la península ucraniana de Crimea- una ley por la cual se castiga con cinco años de prisión a todo aquel que promueva movimientos separatistas en territorio ruso. Ahora los tribunales rusos pueden castigar así las meras manifestaciones públicas a favor de la secesión.

«Eso no tiene nada que ver, esta ley contra el separatismo sólo tiene dos años», responde Ionov.

Si se le ponen encima de la mesa las dos guerras que Rusia libró para amarrar Chechenia, responde que «eran combatientes extranjeros», y aunque el líder Shamil Basayev fuese checheno, «estaba financiado desde fuera y la propia gente chechena tuvo que marcharse de esa zona». Rusia doblegó a Grozny a sangre y fuego, pero eso no impide a Ionov insistir en que en el caso español «Madrid no debería usar la fuerza ni seguir recurriendo a la represión, sino permitir un referéndum y negociar después».

En su cabeza chocan una gran cantidad de hechos, como la ojeriza de Madrid contra Moscú o la negativa del Gobierno de Madrid a «conceder dinero y autonomía a los catalanes».

Ionov, un patriota ruso de dos metros y cinco centímetros que en persona se da un aire al líder de ERC, Oriol Junqueras, se muestra «preocupado por España» y pide al Gobierno «que preste atención a las manifestaciones de estos días», que por otro lado habrían sido ilegales en Rusia. En las escaleras que conducen a su despacho, situado en una de las zonas más caras de Moscú, el visitante encuentra tres elocuentes relojes de pared: uno marca la hora de Washington, otro la de Moscú y otro la de Crimea, que desde la anexión rusa ha forzado a sus habitantes a tener la misma hora que la capital rusa.

Ionov fue observador en aquella votación, que fue rechazada mayoritariamente por la comunidad internacional. Pero para el caso de Cataluña Ionov prefiere poner el ejemplo de Escocia: «Allí se hizo una votación de manera formal y no hubo problemas. ¿Por qué tiene tanto miedo el Gobierno español a hacer lo mismo?»

«Diálogo» es la palabra mágica que repite varias veces durante la entrevista. De hecho, cuando independentistas de todo el mundo se reunieron la última vez auspiciados por su organización hace justo un año, el lema fue El diálogo de las naciones. Entonces dijo: «Los movimientos de secesión occidentales existen como una oposición al imperialismo, la violencia y el odio de EEUU… y todos esos movimientos nos aman a los rusos, porque somos buenos y amables».

Desde luego tacaños no fueron: los participantes tuvieron todos los gastos pagados en parte con cargo al presupuesto estatal ruso. Incluidos viajes y el alojamiento en el hotel Alfa de Moscú. Era la primera vez en la historia en que cierto número de delegaciones de diferentes partes del planeta se citaba en Rusia para discutir «sus problemas».

Uno de esos «problemas» era cómo promover la motivación hacia la secesión. Por aquellas casualidades de la vida, con frecuencia las formaciones invitadas proponen que se eliminen las sanciones económicas impuestas al Kremlin tras anexionarse Crimea. Pero sobre todo su labor contribuye a desestabilizar a adversarios de Rusia, especialmente EEUU y países de la OTAN. Tal vez por eso, o porque tiene muy buena relación con el viceprimer ministro ruso, Dimitri Rogozin, Ionov recibió 44.000 euros para organizar el tablao independentista del año pasado en plena capital rusa.

En 2015 el Estado ruso se gastó 29.000 en la misma cumbre, un desembolso que Ionov defiende como «totalmente transparente». «Es mentira que me lo diese Putin en persona», añade. La cumbre fue con cargo al Fondo Nacional de Caridad, creado para sufragar proyectos «patrióticos y militares».

Ionov chapurrea unas cuantas palabras de español por sus frecuentes viajes a Venezuela y «habría querido estar hoy en Barcelona», pero no quiso viajar con visado de turista si no era reconocido como observador: «Queremos hacerlo de una manera limpia, un movimiento tan amplio como el de Cataluña no lo van a poder desacreditar ustedes tan fácilmente».

No parece echar de menos la Constitución de la Unión Soviética, admite, «que sí reconocía el derecho a la secesión», recordando que la URSS «se separó pese a que una mayoría votó en un 86% a favor de seguir unidos». España, se queja, «saludó la desmembración de la URSS porque las relaciones no eran muy buenas ya que Franco, disculpe usted, era un fascista».

Pero Franco, le corrige el entrevistador, ya llevaba 16 años muerto en 1991. Ionov mira su enorme reloj de muñeca dorado, que marca la hora en su vida y en su mundo: «Bueno… pues queda su dinastía».

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