Hambre en España – Pablo Planas – Libertad Digital

Hay hambre. Colas en las parroquias. Gente desesperada que va a buscar alimentos a las iglesias. No son personas sin hogar, marginados crónicos o vagabundos, que también, sino cabezas de familia, parados y trabajadores afectados por los expedientes de regulación temporal de empleo, esos ERTE que según la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, nos copian en Europa para preservar los puestos de trabajo. Hay que tener cuajo para mentir como mienten los miembros de este Gobierno, ya sea con los muertos del coronavirus, con los test, con el CIS o con los datos económicos. Unos fenómenos, sí, pero del trile.

Hay hambre mientras el Gobierno promete toda clase de ayudas, subvenciones y pagas. A tenor de las veces que han abierto los medios afectos con la renta mínima universal, cualquiera diría que está en vigor desde hace semanas o incluso meses. Claro que la mayoría de tan generosos estipendios del Ejecutivo se evaporan con la letra pequeña, de modo que las retribuciones para paliar los efectos del coronavirus se quedan en la mitad de la mitad de lo prometido a bombo y platillo. Propaganda, pura propaganda para la que no se repara en gastos.

Hay hambre, pero a Pedro Sánchez le da lo mismo, encantado como está de haberse conocido. De ahí las chapas de los sábados mientras se le acumulan los muertos o la brasa de este martes pasado, cuando el tipo se empeñó en explicar una desescalada por etapas comparable a la secuencia de los hermanos Marx sobre la parte contratante de la primera parte, a los encuentros extraterrestres en la tercera fase o a aquel anuncio de Bruce Lee que acababa con el “Be water, my friend”. Qué bochorno de presidente, qué tipo tan presumido, petulante y vanidoso. Un plasta. Caótico. Como es habitual con este hombre, nadie se ha enterado de nada y habrá que esperar al BOE para saber a qué atenerse, aunque el BOE en manos de estos zangolotinos tampoco es que sea de fiar.

Hay hambre y nadie del Gobierno hace nada. Sánchez se mira en el espejo y se dice: “Pero qué guapo soy”. “Y qué coleta tengo”, añade Pablo Iglesias, el comefachas macho alfa del Gobierno pijocomunista, reducido el presidente a la categoría de subsecretario encargado de leer las condiciones de apertura de boleras y churrerías. España se precipita de cabeza a una crisis que los más optimistas dicen que será peor que la posguerra, mientras el guerracivilista Iglesias amenaza a la mitad de la ciudadanía y a Sánchez lo único que le preocupa es que el maquillaje y los focos le tapen las imperfecciones del cutis.

Hay hambre. Y más que va a haber. Por desgracia, por el coronavirus y por culpa del peor Gobierno de la historia.

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