SERIE LA RECONQUISTA (I) La hora de Feijóo: el tecnócrata de las tres mayorías absolutas que sucedió a Fraga busca sustituir a Rajoy / Quince años después, solo le faltará nombrar sucesor en la Xunta y el PP regional, y todo estará listo para su viaje de vuelta a Madrid, un territorio político que nunca abandonó del todo- El Diario

PEDRO, UN GALLEGO TE VENCIÓ DOS VECES CON HOLGURA; OTRO GALLEGO TE SACARÁ EN BREVE DE LA MONCLOA, DONDE ESTÁS SIN EL RESPALDO DE LA SOBERANÍA POPULAR (VOTOS, PEDRO; LA MONCLOA SE GANA CON VOTOS, Y NO CON MANIOBRAS RETORCIDAS).

  • Todo el PP mira al presidente gallego como futuro líder para plantar cara a Ciudadanos y superar la grave crisis abierta en el partido.
  • Feijóo tiene a su favor tres mayorías absolutas y Gobiernos que presumen de dar estabilidad económica en Galicia, que no se vieron manchados por la corrupción.
  • En la actual situación, es el único líder del PP que podría ganar con facilidad las elecciones nacionales, por mucho que las encuestas prefabricadas de distintos medios intentan tirar a la baja a los populares.

 

“Que el presidente es Rajoy, eh”, puntualizó el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, el pasado lunes cuando intentaba franquear la puerta de la sede nacional del Partido Popular en Madrid placado por la marabunta de fotógrafos y reporteros que ya le enfocaban a él sin saber que el entonces líder del partido y expresidente del Gobierno estaba a punto de anunciar el punto y final a 37 años de carrera política.

Nadie en el partido duda de que el dirigente gallego está en la carrera por la sucesión, aunque él de momento juega a mantener el suspense. A fin de cuentas, ningún otro dirigente popular puede presumir de tres mayorías absolutas consecutivas en plena crisis ni de haber cerrado el paso a Ciudadanos, que en Galicia por no tener, no tiene ni un solo escaño. En el PP todos miran a Feijóo y Feijóo lleva ya algunos años dejándose querer. Desde 2009 cuando recuperó la Xunta para el PP -y concedió una vida política más a Mariano Rajoy, muy discutido entonces internamente- ha repetido que su futuro está en Galicia. Y al mismo tiempo ha cuidado al milímetro su agenda madrileña, repleta de entrevistas y conferencias en las que ha aprovechado para ejercer de verso suelto del partido repartiendo titulares: “Me avergüenza Bárcenas”, “nos ha faltado relato en el tema de la corrupción”….

Los dirigentes consultados dan por hecho que Feijóo es hoy el preferido dentro porque se ha erigido en una tercera vía salomónica entre la secretaria general, María Dolores de Cospedal, y su archienemiga Soraya Saénz de Santamaría, cuyo poder como número dos del Gobierno era por delegación del presidente Rajoy.

El presidente gallego concedió a principios de año una entrevista al programa Salvados de Jordi Évole. Coincidió con el momento en que Albert Rivera empezaba a despuntar en las encuestas subido a la ola catalana y muchos, puertas adentro, interpretaron esa apuesta arriesgada como un modo de decir al partido que había cantera para plantar cara a Ciudadanos. En Salvados salió Feijóo dejó una frase que no pasó desapercibida en las filas populares: avisó de que para ser presidente del Gobierno es mejor haberlo sido antes de una comunidad autonóma. El equipo de la entonces vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, tomó nota del recado.

Cuando por fin realice el anuncio de que se presenta a la presidencia nacional del PP, un mensaje que ha prometido lanzar desde Galicia, será la segunda vez para Feijóo, que ya protagonizó con éxito otra transición que se preveía traumática hace doce años: nada menos que heredar el PP gallego de manos del presidente que fundó el partido, Manuel Fraga.

Con el apoyo del aparato, Feijóo logró entonces  hacerse con el control del PP autonómico en el congreso extraordinario que puso fin a las interminables guerras de sucesión.  Con Feijóo en 2009 ganó para siempre la derecha urbana -encarnados por su padrino político, el exministro José Manuel Romay- Beccaría- frente a dirigentes rurales como Xosé Luis Baltar o el fallecido Xosé Cuiña Crespo.

Aquella historia se ha contado mil veces: Feijóo había sido enviado desde Madrid en misión especial a Galicia para aplacar la gravísima bronca interna desatada por la gestión del Prestige. Dejó la presidencia de Correos y asumió la cartera de Obras Públicas en Galicia que había dejado vacante el sempiterno delfín de Fraga y hombre fuerte de aquella Xunta, Xosé Cuiña Crespo. En lo más gordo de la crisis política que desató el Prestige, con el PP gallego a punto de romperse en dos, Cuiña se mostró partidario de rebelarse desde la Xunta contra el Gobierno central de José María Aznar por la calamitosa  gestión que estaba haciendo tras el naufragio del vetusto petrolero y que había levantado a la sociedad gallega al grito de Nunca Mais. Pero Cuiña se quedó en minoría en el PP y tuvo que dimitir al final.

Tras la caída de Cuiña, Feijóo ocupó su consellería y ascendió meses después a vicepresidente primero de Fraga. Aunque ese gobierno perdió las elecciones, Feijóo ya había emergido como el preferido de la dirección nacional y barrió en el congreso extraordinario celebrado unos meses más tarde. Del proceso se habían ido retirando todos sus rivales, primero Cuiña, luego Xosé Manuel Barreiro, hoy portavoz de la mayoría del PP en el Senado, que se incorporó a su lista, y por último, Enrique López Veiga, otro de los conselleiros de Fraga crítico con la deriva que había tomado el partido.

De eso hace ya hace 12 años. Si Feijóo fuese una serie, la nueva temporada arrancaría ahora con el sillón vacío de Mariano Rajoy.  “No soy ningún judas”, había contestado el líder gallego a la prensa en el capítulo anterior, durante las vísperas de la moción de censura, cuando un sector del PP barajaba la opción de que Rajoy dimitiese y aún se pudiera presentar otro candidato a La Moncloa.

La trama ha girado de golpe tras la moción de censura: el presidente del PP se ha echado a un lado después de perder el Gobierno y garantiza la neutralidad del partido en un congreso extraordinario que se celebrará pronto y por primera vez sin dedazos.

Hasta Esperanza Aguirre, una dirigente con la que el líder gallego nunca tuvo especial sintonía, se ha apresurado a decir que Feijóo le gusta mucho. A diferencia de lo que sucedido los últimos meses de Rajoy en el Gobierno, el presidente de la Xunta hace dudar incluso a ese establishment que se había alineado con Rivera para facilitar el turnismo en el centro-derecha.

Su imagen era impoluta en los medios de comunicación hasta que El País desveló en 2013 sus años de amistad con el narcotraficante Marcial Dorado en los 90 cuando Feijóo ya era número dos de la sanidad gallega, aupado por Romay. En Galicia, aquellas imágenes con Dorado no le pasaron factura electoral: en los últimos comicios celebrados en 2016  incluso ha ampliado la ventaja con el resto de partidos.

Su extraordinaria capacidad para promocionarse  y la debilidad de su oposición, perdida en mil batallas internas desde 2009, le han permitido capear sin problema sus mayores reveses políticos.

Todo el entorno del presidente sabe que está ante su momento decisivo tras una vida entera dedicada a la política.

Porque al dirigente que ahora se dispone a pelear por la presidencia del PP nacional le han salido los dientes en la Administración. A pesar de su constante defensa de los beneficios del sector privado, su vida profesional se ha desarrollado en puestos públicos. De la mano de Romay Beccaría, su padrino político, se convirtió en secretario general de Agricultura en Galicia en 1991 poco después de entrar en la Xunta como interino, y después de Sanidad ese mismo año. Romay lo hizo presidente del Insalud con 35 años en el primer Gobierno de Aznar y Francisco Álvarez-Cascos, de Correos cuando cumplió los 40. La crisis del Prestige lo devolvió a Galicia en 2003 donde ejerció de lugarteniente de Fraga dos años hasta que el PP perdió las elecciones.

En sus primeras elecciones como candidato un equipo de marketing político le pidió olvidarse de la gomina -que lo hacía parecer estirado y distante, según los asesores- y en las últimas celebradas en 20016 metió en campaña su paternidad, asociada a un plan para fomentar los nacimientos en la galopante crisis demográfica que sufre Galicia.

Antes había trascendido su relación con una alta ejecutiva de Inditex, Eva Cardenas, responsable de Zara Home.

Ahora Feijóo vuelve a ser protagonista. Desde que comenzó su tercer mandato ha dado a entender que su tiempo en Galicia se está agotando. Quince años después, solo le faltará nombrar sucesor en la Xunta y el PP regional, y todo estará listo para su viaje de vuelta a Madrid, un territorio político que nunca abandonó del todo.

ORIGEN DE LA NOTICIA: El Diario

Anuncios

¿Y tú qué opinas de esto?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s