Ganará Sánchez – Luis Herrero (ABC): “La capacidad operativa del sanchismo era infinitamente más eficaz de lo que pensábamos y no sólo estaba en condiciones de dar la batalla de los avales, sino que estaba en condiciones de no perderla”

El título del artículo no responde a un pronóstico, sino a una deducción. Hasta hace unas horas, yo apostaba por la victoria Susana Díaz. Era lo más sensato. Cuando un partido con más conchas que un galápago echa toda la carne en el asador para que sigan mandando los que han mandado siempre, el resultado de la partida no se discute. Eso es lo que enseña la experiencia. Y eso es lo que yo creía que iba a pasar.

Y ellos, también, por cierto. Me refiero a Felipe González, a Alfonso Guerra, a Alfredo Pérez Rubalcaba, a José Luis Rodríguez Zapatero y a todos los que han gobernado durante cuarenta años las estructuras de poder del partido.

El plan les estaba saliendo a pedir de boca. La botadura de la candidatura de Díaz en el Ifema había sido una exhibición de poder apabullante y la campaña de recogida de avales progresaba al ritmo que se habían impuesto para hundir la moral de sus adversarios.

A nadie le dio por pensar que Sánchez libraría una batalla que estaba fuera de su alcance. Contra el poder intimidatorio del aparato, la idea de competir en número de fiadores con Susana Díaz era una imprudencia temeraria que no tenía ni pies ni cabeza.

Ni los militantes iban a desafiar al poder constituido negándose a firmar lo que les pusieran delante sus secretarios provinciales, ni los sanchistas tenían capacidad operativa para rivalizar en eficacia recolectora con el aparato del PSOE.

Todos creimos que rehuirían esa confrontación suicida para no tener que rendir al final unas cuentas irrisorias y que se concentrarían en pedir el voto para el día 21.

Pero estábamos equivocados. La capacidad operativa del sanchismo era infinitamente más eficaz de lo que pensábamos y no sólo estaba en condiciones de dar la batalla de los avales, sino que estaba en condiciones de no perderla.

Durante dos sigilosos meses, moviéndose de puntillas para no hacer ruido, sus agentes fueron captando una a una la firma de 57.369 avalistas. Una cifra inesperada que contrarrestaba la exhibición intimidatoria del oficialismo y condenaba el final del sprint a la foto finish.

Si no fuera por la goleada de Díaz en suelo andaluz, 18.000 avales de diferencia a su favor, la batalla estaría claramente decantada del lado de su oponente. Sánchez gana en 11 de las 17 comunidades autónomas, incluidas Asturias y Valencia, y obtiene 12.000 apoyos más al norte de Despeñaperros. Las cifras, miradas con cierto detenimiento, no son nada halagüeñas para los intereses que defienden los grandes budas del PSOE.

55.000 militantes aún no han dicho ni pío. De ellos, 10.000 residen en Andalucía y 11.000 en Cataluña. Ambos feudos se contrarrestan. El más fiel a Susana Díaz tiene la misma fuerza que el más hostil. Lo que puedan darle sus paisanos, suponiendo que vayan todos a votar y que lo hagan por ella, se lo pueden arrebatar por el mismo procedimiento los votantes del PSC. Así que la verdadera batalla se libra fuera de esos dos territorios. Y allí, las cosas como son, las cuentas parecen beneficiar claramente al sanchismo. Susana Díaz obtiene un saldo favorable de 4.000 votos de diferencia en las cinco comunidades donde ha ganado, pero cosecha un déficit de 8.000 en las diez comunidades donde ha perdido.

El cómputo global favorece a Sánchez por 41.486 apoyos frente a 37.457, y eso sin tener en cuenta el número de avalistas que puedan haberse visto forzados a apoyar a Díaz por miedo a las represalias y no tengan intención de votarla el día 21. Mucho tendrían que cambiar las cosas para que se invirtiera la tendencia

La gran duda, vista la cosa desde esta perspectiva, es saber lo que harán los avalistas de Patxi López. Ellos tienen la llave. De ahí que Pedro Sánchez, en Alcalá de los Gazules, les hiciera ayer la oferta de «caminar juntos».

López la ha rechazado, sí, ¿pero la rechazarán también sus seguidores? ¿Seguirán siendo fieles a un seguro perdedor sabiendo que está en su mano dirimir el resultado final de la pelea? Pincho de tortilla y caña a que más de la mitad se da el gustazo de cambiar de bando. Para muchos de ellos, no es no.

Origen: Ganará Sánchez

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