Coronavirus en Asturias |MÉDICO GIJÓNÉS EN CHINA: «España lo está haciendo mal y busca enmascarar un gran fracaso sanitario» |«El coronavirus se llevará por delante toda una década, como ocurrió con la última crisis económica» /«Hubo más de 13.000 muertes que no han querido notificar; muchas son casos de personas mayores excluidas de la atención hospitalaria» / -¿Teme que volvamos a fallar en esta segunda ola? -Ya estamos fallando porque España niega que estemos ante una segunda oleada. En China, con veinte casos te cierran la ciudad y aquí vamos por más de 10.000 diarios y nos quedamos tan panchos. Hay que quitar al señor Simón de ese puesto ahora mismo / -¿Habrá vacuna? -Sí, pero no en diciembre, habrá que esperar al menos hasta el primer trimestre de 2021 / -Entonces, ¿será un invierno complicado? -Más que eso, será un invierno muy crudo porque coincidirá con la gripe y con todas las infecciones respiratorias

   Lleva un mes en Gijón después de haber permanecido los últimos cinco años trabajando en China. Desde 2015, el médico intensivista Santiago Herrero (Gijón, 1957), dirigió el departamento de la UCI postoperatoria cardíaca, la unidad coronaria, la de medicina crítica y la de manejo no invasivo cardiológico y respiratorio del Jilin Heart Hospital, en la ciudad de Changchún (a mil kilómetros de Pekín). Tras haberse confinado varias veces en China y acumular un reguero de PCR, además de un código QR personal que le declara ‘libre de coronavirus’, le sorprende «ver a la gente tan relajada por la calle» en Gijón y critica con dureza la gestión que España hizo de la pandemia del coronavirus.

Santiago Herrero, que trabajó en la UCI del Hospital de Cabueñes más de veinte años, emprenderá en breve un nuevo reto, siempre y cuando la covid le permita volar hasta Papúa Nueva Guinea, donde le esperan para dirigir las urgencias y la UCI del Hospital Pacífico, en la capital del país. Le han llamado para gestionar la atención a pacientes con covid.

-Regresó en agosto de China donde trabajó cinco años como jefe de una unidad de cuidados intensivos. Allí le tocó pasar el inicio de la pandemia, precisamente, en el país donde comenzó todo, ¿cómo dejó aquello?

-Ahora está mucho mejor porque desde hace unas semanas China ya no registra casos de coronavirus. Pero hasta llegar a esa situación, la población lo pasó muy mal. Esto del covid no es ninguna tontería y la mayor parte de los gobiernos, incluido el chino, no se lo tomaron en serio, al menos en sus inicios. Recuerdo que tras declararse la pandemia, en Wuhan fueron despedidos todos los responsables políticos por su falta de diligencia y su demora en adoptar medidas.

-¿Cuántas cuarentenas acumula?

-Uy, unas cuantas. Hice la propia inicial del país y luego las parciales de mi zona, en la provincia de Jilin. A eso le tengo que sumar la cuarentena que tuve que seguir cuando en marzo intenté viajar a España para visitar a mi familia en Gijón. Permanecí 14 días en Tailandia porque para entrar en el país te exigían haber estado fuera de China dos semanas. Pero resultó que el 21 de marzo España decidió cerrar las fronteras al empeorar la situación, así quedé fuera. Al volver a China tuve que hacer otra cuarentena al ingresar al país. Fue realmente agotador. Además en China no es como aquí, donde te dicen que te aísles y no hay control alguno sobre la gente. Allí te mantienen en vigilancia en casa, y durante quince días, aunque puedes hacer vida normal, tienes que reportar a diario tu temperatura y estado de salud.

-Vaya control, ¿no?

-Sí, bueno, en China llevan una vigilancia bastante más férrea de los casos y de los contactos que en España y que otros países de Europa. Al regresar desde China en agosto llegué con toda la documentación en regla: traía los resultados de una PCR hecha 72 horas antes y un código QR que dice que estoy libre de coronavirus, sin embargo, nadie me pidió nada. Ni siquiera me tomaron la temperatura. 

-Los afectados y sus contactos en China tienen que reportar su estado durante 15 días, ¿la gente no falsea los datos?

-En general, la población china es muy respetuosa y cumple con lo que se le pide. Como en todos los sitios, hay excepciones, claro.

-¿Cómo es confinarse en una ciudad como Changchún?

-Allí solo mantuvieron abiertos los supermercados, a donde podías ir determinados días a la semana. Era como una ciudad fantasma. Por ser personal médico tenía autorización para ir a trabajar y disponía de una tarjeta de residente de mi comunidad, así que entraba y salía sin problema. Allí, en las comunidades vecinales, una suerte de urbanizaciones que pueden llegar a ser de mil personas, solía haber policía que controlaba los accesos.

-¿Los enfermos leves permanecían en sus casas?

-Los leves podían quedarse en casa. Allí sabías donde estaba cada afectado porque a través del teléfono se podía conocer la localización de los diferentes casos de coronavirus.

-¿No es un riesgo saber dónde está cada caso? Digo, al final es como señalar al enfermo con el dedo y puede ocurrir que la gente lo trate como un ‘apestado’.

-No ocurrió así en China. A mí me parece una gran idea porque al informarte donde están los diferentes casos, evitas ir a la zona donde hay enfermos y reduces el riesgo de propagar el virus. Estado de emergencia

-¿Qué diferencias ve entre lo que hicieron China y España?

-Uf, muchísimas. Si tengo que quedarme con un par de ellas apuntaría la escasa disciplina que veo en España hacia las medidas que hay que seguir socialmente, y también cierta falta de respeto con lo que la pandemia supone.

-Pero aquí hubo estado de alarma tres meses y confinamiento, ¿eso algo de respeto es, no?

-En mi opinión el estado de emergencia es un grave error porque, una vez que se levanta, la gente tiende a pensar que el problema está resuelto. En China no hubo estado de alarma, allí se optó por ‘cerrar’ solo las ciudades calientes. Es cierto que durante el primer mes todo el país estuvo cerrado, pero luego se optó por medidas territoriales en función de la situación epidemiológica.

-¿Cómo valora la gestión de la crisis sanitaria en España?

-Creo que no se hicieron bien las cosas desde el principio, no se tomó este tema con la seriedad adecuada. He seguido la pandemia a lo largo y ancho del mundo, y con especial interés por lo que pasaba en España, y en mi opinión aquí se actúo tarde.

-Pero en China tampoco lo hicieron muy bien. Al principio hubo falta de información.

-Por eso le decía que todos los gobiernos fallaron. En China es cierto que al principio había falta de información, pero los médicos sabíamos lo que estaba pasando porque lo veíamos en los hospitales y nos informábamos entre nosotros.

-Cuando usted alertó entre enero y febrero, en entrevistas en EL COMERCIO, de que había más del doble de casos de coronavirus de los que se estaban declarando le llovieron las críticas.

-Sí, es verdad, me cayó la del pulpo. Pero mi intención no era alarmar sino advertir de que si no hacíamos algo, esto sería una debacle. Cuando veía que en febrero y marzo España no estaba haciendo nada, me llevaba las manos a la cabeza. De aquella llegué a calcular que de no tomar medidas habría entre 27 y 47 millones de afectados y desde 1,5 a tres millones de muertos. Al final, llevamos casi un millón de muertos, y eso que se adoptaron medidas. No iba descaminado en las estimaciones.

-¿Decir que la covid era una simple gripe hizo mucho daño?

-Fue tremendo. Como dice el refrán, hay que coger al toro por los cuernos antes de que te mate. Minimizar o decir que un problema es banal es contraproducente porque no se adoptan medidas y luego, cuando decides actuar, es tarde y ha muerto mucha gente.

-En la provincia que estaba usted, en Jilin, ¿cuántos casos hubo?

-Es una provincia de 27 millones de personas y tuvimos unos cien casos y siete muertos.

-Ah, pocos.

-Sí, pero a pesar de esos pocos casos hubo confinamiento.

-Hablando de confinamiento, ¿nos volverán a meter en casa?

-Espero que no, porque los confinamientos prolongados no sirven de mucho. Lo que hay que hacer es aprender a convivir con el virus y adoptar medidas que nos permitan llevar una vida medianamente normalizada. Fue lo que hizo Shanghai, una ciudad de 27 millones de personas, que salvo al principio, luego ya no volvió a cerrarse. Hay que tener responsabilidad individual, y es ahí donde España falla un poco.

-Pero vamos todos con mascarilla por la calle. ¿Eso no es responsabilidad social?

-Sí, eso es verdad. Y también tengo que decir que aunque España actúo tarde porque no reaccionó hasta mediados de marzo, Asturias lo está haciendo muy bien. A lo que me refiero es, por ejemplo, a los casos de gente que no respeta nada como la señora que siendo positivo se fue a surfear.

-¿Qué cree que llevó a España a no actuar hasta mediados de marzo?

-España es un país altamente dependiente del turismo y creo que se intentó restar alarma para evitar una debacle económica. Pero al final fue un error. A la población hay que hablarle de frente.

-Pero hubo otros países que actuaron todavía más tarde, como Inglaterra y Estados Unidos.

-También lo hicieron mal, sí.

-¿Teme que volvamos a fallar en esta segunda ola?

-Ya estamos fallando porque España niega que estemos ante una segunda oleada. En China, con veinte casos te cierran la ciudad y aquí vamos por más de 10.000 diarios y nos quedamos tan panchos. Hay que quitar al señor Simón de ese puesto ahora mismo.

-¿Habría que confinarse otra vez?

-Confinar a España entera, no. El riesgo local no es riesgo general. Habría que actuar sobre Madrid y Barcelona.

-Veo que no comparte los criterios de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias y portavoz durante toda la pandemia.

-Por decirlo suave, me parece un irresponsable. Se ha dedicado a minimizar la situación y a dar validez a datos sobre mortalidad e incidencia que no son ciertos. España tendría que haber tomado medidas ya el 12 de febrero, cuando la OMS declaró que estábamos en pandemia.

-¿Qué marcas nos dejará la crisis del coronavirus?

-Muchas, pero sobre todo se llevará por delante toda una década, como ocurrió con la última crisis económica.

-¿Hemos aprendido algo de esto?

-No, porque el aprendizaje se logra al principio. Seguimos sin ser conscientes de a qué nos enfrentamos.

-¿Y a qué nos enfrentamos?

-A un virus que nos está matando y nos debería obligar a cambiar nuestra forma de vivir.

-¿Qué le parecen los negacionistas, entre los que además de Miguel Bosé hay colegas suyos?

-Unos imbéciles, con perdón. Pero también son negacionistas los que quieren ocultar que España es el país con la mayor tasa de mortalidad cruda del mundo. Hubo más de 13.000 muertos que no se notificaron y esos fallecimientos en exceso que reconoce el sistema de mortalidad de España no son ni infartos ni accidentes de tráfico, como han dicho. Son abuelos de las residencias que no llegaron a la atención sanitaria. Están enmascarando el mayor fracaso sanitario de España, porque a pesar de que supuestamente tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, hay un problema de falta de recursos. Los culpables son todos. Por la crisis del 2007, los recortes del 2011 y la improvisación y la negación del problema desde el inicio de la crisis. El precio de la política son los muertos de más y que afectaron a los abuelos.

-Un poco duro, ¿no?

-Los datos están ahí. Entre el momento de inicio de los dos primeros casos el 12 de febrero hasta el 3 de junio hay un exceso de 13.968 muertes, según el sistema MoMo que mide la evolución de la mortalidad en el país. A 29 de mayo, el Gobierno solo reconoce 27.128 muertes, si a esa cifra le sumamos las 13.968 de exceso, hablamos de 41.096 como covid. La ausencia de otros factores de mortalidad distintos de los registrados y por tanto omitidos, como casos clínicos compatibles que la OMS exige en sus recomendaciones para la vigilancia de datos, es la razón de la devaluación de la estimación de mortalidad en España.

-¿Habrá vacuna?

-Sí, pero no en diciembre, habrá que esperar al menos hasta el primer trimestre de 2021.


-Entonces, ¿será un invierno complicado?

-Más que eso, será un invierno muy crudo porque coincidirá con la gripe y con todas las infecciones respiratorias.


https://www.elcomercio.es/asturias/coronavirus-santiago-herrero-espana-haciendo-mal-busca-enmascarar-fracaso-sanitario-20200913001407-ntvo.html

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