CÓMO PORTUGAL LO HIZO BIEN Y ESPAÑA LO HIZO DE PENA – Coronavirus: La científica detrás del test portugués que sí funciona: “Necesitamos infectar a la gente de forma segura” / La solución está en la tan comentada inmunidad de grupo. “Como científicos sabemos que tenemos que ser infectados casi todos para poder hacer vida normal. Tenemos que crear plataformas de infección, formas seguras de infectar a la gente de manera controlada sin que lleguemos a los grupos de riesgo, los mayores, los que tienen enfermedades crónicas…”, enfatiza la investigadora. “Los grupos de riesgo tienen que protegerse y nosotros como sociedad, tenemos la obligación de protegerles”, sintetiza

La científica portuguesa, María Manuel Mota, ha creado un kit de detección del coronavirus hecho en Portugal que está haciendo 300 tests al día en el país.

María Manuel Mota, científica y directora del Instituto de Medicina Molecular (IMM) de Lisboa, se percató a mediados de marzo que los tests de coronavirus se iban a agotar pronto en Portugal. La primera muerte por el virus, registrada el 16 de marzo en el Hospital de Santa María, de Lisboa había hecho saltar las alarmas. “Era un paciente ingresado por una enfermedad crónica y el equipo sanitario no había tomado ningún tipo de precaución. Cuando dio positivo por coronavirus hubo mucha preocupación. Por aquel entonces las normas para hacerse el test eran muy apretadas y no todo el mundo que quería hacerse en test lo podía hacer”, cuenta la científica.

En esos momentos, el IMM se estaba reorganizando para teletrabajar: tres días antes, el 13 de marzo, el Gobierno de Portugal había cerrado las universidades, los establecimientos de enseñanza y los institutos públicos. “Estábamos en plena vorágine organizativa pero me puse a pensar en cómo podíamos ayudar a testear a esos profesionales y que, si en esos momentos, ya había pocos tests, lo normal es que, tarde o temprano, escasearan”, cuenta.

María Mota se puso entonces a investigar qué hacía falta para producirlos directamente en Portugal. “No hicimos nada de creativo: cogimos la receta de la OMS y la copiamos con los reactivos que tenemos en Portugal. Luego empezamos a contactar con las empresas que producen estos reactivos para que se prepararan para aumentar la producción”, recuerda.

En poco más de dos semanas los tests estaban listos. Homologados y avalados por todas las entidades competentes de Portugal, empezaron a ser utilizados el 30 de marzo. Por ahora se han hecho cerca de 300 al día y la idea es duplicar ese número. “Empezamos todo esto pensando en ayudar a ese hospital en concreto y al final se transformó en algo nacional que no tenía para nada en mi cabeza”, dice la investigadora.

Los tests creados son tests de PCR (reacción en cadena de la polimerasa, en sus siglas en inglés). Mediante esta técnica se localiza y amplifica un fragmento de material genético, que en el caso del coronavírus es el ARN y así se confirma su presencia en muestras humanas. Su fiabilidad es máxima pero no se tratan de tests rápidos.

“Tardan entre 3,5 horas a 5 horas en realizarse. Se hacen en tandas de 50 o 100 tests y hasta que entran en el pipeline y tenemos los resultados pueden pasar 5 horas”, explica. “El tiempo de demora es un inconveniente pero teniendo en cuenta que la mayoría de los tests rápidos que se están utilizando están demostrando ser muy poco fiables nosotros creemos que es mejor apostar por estos”.

A la iniciativa del IMM se han unido muchos otros centros de investigación a lo largo del país. “Nosotros fuimos pioneros porque fuimos pragmáticos, tratamos de crear algo que pudiera implementarse rápidamente. Y más gente, en el Algarve, en Oporto o en Aveiro nos han seguido los pasos”, señala Mota.

Vimos el desastre de Italia y eso nos asustó porque nos dimos cuenta de que tarde o temprano llegaría aquí también

Hoy por hoy, el problema no es el número de tests sino el número de muestras recogidas. Los tests de PCR exigen muestras recogidas con un hisopo que llegue desde la nariz o la boca a la faringe y estos utensilios eran los que empezaban a escasear. Tras una serie de contactos, empresas que antes se dedicaban a la producción de productos de ingeniería, por ejemplo, se han volcado con la producción de estos hisopos. “Es todo un movimiento social. Las fábricas que no pueden seguir con su producción normal se vuelcan con lo que hace falta producir ahora. Y hemos creado un movimiento de colaboración en la que todos aportan su granito de arena para salir de esto”, cuenta.

Portugal, en el buen camino
María Manuel Mota es una entusiasta de su trabajo. Se nota en su voz y en cada palabra que pronuncia al otro lado del teléfono. Para cada problema busca una solución inmediata y así ha sido durante esta crisis. Aún es muy temprano para sacar conclusiones pero Portugal parece haber reaccionado a tiempo para frenar la pandemia.

“Por una parte somos la última estación de metro de Europa y todo tarda un poco más en llegar aquí. Vimos el desastre de Italia y eso nos asustó porque nos dimos cuenta de que tarde o temprano llegaría aquí también y empezamos a adaptarnos y a prepararnos.

Puede que nos hayamos preparado un poco mejor que España o al menos que algunas regiones de España”, explica.

Los datos parecen corroborar las palabras de la científica. Portugal tiene, a día de hoy, 12.442 contagiados y 345 muertos. El país vecino decretó el estado de alarma el 13 de marzo, cuando llevaba 112 casos de contagio y ningún muerto (el primer fallecimiento se daría 3 días después). “Es una lucha por nuestra supervivencia y por la protección de la vida de los portugueses”, dijo entonces el primer ministro António Costa.

Se cerraron todos los establecimientos de enseñanza, las discotecas y los bares y se prohibieron las competiciones deportivas y los entrenamientos de los equipos de fútbol. Los restaurantes y los centros comerciales redujeron su capacidad a un tercio y se prohibieron las visitas a las residencias de mayores.

Creo que podemos decir que, por ahora, Portugal está dentro de los países donde la pandemia se está controlando mejor.

El 16 de marzo se limitó la circulación entre Portugal y España y el 19, cuando había registradas 3 muertes, se decretó el estado de emergencia: con el cierre de comercios no esenciales y el confinamiento de la población. Además, el 28 de ese mes, el Gobierno decidió regularizar a todos los inmigrantes que estuvieran en situación irregular hasta el 1 de julio, para “garantizar los derechos de todos los ciudadanos”. “Es un deber de una sociedad solidaria en tiempos de crisis asegurar el acceso de los ciudadanos inmigrantes a la salud y seguridad social”, explicó el ministro de Administración Interna, Eduardo Cabrita.

“La verdad es que creo que reaccionamos a tiempo y nos fuimos adaptando y creo que podemos decir que, por ahora, Portugal está dentro de los países donde la pandemia se está controlando mejor. Sin embargo, hay que seguir vigilantes sobre todo al norte del país, donde se concentra la mayoría de casos. Allí hay que testear, testear, testear y aislar a los infectados. No hay otra forma”.

La desertificación del interior del país, esa lacra que parece imposible de eliminar, puede haber sido una tabla de salvación en estos momentos. “Está claro que en los pueblos con poca gente no hay cómo propagar el virus y eso puede haber jugado a nuestro favor”.

Sin embargo, la científica subraya que hay que poner la mirada en el día de mañana y empezar a dibujar estrategias para salir del confinamiento. “En algún momento la sociedad tiene que volver a la vida y el problema no desaparece. El virus seguirá allí fuera y tenemos que encontrar una manera de convivir con él. Porque sabemos que la vacuna puede tardar entre un año o año y medio en descubrirse y no podemos vivir encerrados hasta entonces. La gente no es feliz así y hay que cuidar su salud mental también”.

La solución está en la tan comentada inmunidad de grupo. “Como científicos sabemos que tenemos que ser infectados casi todos para poder hacer vida normal. Tenemos que crear plataformas de infección, formas seguras de infectar a la gente de manera controlada sin que lleguemos a los grupos de riesgo, los mayores, los que tienen enfermedades crónicas…”, enfatiza la investigadora. “Los grupos de riesgo tienen que protegerse y nosotros como sociedad, tenemos la obligación de protegerles”, sintetiza.

Una mente brillante
María Manuel Mota (49 años) es una de las mentes más brillantes del país vecino. La bióloga ha dedicado toda su vida profesional a estudiar el parásito de la malaria. Su mayor logro en este campo lo publicó en la revista Nature en 2017, cuando descubrió que el estado nutricional del paciente alteraba la virulencia del parásito de la malaria. Es decir, la infección sería más fuerte en pacientes mejor nutridos. Su trabajo ha sido reconocido por prestigiosos premios nacionales e internacionales. El último, el Sanofi-Pasteur, en 2018, en reconocimiento a su carrera.

Una carrera que la llevó de Londres a Nueva York y luego de vuelta a Portugal, en 2002.

https://www.elespanol.com/mujer/al-dia/20200408/cientifica-detras-portugues-funciona-necesitamos-infectar-segura/480703184_0.html

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