¡BIENVENIDOS A LA U.R.S.E.! – Comentario en Libertad Digital

Está en marcha ya la futura Unión de Repúblicas Socialistas de España. En los entresijos del acuerdo de Sánchez con Esquerra Republicana (republicana, recuerden) está la intríngulis del futuro político inmediato de España. El objetivo último y primero del tándem Sánchez-Iglesias es la abolición de la monarquía.

De ahí el mensaje intencionadamente ambiguo del PSOE, hablando de un nuevo “marco legal” y de la necesidad de “adecuar las estructuras del estado” para dar cabida a las demandas de las comunidades (léase rebeldes y dígase Euskadi y Cataluña). No hay que ser muy despierto y sí menos ingenuo para ver claro lo que se esconde tras estas palabras, que no es otra cosa que

la voladura controlada del marco institucional del 78 y su sustitución por una nueva constitución, donde sí tendría cabida la figura jurídica de la futura república catalana.

Y para que ello sea posible, las actuales autonomías deberán ser reconocidas como repúblicas federativas. De ahí la insistencia en España como “nación de naciones”, o lo de la “pluralidad de naciones”.

No hay que olvidar que la antigua Unión Soviética era oficialmente la URSS, o sea, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Por todo ello, aunque todos ven a Sánchez como el gran triunfador, el enemigo a batir en la actual escena política española es el ladino Pablo Iglesias. Él es el poder en la sombra, el arquitecto, el titiritero que mueve los hilos de ese muñeco de paja que es Sánchez, a quien, como a todo buen narcisista, Iglesias sabe que para tenerlo contento solo tiene que alimentarle su hueca vanidad. Para no salir de la Rusia pre-soviética, podemos decir que Sánchez es la zarina e Iglesias el Rasputín.

muy despierto y sí menos ingenuo para ver claro lo que se esconde tras estas palabras, que no es otra cosa que

la voladura controlada del marco institucional del 78 y su sustitución por una nueva constitución, donde sí tendría cabida la figura jurídica de la futura república catalana.

Y para que ello sea posible, las actuales autonomías deberán ser reconocidas como repúblicas federativas. De ahí la insistencia en España como “nación de naciones”, o lo de la “pluralidad de naciones”.

No hay que olvidar que la antigua Unión Soviética era oficialmente la URSS, o sea, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Por todo ello, aunque todos ven a Sánchez como el gran triunfador, el enemigo a batir en la actual escena política española es el ladino Pablo Iglesias. Él es el poder en la sombra, el arquitecto, el titiritero que mueve los hilos de ese muñeco de paja que es Sánchez, a quien, como a todo buen narcisista, Iglesias sabe que para tenerlo contento solo tiene que alimentarle su hueca vanidad. Para no salir de la Rusia pre-soviética, podemos decir que Sánchez es la zarina e Iglesias el Rasputín.

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