SALUD – Dos remedios alimenticios al alcance de todos para mantenerse sanos

Incluir en tu dieta de forma frecuente dos tipos de alimentos, sopas y caldos y aceites saludables, te ayudará a llevar una vida sana y a conservar tu salud en óptimos.

Precisamente porque son sencillos y están al alcance de todos los bolsillos, muchas veces no les damos la importancia que merecen a las sopas y caldos y tipos de aceites. Pero las últimas investigaciones científicas han confirmado sin excepción que, en muchos casos, alimentarnos correctamente puede significar la diferencia entre enfermedad y salud, entre una vida desprovista de incentivos por sufrir algún quebranto físico, o una vida plena y larga llena de vitalidad y energía. En la medicina tradicional oriental siempre se ha considerado, con toda razón, al sistema digestivo como “el segundo cerebro”, lo que da idea de la importancia que tiene.

Valga como ejemplo que se está registrando un impresionante aumento de las enfermedades autoinmunes y cánceres en la población occidental, en proporciones epidémicas. Las enfermedades autoinmunes son aquellas en que, en apariencia, las defensas del cuerpo se vuelven en su contra, ocasionando su deterioro con sus ataques. Aunque la medicina tradicional aún no ha hallado una cura efectiva, muchos de los enfermos que padecen este tipo de enfermedades están logrando controlar su padecimiento y llevar una vida prácticamente normal gracias a la alimentación, “la tercera medicina”, según la definió el doctor francés Jean Seignalet, pionero en difundir una dieta que obtiene resultados casi milagrosos para esas personas que habían perdido la esperanza de volver a estar sanos. La dieta se basa en la eliminación del gluten, el maíz,  cereales (salvo el arroz, que ha mantenido su forma primitiva), lácteos de origen animal y fritos, y sustituirlos por alimentos crudos, cocidos o al vapor, y abundancia de vegetales y frutas.

Solamente con la supresión del gluten, la mejora ya es impresionante en muchos enfermos de dolencias crónicas autoinmunes. Con ello se demuestra la necesidad vital de prestar atención a lo que comemos. Muchos alimentos han sufrido una evolución derivada de transformaciones industriales y genéticas que hace que, aunque lleven el mismo nombre, no sean la leche animal, el trigo y el maíz sanos que consumían nuestros antepasados hasta épocas recientes. Gracias a la creciente concienciación de muchas personas a este respecto, nuestros supermercados -presenciales y en línea- cada vez ofrecen más variedad de sustitutivos menos dañinos, para poder alimentar nuestro cuerpo de forma adecuada y preservarlo de agresiones vía tubo digestivo, que luego podrían manifestarse en forma de las más diversas e incapacitantes dolencias. Si desterramos además la comida preparada y las latas y cualquier tipo de producto que haya sufrido transformación agresiva en el proceso industrial, nuestro cuerpo no podrá acabar de agradecernos.

Además de empezar a consumir comida sin gluten y sin lactosa, no te olvides de que la comida tradicional de nuestros abuelos puede ayudarte a seguir saludable, combatir infecciones y ataques al cuerpo, y mantenerlo en buen estado. El cuerpo es tu vehículo en este mundo e, igual que hacemos con el mantenimiento del coche o del hogar, necesita atención y cuidados y ‘gasolina’ adecuada que lo propulse, en lugar de envenenarlo vía alimentación.

En esa comida tradicional destacan dos elementos, siempre que no sean de origen industrial, sino tradicional.

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Sopas, caldos y cremas

Son parte de la cultura de la humanidad a través de los milenios. Con el agua como principal ingrediente, y pocas calorías, constituyen el elemento ideal para abrir boca. Súmale a ello que se les puede añadir ingredientes sanos como las verduras (¡nunca comerás demasiadas!), legumbres, arroz, pescados, carne, condimentos,… a gusto de cada cual, y tendrás el perfecto alimento completo para mantenerte siempre vital y en forma.

En el invierno el cuerpo reclama calor y sopas y caldos son la respuesta perfecta. En verano otras posibilidades frías como el gazpacho vienen de perlas para mantener en perfecto estado el sistema digestivo, cuyo buen estado es vital para que funcione correctamente el conjunto de nuestro organismo.

La Unión Europea recomienda el consumo diario de 5 raciones de fruta y verdura. Lo ideal es consumirlos crudos, pero igualmente formando parte de una riquísima sopa o caldo. También el aporte de legumbres es totalmente recomendable, así como incluir carne con moderación. Si te gusta la pasta, prueba a incluir pasta vegetal hecha con arroz, lo que acabará de completar un plato delicioso.

El proceso de congelación hace todavía más fácil el incorporar a nuestra dieta con frecuencia este tipo de alimentos. Puede cocinarse cantidad suficiente para toda la semana el domingo previo, por ejemplo.

Las sopas y caldos pueden consumirse para la cena, por ser de fácil digestión y ayudar a dormir bien. Pero en realidad resultan una buena opción para cualquier momento del día.

Los expertos recomiendan que se tomen como mínimo cuatro veces a la semana. Son todavía más necesarios según vamos cumpliendo años. Al menos la tercera parte de la población sufre en algún grado de problemas digestivos, empezando por los más leves de gases o pesadez de estómago, una condición que puede verse aliviada en gran medida gracias a sopas y caldos. Si además tenemos en cuenta que ayudan a mantener el organismo convenientemente hidratado, y al control de peso, hemos encontrado la comida ideal.

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Aceites vegetales

Existe mucha variedad de aceites vegetales, cada uno con sus características diferenciadoras, y beneficiosas para la salud.

Además de los que forman parte de la alimentación, están los que se aplican de forma externa, como los aceites esenciales para el baño o los que se emplean en aromaterapia.

Por señalar unos pocos, están los aceites de:

  • Ricino: constituía el curalotodo que nuestras abuelas siempre repartían a los pequeños.
  • Sésamo.
  • Pepita de calabaza.
  • Macadamia.
  • Avellana.
  • Jojoba.
  • Semilla de uva.
  • Soja.

Y un largo etcétera. Presentan propiedades antiinflamatorias y fortalecen nuestras defensas. Nos protegen de infartos, hipertensión y exceso de peso. Controlan nuestra tensión arterial y equilibran el sistema nervioso, además de proporcionarnos energía extra y equilibrio vital.

En su uso externo, sirven asimismo para hidratar la piel, reducir la celulitis y prevenir enfermedades tópicas.

Nos ayudan a luchar contra el envejecimiento.

Mitigan dolores reumáticos.

Entre los aceites esenciales de uso externo, uno de los más conocidos es el de rosa mosqueta, por su ayuda para paliar las señales de la edad. Contiene vitamina A y otros compuestos que palían los efectos de enfermedades como la dermatitis y la psoriasis. También el aceite de geranio es un eficaz colaborador en la lucha contra las arrugas. El aceite de lavanda ayuda a conciliar el sueño, entre otros beneficios. El de árbol de té se emplea en heridas abiertas e infecciones de la piel. Emplear productos naturales como el polvo de arroz  y la arcilla en la elaboración de los más vanguardistas aceites ha aportado en tiempos recientes el atractivo añadido de que los aceites esenciales se adaptan más y mejor a la evolución diaria de la piel.

Dos ingredientes básicos de nuestro devenir cotidiano tan elementales como son las sopas y los aceites se pueden convertir en puntales fundamentales para nuestro bienestar físico. No dejes de incluirlos en tu dieta.

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