Rajoy trasladará al PP que sigue y enmendará los Presupuestos / No pondrá una fecha para el Congreso y las circunstancias determinarán hasta dónde llega la etapa de transición – La Razón

La dirección del PP prepara la reunión del Comité Ejecutivo de mañana con la idea de que sirva para que Mariano Rajoy reciba el respaldo de su partido y consiga también margen para dirigir la oposición. Las tensiones internas, la preocupación de las bases y las presiones de quienes creen que ha llegado el momento de dar un cambio de rumbo están exigiendo a Génova actuar con mucha mano izquierda. Hay conversaciones con algunos de los «barones» y el terreno se está preparando para que Rajoy, en principio, anuncie que su intención por ahora es seguir al frente del partido, sin marcarse plazos, ni tampoco señalar ya en el calendario la celebración de un Congreso. Aunque por primera vez hay demanda de esto último, hacerlo sería tanto como anticipar el final del «marianismo», por lo que limitaría la autoridad de la cúpula actual para reordenar y controlar esta etapa que se abre tras la moción de censura.

En la dirección creen que en estos momentos ese camino sería «suicida» porque pondría la atención en su crisis, y no en la «situación crítica» del Gobierno de Sánchez. Aquí hay dos tesis enfrentadas, la de quienes creen que no hay que retrasar más el inicio de una nueva etapa, con otro liderazgo; y la de la actual dirección, que también está animando a Rajoy a que «no se precipite» y que sostiene que la prioridad no es entrar en batallas internas sino utilizar «todos sus recursos» en hacer oposición a Sánchez y sacar provecho del desgaste que presumen que sufrirá de inmediato. «No puede hacer nada. Es un Gobierno imposible y eso lo pagará. Esta situación puede servir para que animemos a nuestro electorado y pese más el voto útil. Hay que ir a por Sánchez y a por Rivera», explican.

Rajoy ya ha aplicado en otras ocasiones la salida de tirar hacia adelante y no hacer cambios en los momentos críticos, aunque nunca hasta ahora había estado en cuestión su propia continuidad al frente del partido. También sabe que esta vez los suyos sí que esperan que señale una hoja de ruta que indique que no van a seguir igual y que «de verdad se abre otra etapa». Pero las demandas o críticas de alcaldes o de otros dirigentes territoriales chocan con el muro de contención de la plana mayor. Sería toda una sorpresa que alguna voz de peso dentro del partido se levantara contra la estrategia que el ex presidente del Gobierno señale mañana en la reunión del Comité Ejecutivo, sea cual sea, la compartan o no. Las alternativas se plantean sin dar la cara en público. Y tan sorprendente sería que en la Ejecutiva alguien levantara la mano para reclamarle a Rajoy un paso atrás como que el líder popular no cumpla lo que hasta ahora ha venido trasladando a su entorno, que su voluntad es seguir de momento al frente.

Aunque ni siquiera en la cúpula se atrevan a marcar fechas de hasta cuándo, internamente sí que hay una sensación generalizada de transición. La pregunta es si esta etapa de transición se mantiene hasta el otoño del año que viene o aguanta hasta la cita electoral de la primavera de 2019. Dependerá de cómo evolucionen las circunstancias, propias y ajenas, el nuevo Gobierno y las encuestas. En Génova están convencidos de que la competencia electoral desestabilizará de inmediato la relación del PSOE con Podemos, y que Cataluña seguirá siendo el gran problema por más diálogo o escenificación de nueva etapa que quiera representar Sánchez. «Las demandas independentistas son imposibles de gestionar políticamente, y una vez que nos han echado, no se van a conformar con eso. Volverán a lo de siempre y la respuesta no puede ser distinta a la que han recibido hasta ahora», según un representante del Comité de Dirección del PP.

De momento, el PP lo que ha decidido es ampliar el plazo de enmiendas en el Senado para los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2018. Fuentes solventes aseguran que no hay decisión tomada sobre el sentido de esas enmiendas, aunque se esté especulando sobre la posibilidad de que afecten directamente a lo acordado con el PNV. Esa decisión, saben que tienen que medirla muy bien por la interpretación que pueda hacerse de ella como boicot a su propio proyecto. Pero lo que sí es más que previsible es que haya enmiendas del Grupo Popular en el Senado, y esto obligaría a votar las cuentas otra vez en el Congreso y que todos los partidos vuelvan a retratarse. Los socios de la moción de censura del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, votaron en contra de los Presupuestos elaborados por el Gobierno de Rajoy. Cualquier cambio en ellos tiene que ser ratificado por la Cámara Baja, y si no se apoya, se queda el original que salió inicialmente del Congreso. Es táctica política. Los PGE no corren riesgo realmente, pero este movimiento de las enmiendas sí tiene sus consecuencias a la hora de dejar en evidencia la incoherencia programática de los compañeros de censura del PSOE. El PNV quiere que se respeten los PGE tal y como están; el nuevo presidente del Gobierno se comprometió a hacerlo, aunque votó en contra de ellos, para conseguir el respaldo vasco en la moción de censura; y el resto de grupos los rechazaron en su totalidad.

El PP tiene ahora por delante una cruenta competencia con Ciudadanos por ser el referente en la política de oposición a Sánchez en el marco del centro-derecha. Y una vez fuera del Gobierno, entrarán más al quite en la política económica o la territorial.

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