Así será la Ciberreserva – Un ejército de ingenieros, abogados y filósofos para defender España de los ciberataques

  • La Ciberreserva puede ser una realidad al final de legislatura. Su objetivo: contar con 2.000 ciudadanos voluntarios.
  • Se demandarán además de hackers, profesionales de distintos campos tecnológicos y sociales.
  • Los primeros ‘reclutas’ nos cuentan sus motivos para alistarse: “Amo profundamente a mi país y quiero colaborar”, dice una abogada.
  • Parte de la comunidad hacker duda del proyecto porque considera que hay falta de incentivos, poca información y dudas sobre la coordinación del cuerpo.

Salta la alarma. Hay que dejar el bolígrafo rojo de corregir exámenes o guardar en el cajón el informe que su jefe ha bautizado como un «lo quiero para ayer». No es un descanso ni una pausa para fumar. Tiene que incorporarse a filas, su país le necesita. Afortunadamente, no tiene que coger un fusil.

Puede ser una catedrática de Lógica en una facultad, un ingeniero de una empresa de software o una abogada de un bufete de muchos apellidos compuestos. Y es muy probable que casi ninguno haya hecho el servicio militar. Pero todos forman parte de un peculiar Equipo A, un grupo de soldados cuyas habilidades se sincronizan por un objetivo común. Formarán un cuerpo de 2.000 voluntarios cualificados que serán llamados en el caso de que se produzca un ataque informático de extrema peligrosidad para apoyar a las Fuerzas Armadas y el CNI.

Esta ciberreserva, que está a punto de nacer, contará con ciudadanos que pelearán con sus propias armas, efectivas tanto en el mundo real como en el ciberespacio.

«Lo hago porque amo profundamente a mi país y quiero ayudar», dice Araceli Bailón, una de las primeras voluntarias que quiere unirse al proyecto. Su currículum describe a una persona con muchas inquietudes: licenciada en Derecho, experta en Bolsa, máster en análisis de Inteligencia Económica y actualmente gerente del instituto de Ciencias Forenses de la Universidad Autónoma de Madrid. «Un abogado es útil en la ciberguerra para no meter la pata legalmente en una operación. Hay que saber lo que se puede hacer y lo que no», detalla.

Araceli tiene un perfil ideal de ciberreservista. Sus capacidades y experiencia son óptimas para dirigir equipos y la búsqueda de perfiles adecuados en el mayor caladero de jóvenes talentos: la Universidad.

Países como Holanda, Reino Unido y Estados Unidos (en breve lo hará Alemania) ya cuentan con este tipo de fuerzas de apoyo. En Israel han desarrollado programas de captación incluso en edades adolescentes. Estudiantes brillantes en Matemáticas y Física son identificados en el instituto. Se les entrena en este campo para cuando sean reclutados para el servicio militar obligatorio. A cambio, se les ofrece una formación del máximo nivel que puede serles muy útil en su futuro profesional.

«Ojalá nunca tengan que ser llamados, pero hay que estar preparados». Son palabras de Enrique Ávila, director del Centro de Excelencia en Ciberseguridad, la persona que en España ha peleado con más ahínco por este proyecto. Alguien que no tiene dudas de que hay que buscar talento más allá de los cauces habituales para hacer frente a los peligros de la guerra digital.

En los últimos tiempos, los actores de la ciberseguridad han ido lanzando señales, aún de baja intensidad, al respecto. El 22 de noviembre, el general de División Carlos Gómez López de Medina, jefe del Mando Conjunto de Ciberdefensa (MCCD), calificó este proyecto como «una magnífica idea» durante su comparecencia en la Comisión de Seguridad Nacional del Congreso, y abogó por crear dos ramas: una civil y otra militar. Un espaldarazo a la iniciativa parlamentaria en la que llevan trabajando meses, como adelantó este diario en mayo, varios diputados del Partido Popular. Una fuente del Congreso cree que habrá consenso entre varios partidos para sacar adelante la ley que ponga en pie la Reserva Estratégica en Ciberseguridad antes de que concluya la legislatura.

El caos provocado en la primavera de 2017 por el virus extorsionador WannaCry (141.000 ordenadores de todo el mundo lo sufrieron) ha sido un detonante de este debate.

Los ataques informáticos demuestran cada día que la geoestrategia ha dejado completamente atrás el siglo XX. Los conflictos ya no se deciden, en primera instancia, por tierra, mar, aire, ni siquiera en el espacio. Bautizado como el quinto dominio por el semanario The Economist, el ciberespacio preocupa cada vez más a los gobiernos. Y la creación de ciberreservas es prueba de ello.

PROTAGONISMO FEMENINO

Este contexto hizo reflexionar a Sandra Vázquez, de 31 años. Esta joven, que hace unos meses juró bandera como civil, quiere unirse a la ciberreserva cuando esté operativa. «Soy psicóloga, orientada al trabajo en redes de comunicación, y considero que mi papel puede ser importante en la detección de contrarrelato, contrainfluencia y contrarreputación». En su opinión, las mujeres pueden comenzar a ocupar un hueco importante en un campo tradicionalmente copado por hombres gracias a las posibilidades de un proyecto tan multidisciplinar.

Las fuerzas auxiliares procedentes de la sociedad civil pueden suponer un salto de calidad en las trincheras del ciberespacio. «Los hackers son muy importantes, pero si no se cuenta con otros perfiles, sería un suicidio», apunta la letrada Bailón.

Sin uniformes y con un entrenamiento adecuado, se convertirían en la primera línea defensiva del Estado con una experiencia profesional que complementaría a las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad. Su compromiso será de un mínimo de dos años. Periodistas para luchar contra las fake news que inundan las redes sociales, especialmente durante los procesos electorales. Químicos para rastrear un arma biológica que se vende en la darknet (fosas abisales de la Red donde se comercializa al mejor postor, desde armamento informático a programadores mercenarios). Juristas expertos en Derecho Internacional para evitar conflictos diplomáticos… Hasta filósofos, cuyos conocimientos en Retórica ayudarían en el análisis de mensajes (por ejemplo, el ‘sí’ y el ‘no’ en la lengua árabe tienen matices muy amplios, más allá de la semántica).

Durante esta década, el mundo virtual ha empequeñecido los ejércitos. No hay fronteras y el enemigo no lleva banderas que lo identifiquen. Estados y criminales con medios económicos pueden poner en jaque a cualquier superpotencia. Incluso los sufren Estados Unidos, a pesar de su superioridad tecnológica y bélica en el mundo real.

El problema es que hay muchas puertas que proteger. Diez mil millones de dispositivos están conectados a internet en todo el mundo, un número que en unas décadas podría multiplicarse por cinco. Sólo en España, en 2016, el 32% de las empresas reconocieron ser víctimas de algún ciberataque. El 3% de las agresiones contra intereses españoles fueron catalogadas por los expertos como críticas: es decir, que en caso de éxito podrían haber dañado infraestructuras clave para el país.

DEBATE ENTRE HACKERS

El Gobierno es quien daría luz verde a la llamada de los reservistas en caso de necesidad y sus misiones, bajo las órdenes del mando conjunto de Ciberdefensa, serían de prevención y defensa, nunca de ataque. Los borradores estiman que la primera dotación presupuestaria sería de cuatro millones de euros.

En la guerra digital, el apoyo de los mejores hackers es incuestionable y la ciberreserva es objeto de debate en sus distintas comunidades. Una discusión muy intensa en redes, donde muchos muestran numerosos recelos.

Francisco Moraga es pentester (hacker ético) y analista de inteligencia. Considera que la ciberreserva es una buena idea pero ve «muchos palos de ciego y poca información» en su desarrollo. No están claros, a su juicio, aspectos relevantes como la gestión de responsabilidades en caso de que «alguien metiera la pata», la capacitación de sus coordinadores y las consecuencias si un ciberreservista se negara a acatar una orden con la que no está de acuerdo.

«Hay que dar respuesta a estas preguntas. De lo contrario se produce la llamada desinformación, la cual produce caos, confusión y desconfianza sobre un proyecto tan necesario para nuestro país». Y añade: «Esperemos no estar una vez más a la cola del resto del mundo».

Más optimista es Óscar Maqueda, otro as de la ciberseguridad como Moraga. Este hacker ético (denominación para aquellos que realizan pruebas en redes y advierten de sus vulnerabilidades sin hacer daño) quiere ser ciberreservista. Autodidacta como tantos otros compañeros, ha desarrollado su carrera en consultoras y empresas tecnológicas. Su colaboración en algunos casos le ha valido una condecoración de la Guardia Civil. Según su criterio, «el Estado tendría que apoyar con incentivos a las empresas que tengan ciberreservistas. En países como Holanda, la empresa donde uno trabaja se hace cargo de los días en los que se colabora en la ciberreserva; en Alemania será el propio Estado».

Lo cierto es que no está clara la contraprestación económica que tendrían estos voluntarios (los reservistas del Ejército sí son pagados). Según varias fuentes se barajan distintas alternativas: determinar una cuantía, ofrecer desgravaciones fiscales a las empresas que empleen a ciberreservistas así como conceder a estos recompensas en forma de acreditaciones académicas y condecoraciones.

El interés ciudadano (y el dinero destinado por la clase política) será lo que dilucide el éxito o el fracaso de esta trinchera civil que está a punto de cavarse en el ciberespacio.

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