Pedro Sánchez hace un llamamiento en Facebook por la unidad del Partido Socialista, para que cesen los desgarres y purgas

POR LA UNIDAD.

En la política parlamentaria española es habitual encontrarse con el dilema acerca de la disciplina de voto. En mi opinión, la proporcionalidad y la unión del colectivo deben guiar la respuesta de las direcciones de los partidos.

Pese a que nuestro sistema parlamentario está sustentado constitucionalmente en la ausencia del mandato imperativo, en la práctica ha funcionado la disciplina de voto. Lo ha hecho en aras a facilitar la ejecución de un proyecto colectivo, aunque en no pocas ocasiones ha producido conflictos en el seno de los partidos.

Las razones que pueden llevar a un eventual incumplimiento de la disciplina de voto de parlamentarios y parlamentarias son conocidas: motivos de conciencia, compromisos electorales previamente asumidos o dinámicas territoriales. En este último caso, al no haberse sustanciado el Senado como una cámara territorial efectiva, acaba siendo el Congreso el lugar donde se ponen de manifiesto tensiones difíciles de sortear para los diputados de las circunscripciones afectadas.

Como dirigente me he encontrado con algún ejemplo de indisciplina. Recuerdo la votación de una iniciativa en el Congreso para revisar el Plan Hidrológico del Ebro en la que los/as diputados aragoneses rompieron la disciplina de voto. También, muy al principio de mi andadura como secretario general, tuve que lidiar con el voto favorable de algún eurodiputado socialista español al entonces candidato a presidente de la Comisión Europea, el conservador Jünker, pese a que la dirección del PSOE había decidido que nuestros/as eurodiputados debían votar en contra.

Recientemente se ha reproducido este conflicto en el PSOE con ocasión de la investidura de Mariano Rajoy. Y otra vez nos preguntamos, ¿cómo actuar ante estos casos de indisciplina parlamentaria? El propio reglamento del Grupo lo prevé y establece una multa económica a los diputados y diputadas que voten en contra de lo que decida la dirección del partido. Es la regla que apliqué cuando me tocó gestionar esa situación, y la consideré más que suficiente, al entender que las razones aducidas para romper la disciplina no eran caprichosas.

Durante los días previos a la investidura del señor Rajoy los/as diputados del NO expresaron razones poderosas para separarse de la disciplina de partido. Tanto, que el debate sobre la abstención e incluso sobre la abstención técnica, dividió al PSOE a los ojos de todos los ciudadanos.

Para mí fue un conflicto insuperable. De hecho, preferí renunciar al acta de diputado, antes que tener que resolver en sede parlamentaria mi profunda discrepancia con la gestora del partido. Después de haber sido secretario general del PSOE, de haber tenido que aplicar y hacer cumplir la disciplina, es obvio que tengo una mayor responsabilidad que el resto de miembros del grupo socialista.

Pero el conflicto no fue solo para mí. Hubo quienes lo resolvieron de otra manera. A todos y todas, mi respeto y apoyo, también a los que se abstuvieron convencidos de hacerlo. Ha sido un tiempo extraordinariamente difícil y las circunstancias de cada cual son diferentes.

En una materia como esta, también se debe atender a un principio básico en cualquier régimen sancionador: la proporcionalidad. No se pueden castigar igual comportamientos que generan resultados desiguales. En los casos que viví como secretario general, el resultado final fue el mismo que se hubiera dado de haberse mantenido la disciplina. Lo mismo sucede en el caso de la investidura de Mariano Rajoy. El PP acabó igualmente alcanzando la presidencia y formando Gobierno.

Por eso pido a quienes hoy dirigen el PSOE que actúen en aras de la unión. Ya ha habido sanciones pecuniarias, que son las establecidas en nuestro reglamento. Sumarle ahora a ello los ceses de portavocías y presidencias de los diputados del NO, no hace más que ahondar en la fractura que sufre el PSOE.

Ya hemos sufrido mucho. Es el momento de cambiar de registro. Unamos al partido y a nuestro grupo parlamentario. Hagamos oposición al PP, no oposición a nosotros mismos. Centrémonos en que políticos como Jorge Fernández Díaz no ocupen la presidencia de comisiones parlamentarias, no en que no lo hagan diputados socialistas.

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