El Ministerio de Defensa baraja usar la localidad orensana de Trasmiras para instalar una fábrica y campo de pruebas de aviones-espía no tripulados

COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN ECOLOGISTA ADEGA
4 de marzo de 2011. El anuncio del Ministerio de Defensa de considerar la localidad orensana de Trasmiras para instalar una fábrica-campo de pruebas de aviones espía no tripulados genera, luego de la inicial sorpresa, no pocas incertidumbres. Es una de las dos posibles ubicaciones para esta infraestructura (la otra es Arenosillo, en Huelva) y Defensa aún no ha decidido nada. Pero… ¿por qué en la zona de Limia? A ADEGA le llama la atención sobre estos proyectos-milagro que esgrimiendo la promesa de puestos de trabajo y progreso, esconden instalaciones contaminantes o fábricas de muerte, como es el caso. En el mejor estilo del desarrollismo franquista y 50 años después de la desecación de la laguna de Antela, el estado pretende ahora cambiar en A Limia, con la aquiescencia de la Xunta, los arados por espadas y las aves protegidas por pájaros de metal.

El asunto surgió en 2009 cuando la empresa EADS-CASA, con participación de destacadas empresas armamentísticas (Northrop, Grumman e Boeing) y de la NASA, anunció mediante una formidable campaña publicitaria una auténtica lluvia de puestos de trabajo en A Limia (7.000 empleos directos y 25.000 indirectos, casi igual a una factoría de Citröen), vinculados al proyecto. Fue el clásico globo sonda con que determinadas corporaciones pretendían revestir de un barniz cuasi-filantrópico sus proyectos, para así lograr posiciones ventajosas en las posteriores negociaciones con los gobiernos, e hincharse a subvenciones.

Por otro lado, los pocos datos iniciales aportados por la empresa hablaban de la creación de enormes infraestructuras (en ese ‘mundillo’ le llaman al proyecto «el monstruo»): un centro de aviones no tripulados de EADS, una base europea de empresas americanas -Northrop, Grumman e Boeing-, una base secundaria de la NASA, y el centro de desarrollo europeo del programa BAMS (vigilancia marítimo-terrestre de USA). Estos usos van en contradicción con el desarrollo sostenible y la conservación de los valores naturales de la charca de Limia, un espacio maltratado históricamente por la megalomanía de la dictadura franquista y actualmente amenazado por la  construción de SOGAMA II. Cabe preguntarse cuáles van a ser los límites que se le impondrán a este macro complejo industrial, que supuestamente traerá riqueza y prosperidad inmediata, pero que destrozará definitivamente los valores naturales de A Limia, poniendo en riesgo los aprovechamientos tradicionales y la conservación de la biodiversidad.  

¿Qué hay detrás de este inusitado desarrollismo que «aterra» en A Limia, bajo la promesa de “un nuevo concejo, hecho desde cero”, como ha dicho el alcalde de Trasmiras? En una  comarca salpicada de núcleos de población que vive fundamentalmente de la tierra, cabe preguntarse por el sentido de un proyecto que generará contaminación ambiental y acústica a las puertas de uno de los santuarios de aves (ZEPA de A Limia) más importante de Galicia, con especies únicas en peligro de extinción.

Haciendo memoria recordamos también otros proyectos-loterías-milagros que al final quedaron en burdas maniobras político-especulativas, a la búsqueda de subvenciones, y que consumieron tiempo y recursos públicos: los parques solares del ‘chino Nan’ (2008) se abandonaron porque no consiguieron las prebendas públicas esperadas. Y la búsqueda de petróleo frente a las rías gallegas, que alcanzó las dimensiones de una fiebre del oro negro, consumió abundantes recursos públicos en las prospecciones para que alguna empresa pusiera a trabajar un barco inactivo.

Más allás de la propaganda, de los eufemismos y de las cortinas de humo, ¿qué hay detrás del ‘complejo aeronáutico’ de Trasmiras? Pues una factoría militar-industrial para la fabricación y ensayo de aviones espía no tripulados de baja velocidad. Justo los usados en masacres como las de Gaza por los israelís o en la «guerra contra el terrorismo» de EEUU y la OTAN en Irak y Afganistán. Este proyecto pondría a Galicia en el mapa de los conflictos violentos de todo el mundo, haciendo necesario «blindar» el complejo militar con medidas de seguridad propias de países en guerra y no de la sociedad pacífica que somos ahora.

Este y otros muchos proyectos megalómanos deben ser tomados con mucha cautela e ilustran el debate sobre el modelo de desarrollo que queremos para nuestro país. Contra la crisis… ¿tecnología militar ‘made in Galicia’? NO. Desde el ecopacifismo, ADEGA quiere hacer un llamamiento a mantener los pies en la tierra y a trabajar en favor del desarrollo sostenible y de una sociedad en paz.

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