Cascos provoca un terremoto político en Asturias mientras el electorado guarda silencio

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FRANCISCO ÁLVAREZ CASCOS

Con él llegó el escándalo

El ex ministro Francisco Álvarez Cascos, ex militante del PP, ex secretario general, y tantos otros ex que acumula a marchas forzadas por estos días -incluidos antiguos amigos y correligionarios que ahora le dan la espalda, atemorizados de perder su puestín en el partido- ya ha hecho su aportación a Asturias con su renuncia al partido.

Gracias a él, se presente o no se presente a las elecciones regionales, las gane o las pierda, cree partido nuevo o no, los asturianos están pudiendo ver de primera mano en estos días la auténtica ‘casta’ de sus políticos. Cómo corren como conejos a cobijarse en la seguridad económica del partido, cómo no hay auténticas lealtades salvo con los propios intereses, cómo los partidos se han convertido en un conglomerado de ‘caras’ que sólo buscan ordeñar al ciudadano. Ya casi nadie cree en los políticos, son una clase completamente desvalorizada, pero ellos siguen allí, al pie del cañón, con un monopolio de poder y riqueza seguro, porque nadie les mueve la silla.

El único resquicio de esperanza que queda en Asturias ante este sistema democrático en descomposición, donde el ‘dedazo’ se impone por doquier, son las cada vez más cercanas elecciones autonómicas del 22 de mayo. Porque una sola vez cada cuatro años el ciudadano de a pie tiene el derecho de hablar por sí mismo con su papeleta, y de votar en conciencia. Votar nulo o abstenerse no sirve para mucho estos días; los políticos casi lo prefieren, ellos se reparten la misma tarta de todas formas.

El 22 de mayo tendrá lugar por fin en Asturias un auténtico referendum democrático y se sabrá lo que el PP no quiso revelar convocando primarias. De momento Cascos ya ha empezado a remover las aguas, unas aguas que llevaban estancadas tanto tiempo en la región que las voces disonantes se habían acabado callando, cansadas de predicar en el desierto. Y han empezado a salir alimañas de debajo de las piedras semienterradas en el lodazal en que se había convertido Asturias con las reiteradas elecciones ‘democráticas’: siempre las mismas caras cada vez más viejas y satisfechas de la condumia. Bienvenido sea el terremoto político, aunque luego quede en nada. El conformismo anterior, o resignación, era mucho peor. Así que bienvenido, señor Cascos, con usted llega por fin la polémica.

Firmado: In Conformista

 

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