Dos equipos asturianos participan en la expedición oceanográfica Malaspina 2010

Dos equipos asturianos se embarcarán en la expedición oceanográfica Malaspina 2010

Científicos de la Universidad de Oviedo y del Instituto de Oceanografía de Gijón van a embarcar en el buque ‘Hespérides’ de la Armada.

Será dentro de la Expedición Malaspina 2010, una circunnavegación coordinada por el CSIC en la que participan casi 400 investigadores de toda España. 

A finales de noviembre, el buque Hespérides de la Armada zarpará de Cádiz cargado de científicos para dar su primera vuelta al mundo.

Más de 400 investigadores, procedentes de una veintena de instituciones españolas y otras tantas extranjeras, estudiarán el impacto del cambio climático en los océanos y la biodiversidad  de las aguas profundas. La NASA, la Agencia Espacial Europea y la Universidad de California, entre muchos otros socios, figuran en esta ocasión en papeles secundarios tras del español CSIC.

A lo largo de nueve meses y casi 78.000 kilómetros de travesía, dos buques oceanográficos españoles, el Hespérides y el Sarmiento de Gamboa, coordinados en la llamada expedición Malaspina 2010, recogerán 70.000 muestras de aire, agua y plancton desde la superficie del mar hasta los 5.000 metros de profundidad. Su objetivo principal es medir el calentamiento del océano, observar los efectos sobre los ecosistemas marinos de unos 200.000 contaminantes vertidos al mar por el ser humano y estudiar el impacto del CO2 expulsado por las industrias en los organismos acuáticos.

 José Luis Acuña y Ricardo Anadón, profesores de Ecología en la Universidad de Oviedo, dirigen uno de esos equipos que participan en la expedición. Y desde el Instituto Oceanográfico de Gijón, se prepara para embarcarse otro equipo científico asturiano, dirigido por Ángel López Urrutia, Mikel Latasa y Xosé Ánxelu Gutiérrez.

Malaspina “contribuirá a ir llenando ese hueco que hay en el conocimiento sobre la biodiversidad, la química, la dispersión de contaminantes… Muchas cosas que tienen que ver con nuestra vida normal, pero que ocurren en el océano profundo”, ha explicado en la RTPA Ricardo Anadón. El catedrático estudiará el microzooplancton (los organismos más pequeños y abundantes que habitan el mar).

El profesor Acuña por su parte se ocupará del microplancton y el plancton gelatinoso: “Sobre todo, medusas”, que plantean cada vez más preguntas. “Por ejemplo, si está aumentando su número en el océano debido a actividades humanas como la pesca, al cambio global…”, cuenta el propio Acuña.

La expedición Malaspina busca también consolidar la cooperación en la comunidad científica española. Además, rinde homenaje a Alessandro Malaspina, que a finales del siglo XVIII emprendió la primera circunnavegación científica española, aunque no logró terminarla.

Porque para lograrlo, toda la ciencia oceanográfica española tendrá que cooperar, en vez de entorpercerse el paso unos a otros, como parece haber sido tradición en la historia científica de nuestro país.

El Hespérides, con más de medio centenar de militares a bordo, llevará a cabo la mayor parte del recorrido circunnavegando el globo. El Sarmiento de Gamboa, operado por el CSIC, viajará desde Las Palmas de Gran Canaria a Miami (EEUU).

El negocio de los genes marinos y la cápsula del tiempo

Ya es más que un avance del conocimiento: es un negocio. Según las cifras expuestas por Duarte, hay unos 5.000 genes marinos patentados en el mundo. Y, en 2007, generaron 2.000 millones de euros para sus dueños por derechos de propiedad industrial.

La expedición Malaspina 2010, financiada principalmente por el Ministerio de Ciencia e Innovación y con el apoyo de la Armada y la Fundación BBVA, costará seis millones de euros. Y esperan encontrar millones de genes, y si se pueden aprovechar para patentes, mucho mejor.

Incluso si no se pueden obtener beneficios económicos más o menos directos, a largo plazo empresas como PharmaMar, que explotan los recursos marinos para desarrollar nuevos fármacos, podrían beneficiarse de los descubrimientos de los científicos españoles.

Los resultados que obtendrán son tan suculentos que el Departamento de Energía del Gobierno de EEUU está a punto de anunciar su colaboración. En esta parte del proyecto, el Departamento de Energía de EEUU no pondría un dólar, pero secuenciaría todos los genes gratis. Y los derechos de explotación del conocimiento generado seguirían en manos de los científicos españoles.

La misión española, en el proyecto conocido como Deep Malaspinomics, tomará muestras de aguas profundas y secuenciará todos los genes que encuentre en ellas, sin importar a qué especies pertenezcan. Esperan obtener 60 de estos llamados metagenomas. Y hasta ahora sólo se ha publicado un par de estas colecciones de genes procedentes de aguas profundasc. España tendrá, al finalizar la expedición, uno de los mayores bancos de manuales de instrucciones de la naturaleza.

 Todos los datos recogidos, las muestras de organismos marinos, su ADN, los contaminantes y un larguísimo etcétera serán depositados, después de su análisis, en “una cápsula del tiempo“, en palabras de Duarte. El almacén no se abrirá hasta el año 2040, cuando los investigadores de entonces podrán disponer de ellos para estudiarlos con nuevas tecnologías.

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