Benedicto, míranos desde el cielo

«Pronto… muy pronto, tendremos sacerdotes reducidos al papel de trabajadores sociales y el mensaje de la fe reducido a una visión política. Todo parecerá perdido, pero en el momento oportuno, precisamente en la fase más dramática de la crisis, la Iglesia renacerá».

Benedicto XVI

«Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella.»

Jesucristo

«Subordinado de joven a Karl Rahner -y, por ello, a la Impostura y a la Corrupción que se permitió cundieran en la Iglesia-, más tarde cambió pero no lo suficiente. Al final se inventó la «hermenéutica de la continuidad» para intentar conciliar el carácter radicalmente subversivo del Concilio -que, por lo tanto, reconocía implícitamente- con la Tradición. Por esta patética e inocua acrobacia intelectual, ya siendo Pontífice, la mafia modernista y frenético-invertida vaticana le hizo pasar las penas del infierno: todo el vicioso personal en talar le desobedecía abiertamente y con desprecio. Cuando dijo «mi autoridad finaliza en este umbral» decía la simple y dolorosa verdad.

Finalmente fue desalojado del Trono por la presidencia de USA con el simple procedimiento de las sanciones, con la exclusión del Estado Vaticano del Swift como si se tratara de un cualquier estado-canalla. Ya no pudo «vender ni comprar» y sus propios asesores lo instaron groseramente a irse; tan pronto como despegó el helicóptero papal, la Casa Blanca reincorporó al Vaticano al sistema de pagos occidental. (https://www.maurizioblondet.it/ratzinger-non-pote-ne-vendere-ne-comprare/).

Se necesitaba una «primavera de colores» en la Iglesia, había vaticinado John Podesta, el pervertido asesor de Clinton, de lo contrario la pandemia y la impostura genocida del Gran Reinicio no se podrían haber impuesto sin provocar una condena de la más alta Voz de la cristiandad, la más alta Autoridad Espiritual. La mafia de San Galo eligió entonces, en un cónclave inválido, a un personaje cuya afiliación masónica y  amistad personal con Georges Soros y los Rothschild eran conocidas por los poderosos desde hacía décadas, y la seguridad de que no expondría la impostura de la pandemia y la Agenda 2030, y al que de hecho respaldaba la jerarquía mafiosa, incluso cuando llegó a la exhortación a vacunarse como acto de amor.

Benedicto no estuvo libre de la culpa modernista. Como dice Sacchetti, «estuvo perfectamente en línea con el magisterio de la falsa iglesia masónica instaurada con el Concilio Vaticano II». Pese a lo cual, con todos los sufrimientos que le han hecho padecer en el Vaticano -un martirio desconocido acerca del cual tendrá la historia que indagar-, creo que expió hasta la saciedad.

Por lo cual ruego que nos proteja desde el Cielo, ya que nosotros permanecemos aquí en el máximo peligro material y espiritual como creyentes, en manos de un amigo de Soros y de Pfizer vestido con sótana blanca,  que retiene el ministerium pero no el munus (*), y del que por lo tanto puede emanar cualquier arbitrariedad, cualquier herejía sin limítes que, estando aún Ratzinger vivo con el munus, impedía sobrenaturalmente».

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(*) INCISO: En la constitución conciliar Lumen gentium  se distingue entre el munus episcopal y su ejercicio. La distinción que se encuentra en Lumen gentium distingue entre munus y ministerium, siendo este último el ejercicio de la potestad en materia de ministerio episcopal, lo que se dice el «manos a la obra» del solio pontificio. Esta distinción en el ministerio episcopal se funda sobre la duplicidad de la transmisión del poder en el Papado:

sacramental, en cuanto al orden sagrado y a la consagración episcopal que se incardina (munus, que retuvo hasta su muerte Benedicto XVI, lo que significa que siguió siendo el verdadero sucesor de Pedro);

jurídica, en cuanto a la concesión de la misión canónica y la consiguiente libertad en su ejercicio (potestas, digamos la capacidad de actuación como Papa de cara a las apariencias exteriores, la cual transmitió obligado Benedicto XVI al argentino globalista Bergoglio).

Lo anterior supone que, al morir el auténtico Papa sin posibilidad de ser elegido en cónclave legítimo un sucesor, la Iglesia católica encara una situación desconocida hasta ahora en sus 2.000 años de existencia. El trono de Pedro queda vacío de forma indefinida. Y el futuro se presenta más sombrío que nunca en estos que muchos llaman los Últimos Tiempos.

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FUENTE:

Benedetto ci guardi dal Cielo

La valoración de Luigi Cupertino es más sabia que la mía.

ARTÍCULO DE LUIGI CUPERTINO

¡Gracias por lo que intentaste hacer!

Benedicto XVI ha vuelto a la Casa del Padre. Oremos por él, que trató de enderezar el timón de la Barca de Pedro ahora en desorden y que no fue comprendido, obviamente, ni por los progresistas eclesiales, que ahora dominan la Iglesia, ni por los tradicionalistas, enyesados ​​por una tendencia a la museificación y quienes siempre lo han considerado un «conservador» o más bien un «modernista moderado».

Joseph Ratzinger permanecerá entre los más grandes nombres de la teología de todos los tiempos.

Como teólogo ha intentado evitar tanto la Caribdis de la cosificación, de la objetivación, del Misterio (…) como el Scilla de las derivas del modernismo y el neomodernismo.

Fue un acérrimo opositor de Karl Rahner, el teólogo heideggeriano que representó el punto avanzado, hasta el nihilismo teológico, del progresismo pre y posconciliar.

Para allanar el camino del Regreso a una Tradición Viva, Ratzinger se dispuso a seguir las grandes patrísticas, tanto occidentales como orientales, y en particular de San Agustín y San Buenaventura. Un camino místico, y no racionalista, para la teología que, sin embargo, no es antirracional.

De hecho, el propio Ratzinger siempre insistió, contra Lutero, en la armonía entre la Fe y la Razón (título de una bella encíclica de Juan Pablo II que él mismo elaboró). Por otro lado, navegó aguas difíciles también al evitar las rocas del marcionismo, con su rechazo a las raíces veterotestamentarias del cristianismo, sin caer en las del judaísmo posbíblico.

En este sentido, el debate con el conocido rabino Jacob Neusner es emblemático. Un choque de posturas, de Ratzinger cortés pero firme, que entre los muchos puntos abordó, en particular, la actitud del Señor Jesucristo, durante su vida terrena, respecto al «sábado». Neusner reprocha a Jesús haberse comportado, de manera «blasfema» para el judaísmo, como si fuera el «maestro del sábado», derogando el respeto debido en el culto. Como judío, Neusner no acepta este comportamiento porque, desde su punto de vista, es un signo de la inadmisible pretensión de Cristo de ser Dios, dado que sólo Dios es el «maestro del sábado», Jesús, a pesar de toda la admiración que un rabino hoy puede tener para él, al violar la forma de culto del sábado, fue más allá de lo permitido a cualquier buen judío.

Joseph Ratzinger respondió a las observaciones de Neusner invitándolo a quitar el velo que cubría sus ojos de judío piadoso y a darse cuenta de que Jesucristo reveló el verdadero significado espiritual del sábado, en contraposición al meramente legalista, y que fue capaz de hacerlo precisamente porque es Dios y, por tanto, «maestro del sábado».

A Ratzinger lo odiaban los modernistas (cuando Vittorio Messori publicó el libro de entrevistas con él, «Informe sobre la fe», a principios de los años 80, en el que Ratzinger derribaba el progresismo eclesial, el conocido periodista recibió insultos e incluso amenazas) pero ni siquiera los tradicionalistas lo entendían, incluso cuando el Papa levantó la excomunión de los cuatro obispos ordenados, ilegítima pero válidamente, por Mons. Marcel Lefebvre.

Un gesto para curar una herida pero también una petición de ayuda a quienes mejor que otros deberían haber comprendido el sentido de su petición, nada más ser elegido Pontífice, de apoyo en la oración para que pudiera hacer frente a los lobos escondidos en la iglesia.

Los tradicionalistas (…) no acogieron con beneplácito ese gesto apretando su mano abierta en un sentido de amistad paternal. Han perdido así una formidable oportunidad, para ellos y para toda la Iglesia, de contribuir al proyecto de Ratzinger de enderezar el rumbo de la barca petrina. Un proyecto, después de él, lamentablemente abandonado.

Fte: de la página de Facebook de Luigi Copertino

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