La izquierda es muy triste

CARMEN ÁLVAREZ VELA.

Nos han engañado. Durante años nos han dicho que la izquierda era más divertida que la derecha, que tenía el monopolio de la libertad y que ser progre era sinónimo de ser muy abierto. Todo mentira, al buen progre lo que le gusta es sufrir. Lo que es peor, promueve y exige que toda la sociedad sufra. Ser progre es vigilar al vecino, es odiar el disfrute propio y ajeno. La izquierda es muy triste, amigos.

La primera lectura que hizo Carmen Calvo del resultado electoral del 4M me conmocionó: “Para un socialista es dificilísimo hablar de cañas, de ex y berberechos”.

Las mujeres de la izquierda están siempre enfadadas; con un semblante endurecido; encerradas en su propio mundo ajeno al de los hombres

Entonces, ¿para qué viven? ¿Qué motivo tienen para levantarse por la mañana? Si su único objetivo en la vida fuera trabajar y hacerlo bien, me parecería magnífico -aunque no lo veo incompatible con un aperitivo-, beneficiarían a la sociedad, aunque fueran unos cenizos, pero ellos trabajan poco y muy mal. Me extraña el comentario viniendo de la egabrense, porque el socialismo andaluz se ha caracterizado por -si me apuran- su excesiva afición al divertimento (eliminad de vuestra mente ahora mismo la imagen de lupanares y psicotrópicos), pero arrepentidos los quiere el Señor.

Pasada la sorpresa del primer análisis, pensemos cuánta amargura encierran estas palabras. Si ser progre es llorar, ser mujer y progre es desbarrar. He comprobado que las mujeres de la izquierda están siempre enfadadas; tristes; con un semblante endurecido; encerradas en su propio mundo ajeno al de los hombres. Así, como que disfrutan poco de la différence y si lo hacen, lo hacen muy a su pesar. Han vuelto al siglo XVIII. Ahí está Irene Montero encerrada en una especie de matrimonio por conveniencia del partido. Si lo miras bien, lo mismo ata un matrimonio por política que por la hipoteca que por los niños que por el qué dirán. Nada nuevo bajo el sol. Cosas veredes.

Que alguien avise a Mónica García de que si nos ponemos así, Isabel Tocino gana por goleada en todo: seis hijos y un carrerón

Su feminismo es poco liberador, yo creo que lo hacen mal porque no son felices. Durante la campaña, me sorprendió ver varios actos electorales podemitas sólo para mujeres para hablar de sus cosas, parecen amish. No avanzan estas chicas. Cualquier día nos aparecen con delantal, gorro y moño llegando en coche de caballos al Congreso -para no contaminar- y los escaños distribuidos por un lado los hombres, por otro las mujeres. Aquí ya me pilláis con elles, dónde se colocan. Es complejo ser podemita. La derecha es más fácil, todos revueltos. Así, a lo loco.

También se ha puesto de moda en los últimos tiempos en la izquierda despreciar a las mujeres que no son madres -todo muy antiguo-. La médicaymadrede3hijos puso este dato incluso en el sobre electoral. Cuarenta años llevan presentándose mujeres profesionales y madres de todos los partidos a las elecciones y no se ha hecho jamás bandera de esto. Que alguien avise a Mónica García de que si nos ponemos así, Isabel Tocino gana por goleada en todo: seis hijos y un carrerón. Es todo de un evismo -no adanismo- alucinante. La izquierda es muy poco moderna.

La izquierda te odia, te insulta y a continuación, te pide el voto. ¿Por qué votarlos, entonces?

Además de triste, la progresía es aterradora. La izquierda es el Marqués de Sade de la política: sola goza haciendo creer a nuestros hijos que no hay futuro para ellos; es el hombre del saco; es Greta Thunberg cabreada metida en su cerebro. Infundir miedo es su único disfrute. Al socialista actual no le des unas cañas con amigos y risas; dale una buena emergencia por cambio climático; dale hamburguesa de rúcula y tofu y tres institutos llenos de adolescentes al borde del suicidio para que vuelva a casa por la noche con la satisfacción del trabajo bien hecho.

Por último, no olvides que la izquierda te desprecia. Eres un tabernario; un vicioso que votas con las vísceras y que se autodestruye. Sí, te odia, te insulta y a continuación, te pide el voto. ¿Por qué votarlos, entonces? Porque sólo ellos te pueden salvar de ti mismo.

Espero que si a lo largo del día de hoy sientes un ramalazo de felicidad cuando te halles al sol con una caña en una mano, un berberecho en la otra mientras le haces un traje a tu ex, una punzada de culpabilidad te atraviese el estómago y la indigestión se cebe contigo. Iba a añadir un “so golfo/a/e”, pero es muy largo y yo soy facha y vaga.

La izquierda es muy triste

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