El renacimiento de Pablo Iglesias / Hay un pero. Estamos pasando de la indignación al resentimiento. La crítica a la política, a los políticos y a la ineficacia de la democracia se hace desde un territorio ambivalente. El resentimiento interioriza la frustración y convierte la impotencia en odio. En desprecio a lo existente. La frustración ante los discursos del cambio marcará duraderamente nuestra sociedad. En España existe una crisis larvada. Con un 40% de paro juvenil, el país se mueve sobre un polvorín que podría conducirnos a un ciclo de protestas sociales explosivas cuyo nihilismo y frustración con la política deje perplejo al liderazgo de la izquierda española

El autor interpreta la decisión del líder de Podemos de presentarse a la presidencia de la Comunidad de Madrid como un intento de revitalizar un partido en declive.


Cuando el histórico integrante de Deep Purple Ian Gillan anunció que iba a ser el nuevo vocalista de Black Sabbath, nadie daba crédito. Tras su concierto en la gira española, la prensa musical no dudó en preguntarle cómo un mito del heavy metal pasaba a ser el vocalista de un grupo considerado menor por él (y sus seguidores). Ian contestó: “Todo estaba agotado, necesitaba nacer de nuevo”. Aquel álbum recibió el nombre de Born Again (1983) y fue el último Top 5 de la banda británica, una de las más influyentes en el rock urbano madrileño.

Marco cultural genuino de una capital empeñada en explicar toda manifestación política en torno al mantecoso gusto por las series de televisión extranjeras. La decisión de Pablo Iglesias de abandonar el Gobierno y presentarse como candidato a las elecciones autonómicas de Madrid es su particular born again.

Convencido de que en Madrid se juega el futuro de Unidas Podemos, y posiblemente el futuro político de todo el país, Iglesias ha decidido dar por terminada su etapa gubernamental y nacer de nuevo. Reinventarse.

¿Qué ha podido pesar para tomar una decisión tan arriesgada? En primer lugar, el hecho de que, renunciando a la vicepresidencia segunda del Gobierno, Iglesias asegura que su partido supere el 5% en Madrid, donde nació su movimiento político. Algo no menor, pero tampoco central. Al abandonar el Ejecutivo, Iglesias reconfigura también la relación de Unidas Podemos con el PSOE y gana la autonomía suficiente para presentarse de nuevo como el outsider de la política en España. En un momento en que, según los sondeos, los políticos son percibidos como el segundo problema del país.

Con su decisión, Pablo Iglesias da por finalizado de facto el Gobierno de coalición ante la evidencia de que su peso en el Ejecutivo tiende a ser irrelevante. No sabemos cuánto durará el Gobierno de coalición sin Pablo Iglesias, pero queda claro que el líder de Podemos quiere constituirse en oposición de izquierdas a Pedro Sánchez.

Pablo Iglesias se la juega porque considera necesario un nuevo comienzo ante el agotamiento de la estrategia seguida Una vez conseguida la elección como presidente y aprobados los Presupuestos, Pedro Sánchez mira más a la Italia de Mario Draghi que al Portugal de la anterior legislatura. Iglesias sabe que ser gobierno y a la vez oposición no es algo que pueda durar mucho tiempo. Hacía falta un revulsivo. Un hecho relevante que marcara una discontinuidad, una ruptura. Un born again posmoderno. La decisión de Isabel Díaz Ayuso la ha posibilitado.

Pablo Iglesias se la juega porque considera necesario un nuevo comienzo ante el agotamiento de la estrategia seguida. El imaginario debe reconfigurarse y eso pasa por crear un nuevo escenario. De la estrategia rompedora de sus inicios derivó la idea de presentarse como alternativa al régimen y a su forma política (el bipartidismo), presentando a Podemos como una fuerza rupturista, donde la antagonista era la casta. El éxito fue notorio, pero no se logró el ansiado sorpaso. Y por eso se pasó de la estrategia rupturista a una democratizadora frente a la trama, ese entramado de intereses antes llamado poderes fácticos. Eso suponía un aggiornamento del discurso morado, que pasaba de luchar contra la casta a un nuevo objetivo: echar al Partido Popular y gobernar con el PSOE.

¿Pero cómo lograrlo? La salida que la dirección de Unidas Podemos dio a esta situación fue singular: “Ya que no nos fiamos del PSOE, gobernemos con él” defendía Iglesias en los mítines de 2019. Así, con esa nueva estrategia, se lanzó a una campaña electoral especialmente atrevida que intentaba imponer al PSOE un gobierno de coalición. Dicho de otra manera. “Aunque Pedro Sánchez no quiera, estará obligado a pactar con Pablo Iglesias”. Y lo logró. Pero los réditos sociales y electorales no fueron los esperados.

En las siguientes generales es altamente probable que sólo haya dos ofertas por el lado derecho.


Pasar de la conquista de los cielos a defender la democracia, el escudo social y la vigente Constitución es mucho salto en tan poco tiempo. Y más con una crisis y una pandemia global de por medio. La decisión de Iglesias es una adaptación a los tiempos. Hay que dotar de sentido al nuevo viraje, pulsar varias teclas y escoger aquella más popular. Se buscan nuevos nichos y adaptar su discurso a ellos. Y se ha encontrado uno en la estrategia antifascista. Pablo Iglesias acierta al nacionalizar las elecciones madrileñas dado que Madrid se adelanta en dos años al escenario político nacional futuro. Las últimas elecciones generales se decidieron en las provincias del interior como consecuencia de la fragmentación de la derecha en tres partidos. El Partido Popular lo sabe y aprovecha el error murciano para contraatacar.

En las siguientes generales es altamente probable que sólo haya dos ofertas por el lado derecho. A Ciudadanos le quedan dos telediarios. La derecha tiene posibilidades reales de ganar unas próximas elecciones legislativas. Más si el actual gobierno de coalición acelera en su ruta de colisión.

Pablo Casado no tiene otra que acercarse a Vox, y Madrid podría convertirse en la primera experiencia de la entrada generalizada de la ultraderecha en gobiernos municipales y autonómicos dentro de dos años.

Iglesias intuye lo que viene, se adelanta y protagoniza un audaz golpe de efecto bajo el eje fascismo-democracia. Bandera del antifascismo por un lado, opositor de izquierdas al Gobierno por otro. Pablo Iglesias se reencuentra con una base social desmovilizada y activa un núcleo duro electoral pasados diez años del 15-M.

Sin embargo, hay un pero. Estamos pasando de la indignación al resentimiento. La crítica a la política, a los políticos y a la ineficacia de la democracia se hace desde un territorio ambivalente. El resentimiento interioriza la frustración y convierte la impotencia en odio. En desprecio a lo existente. La frustración ante los discursos del cambio marcará duraderamente nuestra sociedad. En España existe una crisis larvada. Con un 40% de paro juvenil, el país se mueve sobre un polvorín que podría conducirnos a un ciclo de protestas sociales explosivas cuyo nihilismo y frustración con la política deje perplejo al liderazgo de la izquierda española.

*** Eddy Sánchez Iglesias es profesor de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM.


https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20210324/renacimiento-pablo-iglesias/568313168_12.html

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