Batalla en la Puerta del Sol

VICENTE VALLÉS – «El 15 de septiembre de 2015, 193 países nos comprometimos con los 17 objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas y su cumplimiento para el año 2030. Los objetivos persiguen la igualdad entre las personas, proteger el planeta y asegurar la prosperidad como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. Un nuevo contrato social global que no deje a nadie atrás».

El texto entrecomillado preside la página web de la vicepresidencia segunda del Gobierno y Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. Entre esos 17 objetivos están el fin de la pobreza, hambre cero, salud, bienestar, educación, igualdad de género, trabajo decente o reducción de las desigualdades. Es una tarea ingente y apasionante. Pregunta: ¿qué dirigente político no querría figurar en la historia por ser el responsable de poner en marcha y desarrollar las normativas necesarias para alcanzar logros tan nobles?

Respuesta: el encargado de esa Agenda 2030 en España abandona su cargo al poco de empezar 2021 y con solo catorce meses en el puesto. Pregunta: ¿por qué? Respuesta: porque se presenta a las elecciones en la Comunidad de Madrid.


El Che Guevara estaba tan feliz guerreando en Sierra Maestra que, cuando los barbudos de Fidel tomaron La Habana, duró solo cinco años en los despachos y recuperó su pasión guerrillera en el Congo y en Bolivia. Quería buscar «otros campos de batalla». Edén Pastora, el Comandante Cero, se sentía en plenitud asaltando el Palacio Nacional de Managua, pero cuando los sandinistas controlaron Nicaragua no se acostumbró a tener una mesa con cargo. A los dos años se exilió a Costa Rica para montar otra guerrilla.

Cada cual sabe de lo suyo. La gestión no es tan fascinante como la revolución.


Siempre habrá algún Palacio de Invierno que ocupar en San Petersburgo. Nunca faltará un Capitolio que arrasar en Washington. El Congreso no dejará de estar en la Carrera de San Jerónimo esperando ser rodeado.

Pero, cada cosa a su tiempo: ahora toca la Puerta del Sol. Allí empezó el 15M, y allí podría revivir si el 4 de mayo la apuesta tiene éxito, o languidecer si sobreviene un fracaso.

El genial Caín dedicó una de sus viñetas en LA RAZÓN a definir con precisión de cirujano y proverbial capacidad de síntesis el horizonte de determinados líderes políticos en este tiempo trémulo por el que transitamos: el próximo cuarto de hora. Un personaje –fácilmente identificable por su considerable estatura– comparte paseo con un acompañante –igual de identificable por la peculiar distribución de su abundante cabello–. Uno le dice al otro que «antes solo me interesaban los réditos políticos a corto plazo, hasta que alguien me habló de los réditos políticos a cortísimo plazo».

La pasión revolucionaria se une a la impaciencia por conseguirlo todo y conseguirlo ya, al desinterés por la gestión de las cosas y a un elemento personal, tan importante como los anteriores: la pulsión irrefrenable por saldar cuentas pendientes. Como bien nos dice el refranero español, no hay peor cuña que la de la misma madera, no hay peor enemigo que quien un día dejó de ser tu mejor amigo, y no hay peor rival en política que aquel que monta una escisión.

El plan se puede promocionar con el argumento de que es fundamental, un asunto de vida o muerte, evitar que Isabel Díaz Ayuso consolide la «derecha criminal» en la Comunidad de Madrid y que la «alerta antifascista» se ponga en marcha como si la Puerta del Sol estuviera a punto de vivir una nueva carga de los mamelucos.

Pero, apenas oculto tras la propaganda, subyace otro fondo de realidad más pasional y, como tal, más humano: la venganza.

Porque el 4 de mayo asistiremos al agrupamiento de todos en la lucha final por saber cuál de los correligionarios de la Facultad de Políticas prevalece sobre el otro.


O si, en esta batalla proverbial entre colegas de cañas y de afectos bolivarianos terminamos por presenciar un ejemplo de eso que los estudiosos de la Guerra Fría denominaron con la expresión «destrucción mutua asegurada».

Aunque, en el fondo, alguno sueña con reproducir en la mañana del 5 de mayo de 2021 la escena del 14 de abril de 1931 en la Real Casa de Correos, cuando el comité revolucionario tomó el poder en la entonces sede de la Gobernación al grito de «¡Señores! ¡Abran paso al gobierno provisional de la República!». Y el paso se abrió por unas elecciones municipales, no generales. Ahora son autonómicas.


El mito dice que en España planificamos poco, pero improvisamos bien. Esa característica nos aleja de Europa, donde es más habitual pensar en pasado mañana que en el próximo minuto; donde la estrategia es, al menos, tan importante como la táctica; y donde los responsables políticos no son famosos solo por ser personajes muy conocidos, sino por sus obras.

https://www.larazon.es/opinion/20210321/cbwpxixhh5h4hb3ge7a4efqfve.html

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