La prueba definitiva del pucherazo del 28-A que demuestra que fue ejecutado por los mismos que organizaron el 11-S y el 11-M – Alerta Digital

Laureano Benítez Grande-Caballero.- Mark Twain decía que «es más fácil engañar a la gente, que convencerles de que han sido engañados». Si esta frase era cierta en su época, mucho más en la actualidad, donde las élites globalistas propietarias de los medios de comunicación nos están sometiendo al mayor lavado de cerebro de la Historia «vendiéndonos» su Nuevo Orden Mundial sin que nos enteremos.

¿Cómo se engaña a la gente? Aparte de con mensajes populistas fraudulentos, la principal herramienta son los símbolos. Un símbolo es un campo de información, que se transmite a nuestras percepciones a través de mensajes codificados con una determinada frecuencia vibratoria, capaz de influir en nuestra conciencia y de manipular nuestro pensamiento, aunque lo percibamos de manera inconsciente.

En nuestra época hemos perdido casi por completo la capacidad para interpretar los símbolos que se ocultan en la enorme cantidad de información con la que somos bombardeados diariamente. Por esta razón, las sociedades secretas y las entidades globalistas se dan actualmente el lujo de exponer descaradamente la simbología conspiradora con la que quieren manipular a la opinión pública, con la total seguridad de que, aunque tengamos delante de los ojos sus propósitos perversos, vamos a ser incapaces de darnos cuenta de ellos. Como dice la frase, «si quieres esconder algo, ponlo a la vista de todos».

He escrito ya 6 artículos para intentar demostrar el alevoso golpe de Estado del 28-A, pero, aparte de emplear como metodología herramientas como las alteraciones del censo, las irregularidades en los colegios electorales y la manipulación de los procesos informáticos de conteo y adjudicación de votos, falta el último eslabón de la cadena conspirativa, la clave ultima que demuestre incontrovertiblemente la realidad del fraude electoral.

Para hallar este factor decisivo hay que adoptar un enfoque distinto sobre el tema, que entra en los terrenos del esoterismo, un punto de vista desusado y polémico, pero que no por eso hay que desechar, porque siguiendo esta corriente de investigación se pueden aclarar muchos misterios que quedarían en la sombra con una indagación tradicional. Y, mira por donde, desde este enfoque salta a la vista la autoría de las élites pluto-iniciáticas del NOM en el pucherazo, porque tras las bambalinas del espectáculo político, operan corrientes ocultas, fuerzas misteriosas, cuya acción se despliega en conspiraciones que pasan inadvertidas para el gran público, por ejecutarse siguiendo patrones simbólicos que escapan a la comprensión de las masas.

Según la numerología, los actos de la vida se desarrollan de acuerdo a unos códigos numéricos, pues los números canalizan determinados vórtices de energía, por lo cual pueden producir determinados efectos. Estos códigos operan especialmente en aquellos acontecimientos que se caracterizan por su trascendencia: guerras, catástrofes naturales, atentados terroristas, magnicidios…

«El Himalaya de mentiras», uno de los libros de Laureano Benítez.

Es sabido que las sociedades secretas se sirven de los números como iconos cuyo simbolismo puede ser utilizado en sus rituales mágicos y actividades iniciáticas. En esta dimensión ocultista, estas hermandades mistéricas trabajan mancomunadamente con las élites plutocráticas que dominan el mundo, pues tanto los ocultistas como los globalistas conspiran unidos hacia un objetivo común: el Nuevo Orden Mundial (NOM). Es por ello que con muchísima frecuencia los grandes magnates de la oligarquía mundial también son miembros de sociedades secretas. Como explica el masón Manly P. Hall, «El pensamiento de hoy hacia un estado democrático mundial no es una tendencia nueva ni una circunstancia accidental: el trabajo de establecer los antecedentes de conocimientos necesarios para el establecimiento de una democracia ilustrada entre todas las naciones se ha llevado a cabo durante muchos cientos de años por las sociedades secretas».

Por este motivo, cuando la conjunción globalista-ocultista planea ejecutar un evento encaminado al advenimiento del NOM, lo hacen siguiendo un determinado patrón numérico que lo precipite con su ritual mágico, pues de lo contrario podría fallar. Otro objetivo de esta estrategia es «firmar» el acontecimiento del que son autores, manifestando con este simbolismo que ese hecho pertenece a la cadena de sucesos que prepara la avenida del NOM ―que, por supuesto, también tiene su número: ¡el 666!

Para entender la tremenda conspiración contra España que se ha operado mediante la manipulación de las elecciones del 28-A, pondremos un ejemplo clásico de cómo operan las mafias luciferinas que ejecutan tentados, golpes de Estado, y todo tipo de hechos relevantes con los que se pretende dar un impulso al NOM: el 11-S, y el 11-M.

¿Cuál es el significado del número 11? En numerología, el número 10 es un número divino. Si a eso se añade que el 12 es el número perfecto, resulta que el 11 ―que está entre dos números divinos― representa entonces la imperfección y el «pecado», que rompe el equilibrio del orden. Para la Cábala, simboliza la fruta prohibida que comieron Adán y Eva en el Paraíso. Según el mago y ocultista Westcott «el 11 es la esencia de todo lo que es pecaminoso, dañino e imperfecto».

Aleister Crowley ―quien fue posiblemente el mayor satanista de la historia―, consideraba al 11 como el número de la magia negra. Para las sectas ocultistas anglosajonas, el 11 es el símbolo de la lujuria, la ruptura y momento de la renovación; el emblema del mal, del terror y la muerte, y simboliza el caos de la humanidad.

Pero su simbolismo más relevante es el que le asocia nada más y nada menos que con el Anticristo, que será quien ejerza el poder absoluto en el NOM, como se expone en Daniel 7:7-8: «Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia […] Tenía diez cuernos. Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas».

Sea o no cierta esta interpretación, la realidad es que muchos acontecimientos dramáticos de la historia reciente parecen haber sucedido de acuerdo a un patrón numérico basado en el 11. Por ejemplo, la firma del armisticio que puso fin a la 1ª Guerra Mundial se realizó el 11 de noviembre (mes 11), a las 11 horas; el asesinato de Kennedy tuvo lugar en el mes 11, el día 22, en el paralelo 33; la caída del Muro de Berlín tuvo lugar el 9/11/1989, cuyos dígitos suman 11; el desastre nuclear de Fukushima sucedió el 11 de marzo de 2011…

Pero la fama de maldito del 11 se debe indudablemente a que está presente de manera abrumadora en muchos atentados terroristas de la historia reciente, entre los cuales destacan el 11S y el 11M.

En cuanto al 11S, la presencia del 11 es ominosa y obsesiva: si consideramos la fecha como el 11/09 (1+1+9) la cifra da 11. Después del 11 de septiembre hay 111 días para el final del año. El 11 de septiembre es, además, el 254º día del año: 2+5+4=11. Hubo un total de 2992 muertos (2+9+9+2=22=11+11).

Según la gematría ―disciplina que consiste en atribuir un número a cada letra―, New York City tiene 11 letras. Las Torres Gemelas, vistas una al lado de la otra, se ven como el número 11. El nombre que daban los neoyorkinos a las «Torres gemelas» era «Twins towers»: 11 letras. Fueron levantadas en 1966 (1+9+6+6=22, 11×2) en una superficie de 6.5 hectáreas (6+5=11). Su construcción terminó oficialmente en 1975 (1+9+7+5= 22, 11×2). Cada torre contenía 110 pisos.

La primera Torre empezó a desmoronarse a las 10:28 (1+0+2+8=11), y tardó 56 (5+6=11) minutos en derrumbarse. Entre el 11/3 del atentado de Madrid y el 11/9 (septiembre) transcurren exactamente 182 días, dígitos que sumados dan 11.
El primer avión que golpeó las torres fue el Vuelo 11. Llevaba 92 personas a bordo ( 9+2=11), y 11 miembros de la tripulación. El vuelo UA 175 impactó contra la Torre Sur a las 9:2 (9+2=11). El Vuelo 77 de American Airlines que se estrelló contra el Pentágono tenía 65 personas a bordo: 6+5=11.

En lo que se refiere al atentado de Madrid, los dígitos del 11 de marzo (03) de 2004 dan 11. El 11M era el primer día de la 11 semana del año, y sucedió exactamente 911 días después del 11S, causando 191 víctimas (1+9+1=11). Además, 191 es una permutación de 911, notación americana del 11S: 9/11/2001.

Aparte de estos dos sucesos, el 11 de julio de 2006 se produjo un atentado en Mombay (India), con 209 muertos (2+9=11), y hubo dos en Argel con el 11 como protagonista.

¿Son puramente casuales tantas coincidencias? Aunque en apariencia estos atentados fueron perpetrados por terroristas de Al-Qaeda u organizaciones yihadistas similares, pero si esos código numéricos basados en el 11 son intencionados, es difícil imaginar a unos radicales islamistas atiborrados de «sharia» planificando estos atentados con una precisión numérica y ocultista tan abrumadora, que supone un elevadísimo grado de conocimiento iniciático totalmente incompatible con su fanatismo religioso. Más bien hay que suponer que fueron simples peones, tontos útiles, marionetas manejadas sabiamente por instancias superiores que diseñaron los atentados con arreglo al código del número 11, cuyo simbolismo apunta directamente al NOM, del cual esos dramáticos sucesos son jalones, hitos, señales.

Desde este punto de vista, que afirma que las mafias pluto-iniciáticas «firman», «sellan» los acontecimientos catastróficos que organizan con un código numérico, examinemos la numerología del 28-A, pues, al fin y al cabo, unas elecciones consisten en el reparto de una serie de números, en forma de escaños, entre distintos partidos.

El PSOE consiguió 123 diputados, cifra cuya suma de dígitos da 6.

El PP obtuvo 66 diputados, con lo cual ya tenemos dos seises más. Vaya.

Ciudadanos alcanzó 57 escaños, cuyos dígitos no dan 6, pero, atención, aquí está la clave que esconde la prueba definitiva del pucherazo, que veremos un poco más adelante. Pero, de todas formas, 57 = 51 + ¡6!, y 5 + 7 = 12 = ¡6 + 6!

Si sumamos los escaños del PP y del Cs, tenemos que 66 + 57 = ¡123! = 6.

Podemos consiguió 42 escaños: ¡6!

VOX tuvo 24 diputados: ¡6!

Sumando los escaños de Podemos y VOX, tenemos que 42 + 24 = ¡66!

ERC llegó a los 15 escaños: ¡6!

Además, todos los escaños de los 6 primeros partidos son múltiplos de 3, un hecho cuya probabilidad estadística es solamente del ¡0,13%! Esto demuestra irrefutablemente que el conteo se hizo mediante un algoritmo interno, pues solo así se explica este raro fenómeno.

La clave de todo radica en los 57 escaños de Cs: ¿por qué es el único número que no obedece al código del 6? Pues por una razón tan sencilla como devastadora: porque si Cs hubiera sacado 51 diputados (5 + 1 = 6), la suma de eta cifra con los 123 escaños del PSOE no alcanzaría la mayoría absoluta. En efecto: 123 + 51 = ¡174!, es decir, que faltaría un escaño para una mayoría absoluta PSOE + Cs. Por esa razón, hubo que añadir más escaños.

Esa mayoría es la que quiere el IBEX, la gran Banca, la UE, y todos los organismos del NOM… y, por supuesto, su gran promotor es George Soros, el dueño de la empresa que se encargó de contar y adjudicar los escaños. El PP perdió una enormidad de votos, y VOX obtuvo una representación muy inferior a la esperada… es decir, que en bloque de centro-derecha, solo subió Cs, hasta alcanzar una cifra que casualmente obtiene la mayoría que buscaban las élites mundialistas. Impresionante.

Es inevitable que este estudio numerológico sea calificado como «frikie» por aquellos que se niegan a ver la realidad, por aquellos cuya capacidad de entendimiento está arrasada por feroces lobotomías, pero, como se dice en el Evangelio, «Quien tenga ojos para ver, que vea; quien tenga oídos para oír, que oiga».

¿Qué simboliza el número 6? Realmente, ni siquiera es relevante saber su significado, pues su obsesiva presencia en la numerología del 28-A revela clarísimamente que este hecho solo puede explicarse afirmando que expresa una manipulación numérica de los resultados, un «sello» que señala claramente a sus autores, pues tantas coincidencias son totalmente imposibles de atribuir solamente a la casualidad, reflejando una intencionalidad manifiesta, al igual que sucedía con el 11S y el 11M.

En un artículo previo a las elecciones advertí a los españoles que no votasen a Bafomet, y, mira por dónde ―oooh, casualidad―, su número simbólico es el 666, el número de La Bestia que regirá el NOM. Damas y caballeros, España ha caído definitivamente bajo el poder de Satanás. Bienvenidos al infierno.

http://www.alertadigital.com/2019/05/08/la-prueba-definitiva-del-pucherazo-del-28-a-que-demuestra-que-fue-ejecutado-por-los-mismos-que-organizaron-el-11-s-y-el-11-m/

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