EL MEJOR ANÁLISIS DE LA ACTUAL SITUACIÓN POLÍTICA REALIZADO RECIENTEMENTE Lucía Méndez en El Mundo – “La realidad de la política española. Los políticos y los partidos han perdido la capacidad y el interés por transformar, reformar o cambiar lo que no funciona para centrarse en una competición interminable. La ruleta gira y gira al ritmo que imponen las encuestas. Mientras el país espera en vano que alguien se haga cargo de sus problemas, los sondeos guían la actuación de todos y cada uno de los partidos españoles” / Mariano Rajoy “no sabe qué hacer”, ¡qué novedad! Está deseando librarse del artículo 155, pero no le dejan. Y es con su inercia, y pese a las perpetuas payasadas de Puigdemont, ha logrado cronificar el conflicto, para hartazgo de todos los ciudadanos / El ‘slalom’ de Pedro Sánchez: la vuelta al PSOE de la Gestora / A un año de la celebración de Vistalegre II, el proyecto liderado por Pablo Iglesias-con Íñigo Errejón recluido en la Comunidad de Madrid- flojea y languidece sin encontrar la fórmula para revitalizarse / El bipartidismo flojea mientras perpetúa su apoyo a las autonomías más favorecidas, País Vasco y Cataluña: pero la fórmula injusta ya no le garantiza, como en pasados tiempos, la supervivencia

MUCHO RUIDO, PERO PARÁLISIS TOTAL DE LA ESCENA POLÍTICA – Siempre en el mismo sitio.No avanzamos como país, todo lo más retrocedemos por pura inercia, a pesar de lo que nos venden los medios cada día. Los españoles  asistimos impotentes y con la boca abierta a un espectáculo de distracciones diarias, fútiles pero ruidosas, protagonizadas por nuestros políticos. El show protagonizado por los indepes catalanes, Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera empezó hace tres años y ahí sigue, cada vez más rutinario y vacío. 

LUCÍA MÉNDEZ- El Mundo.

El filósofo Byung-Chul Han acaba de visitar España, un país en el que se han hecho realidad las tesis contenidas en su libro Psicopolítica. “La libertad del ciudadano cede ante la pasividad del consumidor. El votante no tiene interés real por la política, por la configuración activa de la comunidad. Reacciona sólo ante las mercancías que le agradan o le desagradan. Los políticos y los partidos también siguen esa lógica del consumo. Tienen que proveer. Se degradan a proveedores que han de satisfacer a los votantes en cuanto a consumidores o clientes“.

Nada mejor para resumir la realidad de la política española. Los políticos y los partidos han perdido la capacidad y el interés por transformar, reformar o cambiar lo que no funciona para centrarse en una competición interminable. La ruleta gira y gira al ritmo que imponen las encuestas. Mientras el país espera en vano que alguien se haga cargo de sus problemas, los sondeos guían la actuación de todos y cada uno de los partidos españoles. El tiempo político es aquel que transcurre entre una encuesta y otra. Vamos a contarnos, una y otra vez.

TODOS LOS PARTIDOS POLÍTICOS SE HAN VUELTO ZOMBIS-

Nada más conocerse la última encuesta, las formaciones ya aguardan con avidez la siguiente. A ver cuántas décimas sube uno o cuántos puntos pierde el otro. En función de esas décimas o esos puntos en intención de voto, los partidos modulan su táctica diaria con la que persiguen la gratificación instantánea.

En este contexto de rivalidad interminable, el centro-derecha protagoniza una sugerente competición -muy del agrado del ciudadano-consumidor- mientras que la izquierda camina desnortada y confundida por un desierto de ideas, de proyecto, de liderazgo, e incluso de tácticas eficaces para estar presente y hacerse visible en el mercado de la política. Las izquierdas españolas -tan variadas- comprueban con gesto impotente cómo la única alternativa al Gobierno del Partido Popular que se dibuja en el horizonte puede ser un Gobierno de Ciudadanos y el PP.

El debate sobre España, una consecuencia tan interesante como inesperada de la crisis catalana, ha pillado en cueros a la izquierda española -PSOE y Podemos- y ha partido por el eje su estrategia para poner en pie una alternativa al Gobierno de Mariano Rajoy.

Hace ahora un año que Pedro Sánchez anunció su candidatura a las primarias del PSOE con dos ideas claras: “no es no a Rajoy” y “somos la izquierda” frente a la Gestora y su candidata, Susana Díaz. Tras lograr la victoria contra todo pronóstico ante la aristocracia socialista y recuperar el liderazgo del Partido Socialista, Pedro Sánchez ha protagonizado lo que alguien ha definido como “un auténtico slalom”.

Nada más imponerse en las primarias, el líder del PSOE anunció un acercamiento político a Podemos para fijar una estrategia parlamentaria conjunta frente al Gobierno del PP. Meses después, la dirección socialista se retractó de su decisión de considerar a Podemos un aliado preferente. Entre uno y otro momento, Pedro Sánchez estableció una potente alianza con Mariano Rajoy para hacer frente a la rebelión independentista catalana, que se tradujo en la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

El entendimiento PP-PSOE, con una restablecida relación política y personal de Pedro Sánchez con Mariano Rajoy, ha regresado al escenario político. Paradojas del destino, los socialistas que respaldaron a Susana Díaz contemplan ahora cómo el PSOE de Pedro Sánchez casi ha regresado a los tiempos de la Gestora.

Aquel tiempo de las primarias de combate en el que los partidarios del secretario general socialista acusaban a la Gestora del PSOE de poner “el culo en pompa” ante Rajoy. “El tiempo nos ha dado la razón”, piensan la presidenta de la Junta de Andalucía y quienes la respaldaron en las primarias. El modelo de España que defendía Susana Díaz -y que la convirtió en una apestada para el PSC- es el mismo que ahora defiende Pedro Sánchez.

En aras de esa unidad de actuación con el Gobierno en la crisis catalana, el Grupo Socialista ha renunciado a pedir explicaciones al Gobierno en el Parlamento acerca de cualquier asunto que tenga relación con Cataluña. Incluidos los errores de bulto cometidos por el Gobierno el 1-O. Hay que recordar que el PSOE anunció la petición de comparecencia de Soraya Sáenz de Santamaría para explicar las cargas policiales y el error del CNI -que no pudo localizar miles de urnas-, pero rectificó su posición coincidiendo con el mensaje del Rey el 3 de octubre.

Desde entonces, los socialistas no han presentado ninguna iniciativa parlamentaria sobre la crisis catalana, y huyen del tema como de la peste. A diferencia de Ciudadanos, que a pesar de ser el principal aliado de Rajoy contra el independentismo catalán, está pidiendo explicaciones sobre la actuación del Gobierno. Albert Rivera preguntó a Rajoy esta semana por la posible utilización de dinero del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) en la organización del 1-O.

La labor de oposición parlamentaria del principal partido de la oposición aparece desdibujada. Sánchez no es diputado y eso también lastra su actuación política, centrada ahora en las asambleas con militantes.

Según aseguran algunos diputados socialistas, el secretario general está más pendiente de su fortaleza orgánica que de la construcción de una alternativa al PP. La fantasía de gobernar desde el Parlamento -alentada por el Grupo Socialista para justificar la abstención– se ha desvanecido. En parte por los vetos del Gobierno a sus proyectos, pero también por la incapacidad de PSOE y Podemos de buscar una mayoría alternativa eficaz.

Un solo ejemplo bastaría para evidenciar la ineficacia de la oposición parlamentaria. La única ley efectiva impulsada por la mayoría alternativa, la reforma de RTVE, sigue sin aplicarse por la incapacidad de los grupos para ponerse de acuerdo. Un fracaso del que se culpan unos a otros, mientras que el PP -con razón- presume de su coherencia.

En el recuento infinito de la intención de voto, los socialistas languidecen casi en el mismo porcentaje que hace un año. La suma de los partidos de la izquierda parlamentaria ha retrocedido desde las últimas elecciones de junio de 2016 hasta las últimas encuestas.

La debilidad política de Unidos Podemos es la otra pata de la fragilidad de la izquierda española. Aunque el desplome que se auguraba hace unos meses por su posición ambigua en la crisis catalana no se ha producido, Unidos Podemos vive en un sin vivir de forma permanente. Esperando mantener la misma intención de voto en el próximo sondeo.

A un año de la celebración de Vistalegre II, el proyecto liderado por Pablo Iglesias-con Íñigo Errejón recluido en la Comunidad de Madrid– flojea y languidece sin encontrar la fórmula para revitalizarse.

La cúpula de Podemos busca infructuosamente la forma de cambiar la agenda para huir del asunto catalán -han descubierto que sus votantes también se sienten españoles- y para ello insisten en los temas sociales, pero también exploran todo tipo de territorios. Incluida la academia de Operación Triunfo.

El éxito del programa de TVE llevó a los principales dirigentes de Podemos a volcarse en las redes sociales y en las entrevistas en los medios con los encantadores y empáticos concursantes. El propio Pablo Iglesias decretó que “Operación Triunfo es más importante que los telediarios”. Se trata de conectar con “el pueblo” y Eurovisión sigue siendo enormemente popular.

Precisamente abundan en estos tiempos los ensayistas y pensadores de la izquierda que critican la tentación de Podemos de vivir “en una burbuja” estilizada y elitista, sin capacidad para conectar con las nuevas clases trabajadoras -que ya no son los obreros del metal- o las víctimas de la globalización.

La intensa polémica -lingüística y política- en torno a la palabra “portavozautilizada por Irene Montero es todo un ejemplo de la realidad política española. A falta de actuaciones concretas del Gobierno o de la oposición capaces de mejorar la vida de los ciudadanos, los asuntos menores se imponen en la “psicopolítica” de las emociones. Y si el asunto tiene que ver con la dialéctica machismo-feminismo, miel sobre hojuelas.

Podemos ha comprobado, además, que la compañía de Ciudadanos –el partido del Ibex o la ultraderecha, según se elija- es buena para remover las estancadas aguas de la política española. La reforma de la Ley Electoral propuesta por ambos partidos ha merecido una aceptable acogida por parte de la opinión pública y ha colocado al PSOE en la encrucijada de alinearse con el PP en contra de los cambios.

Así es cómo en la montaña rusa de la emociones de la política española, ahora toca la resurrección en lo alto de la denominada “nueva política” frente al bipartidismo que se resiste a las reformas. Cambios de verdad no habrá, pero espectáculo y sondeos nunca faltan.

ORIGEN: El Mundo

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