GOLPE DE ESTADO EN CATALUÑA – ELECCIONES 21D: El  más que probable pacto secreto para gobernar Cataluña con un tripartito de izquierdas a partir del 21 de diciembre / Iceta y Colau tienen previsto convertirse en los redentores de un Junqueras semi-arrepentido que ya no volverá a intentar tamañas locuras como las del pasado reciente / Previamente se enfrentarán como fieras ante su electorado (“the show must go on”, el espectáculo catalán debe continuar) pero luego, una vez el voto esté bien asegurado en la urna, florecerá el amor a tres

Juguemos a política ficción. Supongamos que ya está todo atado y bien atado entre bambalinas. A cuarenta días del 21-D, los movimientos previos a la campaña electoral catalana son solo una pantalla de humo que oculta a los ojos de los ciudadanos lo que verdaderamente se prepara para después. Los actores ya han empezado a mover sus piezas como en una partida de ajedrez, pues aunque parezcan enfrentarse entre sí hasta que pasen los comicios, todo es “puro teatro”. Porque ya hay la vista puesta en el acuerdo tripartito que vendrá, siempre que se cumplan de forma razonable las previsiones que marcan las encuestas. 

ERC tiene previsto ganar estas elecciones con holgura aunque en minoría, lo indican todos los sondeos, pero necesitará socios, y no quiere ni oír hablar de una reedición de su alianza con los derechistas corruptos de PDeCat. Tampoco desea seguir asociado con los anarquistas destrozalotodo de la CUP. Por eso se ha resistido tanto al frente común independentista que hubiera sido la última tabla de salvación de la antigua Convergencia.

Porque ERC está dispuesto a dar pasos atrás, visto el escándalo y los desastrosos resultados de la intentona (golpe de Estado) de independencia unilateral. El desmadre, la imagen hecha pedazos en el escenario internacional de la antaño respetada comunidad (¡gracias, Puigdemont!) y la ruina económica que han contribuido a traer a Cataluña los ha desanimado bastante. ¿Y a quién no lo haría? Por supuesto que esperará hasta después del paso de la ciudadanía catalana por las urnas para recular hasta posiciones más moderadas, pasando de independentismo radical a otro más light. Como quien no quiere la cosa, sus promesas de autodeterminación catalana se irán diluyendo mientras hace más hincapié en su identidad republicana y de izquierdas.

Está todo pensado. Y a cambio, por volver al redil, es probable que hasta obtenga de los poderes fácticos jugosas compensaciones en materia de exenciones penitenciarias por la sedición que cometieron.

De modo que el plan de ERC es ir solo a las elecciones y después forjar alianzas nuevas. 

¿Con quiénes? Con En Comú y el PSC.

Ya lo han hablado, acordado y los actores han empezado a desarrollar sus respectivos papeles. El En Comú de Ada Colau rompe de forma ostentosa con el PSC, quien por cierto le ‘roba’ muchos votos. Las encuestas dan una apreciable recuperación al PSC, que podría situarse en 20 escaños. El PSC responde airado, acusando a los Comunes de arrojarse en brazos del independentismo. Se enfrentarán como fieras frente al electorado, con acusaciones recíprocas -“tú eres el vasallo del PP con el 155” (Colau) y de vuelta “tú has mostrado tu verdadera cara independentista” (Iceta)-.

El PSC tiene por delante la campaña más difícil de su historia reciente. Para poder llevar a cabo la estrategia planeada, tendrá que hacer equilibrismos de lo más complicados, hasta para un genio funambulista como Iceta.

Ni el PSOE ni el PSC pueden permitirse un pacto constitucionalista con Ciudadanos y sobre todo con el PP tras las elecciones. Eso significaría su virtual desaparición como alternativa a la derecha, un desgaste tremendo. Pero tampoco pueden decir abiertamente que pactarán con los independentistas de ERC. Porque aunque fuera hasta cierto punto entendible ese pacto en Cataluña, nuevo País de las Maravillas, el resto de España no se lo perdonaría a Sánchez. Nunca, Sánchez.

Iceta no obstante ha dado alguna pista, que por la boca muere el pez, hasta un pez tan asendereado como él. Se ha mostrado abierto a todo tipo de pactos tras el 21-D, pero puntualizando a continuación que “de izquierdas”. O sea, con los independentistas de ERC a los que ha contribuido a debilitar gracias al 155.  ¿Pero cómo hacer tragar eso a su electorado, de forma que no la tomen con el PSOE nacional en los comicios generales? Tela.

Su marrón es gordísimo. Y parecido al que tiene Colau. La emperatriz pseudoindependentista tampoco va a pactar de ninguna forma con la derecha (PP y Ciudadanos), pero después de las elecciones necesita alguna excusa para pactar con ERC y entrar en el gobierno catalán, objeto de las ilusiones de la antigua antidesahucios.

De modo que la ecuación del PSC y de En comú queda despejada a una única incógnita:

¿CÓMO PACTAR CON ERC tras las elecciones y FORMAR UN TRIPARTITO CHULO sin que los electores de Iceta y Colau quieran lincharles ‘a posteriori’ del 21D, por ayudar a perpetuar (¡¡¡¡CON SUS VOTOS!!!!) a los golpistas sediciosos en el poder? 

FÁCIL: Iceta y Colau se van a convertir a los ojos del ingenuo público en los redentores de Junqueras

Para disimular un poco, tal vez Junqueras no vaya de cabeza de lista. Y lo haga su segunda, Rovira. Una cortina de humo andante. Junqueras ya lo ha insinuado. Así se asegurará el visto bueno del PSC, a los socialistas les gusta disfrazar en la medida de lo posible sus coyundas impúdicas. Pero esta es como intentar vestir a un elefante con un tutú de ballet rosa. 

Lo mejor de todo, el pacto a tres lo harán con el beneplácito a escondidas de la derecha, que como su líder Rajoy no se cansa de repetir “no quiere follones”, y los últimos meses en que ha tenido que tomar por primera vez decisiones radicales lo han dejado agotadito. En el momento en que Junqueras se instale en el trono catalán (vía directa o a través de Rovira), con Iceta a su derecha y Colau a su izquierda, el presidente del gobierno español soltará un suspiro de alivio y volverá a su acompasada lectura del Marca con el corazón aligerado. También Rivera estará contento, pues su actuación enérgica en el lío catalán le ha valido acariciar el ‘sorpasso’ de Podemos a nivel nacional.

Dicen que nunca llueve a gusto de todos. Si el conflicto catalán se resuelve de esta forma, no se cumplirá el adagio para nuestros políticos.

Todos los políticos felices. Solo les faltará cantar a coro: “Gracias a la vidaaaa, que me haaaa daaaado tantoooo”.

(La excepción será el zombi Puigdemont, pero como ya estaba sentenciado desde el principio, nadie le echará de menos).

Van a atribuirse los méritos de que el antes irredento independentista esté tras el 21-D dispuesto a arriar velas y desenvolverse dentro de la Constitución y el Estado de Derecho, conformándose con gobernar la comunidad autónoma de Cataluña. No va a ser una conversión tan a lo bruto como San Pablo, y desde luego no habrá caída del caballo -a menos que consideremos tal su paso obligado por Estremera-, pero veremos prodigios tras las elecciones catalanas, si todo sigue el plan fijado.

Lo anterior, claro está, siempre que se cumplan las tendencias electorales a las que ahora apuntan todas las encuestas: ERC claro vencedor, con el PSC recuperándose en buena medida, y el partido de la Colau como bisagra para el tripartito.

No podemos descartar que las encuestas vuelvan a fallar como escopetas de feria y que Ciudadanos tenga un crecimiento sobrecogedor que dé al traste con las componendas mejor preparadas. O que la gente de derechas esté tan harta de la anarquía constante que reina en la región que den al PP los votos que antes entregaban a Convergencia y de repente el PP se embale y se convierta en un apoyo digno para Cs, dejando a todos con los ojos a cuadros.

Pero estos serían escenarios improbables.

Lo cierto es que en Cataluña ahora mismo los votantes de izquierdas constitucionalistas y antiindependentistas no tienen un partido fiable al que votar, un partido del que sepan con seguridad qué dirección tomará una vez que tenga sus votos. De modo que, con un suspiro de resignación, es probable que le echen su papeleta al prestidigitador Iceta. Lo cual, encima, rima.

Preparen las palomitas, porque la tercera temporada de ‘Juego de sillones catalanes’ va a ser de infarto. 

 

 

 

 

 

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