Sobre TV3 y la educación en Cataluña- “TV3 ejerce de alto mando del ejército mediático que ha dado el golpe de Estado”/ “Por si alguien no se ha dado cuenta, esto es una guerra, cuya infantería son los propios ciudadanos” / “Niños independentistas. Adoctrinados The Wall” (VÍDEO Ciudadano Che)

Esta semana, en muchos institutos y universidades de Cataluña se han cerrado las aulas para que los alumnos secundaran la concentración ante el TSJC. Era tremendo ver en la explanada de la UAB a cientos de estudiantes con cara desencajada y mirada anegada de éxtasis gritar: “¡Prensa española, manipuladora!”. ¿Sabrán de la existencia de los esclavos de Platón condenados a percibir únicamente el fondo de la caverna de TV3? ¿Sospecharán que existe otra realidad?

El golpe de Estado de Tejero del 23 de febrero de 1981 fracasó desde el minuto cero: no tomaron el control de TVE y RNE. Imperdonable error.

Tal como están las cosas, el golpe de Estado nacional-catalanista podrá perder esta batalla, pero si el Gobierno legítimo de la nación sigue dejando TV3 en manos de los golpistas tarde o temprano perderá la guerra.

El golpe no son las urnas del 1 de octubre, sino la excusa de su prohibición para sacar a la calle al ‘pueblo de Cataluña’ agredido por un Estado opresor. Y vender el relato al exterior. Esa ficción solo se puede sostener en el tiempo con mentiras y manipulaciones, y éstas, manteniendo a sus seguidores en la burbuja de TV3, a imagen y semejanza de El show de Truman. Entrar en la burbuja, no para censurar las tesis nacionalistas sino para contrastarlas con miradas constitucionalistas en igual de condiciones, es absolutamente imprescindible para desactivar la sugestión colectiva en la que viven demasiados catalanes.

Sé que es difícil admitir que una buena parte de la población de Cataluña está abducida por un relato épico de una nación maltratada a lo largo de siglos por una España violenta, inquisidora y vaga cuyo bienestar está basado en el expolio de Cataluña. Y digo abducida, sugestionada, fascinada, porque son las características de aquellas sociedades a las que se desea reclutar, uniformar y reducir a un credo único. Repasen las últimas Diadas. Un ejército no lo haría mejor. Pero un ejército se impone por jerarquía. No es el caso, estas falanges catalanistas asisten entusiasmadas a compartir la emoción común. En esa comunión se admite todo cuanto fortifique el relato  y refuerce la patria prometida. Tal magnetismo emocional rechaza todo cuanto lo cuestione. He ahí la asunción y la credibilidad de mantras como ‘España nos roba’, la doble legalidad y toda la casquería pseudodemocrática con que se revisten para dotarse de una legitimidad que no les da el Estado de Derecho.

Sabemos que es tremendamente difícil desenmascarar con la sola razón imposturas nacidas y alimentadas por emociones. Como sabemos que refuerzan exponencialmente si se enrocan en ellas. Y ahí aparecen TV3, Catalunya Radio, RAC 1 y demás medios del régimen.

La estrategia del fanático Puigdemont y de ese mentiroso compulsivo que le acompaña en sus fechorías es sacar a la calle al rebaño para impedir el cumplimiento de la ley. Y desconectar de facto del Estado.

Por si alguien aún no se ha dado cuenta, esto es una guerra, cuya infantería son los propios ciudadanos. Mantenerlos abducidos es fundamental, mantenerlos al margen de una información contrastada, vital. De ahí la necesidad de medios del régimen. No importa que haya otros, los convencidos los desprecian.

TV3 ejerce de alto mando del ejército mediático que ha dado el golpe de Estado. Dirige a los ciudadanos a los objetivos de calle, los distribuye sobre el territorio, alienta la revuelta, difunde y coordina sus acciones. Desinforma y malinforma, manipula y envenena. Cada minuto, cada hora, cada día. Difunde las mentiras de los golpistas, unifica sus acciones, legitima sus incumplimientos legales y recrea el relato más conveniente al poder sedicioso. Si el TC y el resto de instancias judiciales han considerado ilegal el referéndum y su defensa, los responsables de medios de comunicación que hagan apología de tales delitos deberían ser destituidos automáticamente y sustituidos por periodistas a secas. No sería un ataque a la libertad de expresión sino impedir el delito.


PS. Se han excitado los egoísmos más obscenos legitimándolos bajo la lucha aparente de la libertad, el derecho a decidir y la democracia. Los ciudadanos también son responsables. Es muy conveniente dejarse engañar cuando media el beneficio. Lo que nunca defenderían individualmente por vergüenza, lo exigen colectivamente sin ella. TV3 es la gran coartada. 

 

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