Beiras y Feijóo, el puñetazo y la estrategia

Beiras y Feijóo, el puñetazo y la estrategia

                    sábado, 27 abril 2013, 12:15, por  Galicia Bilingüe

Ideológicamente, estoy tan lejos de Beiras, que si algún día gobernara Galicia, creo que me iría a vivir a otro lugar. El tipo de sociedad que propugna me parece totalitaria e incompatible con los principios de una democracia. Personalmente no tengo nada que agradecerle, más bien al contrario, todavía lo recuerdo entrando en la Comisaría de Santiago la tarde del 8 de febrero de 2009 para interceder  por los radicales que habían intentado reventar violentamente la manifestación de Galicia Bilingüe aquella mañana.  Sin embargo, hay ciertos elementos de su carácter y de su actitud personal que valoro, como son la coherencia y una muy inusual valentía y generosidad para defender a sus amigos cuando pocas personas se atreven a hacerlo. También he de decir que no me gusta que la gente se exprese a gritos y que soy partidaria de guardar las formas en las cámaras que representan a los ciudadanos, pero tampoco me agrada que se intente manipular a la opinión pública.

Esta es la descripción que he visto y leído en varios medios sobre el incidente protagonizado por Beiras en el Parlamento gallego esta semana: Beiras se dirigió en actitud agresiva hacia Feijoo. Se acercó de forma violenta. Golpeó su mesa repetidamente. A pesar de los puñetazos que le metió, la madera resistió. Antes de abandonar la sala le dio un golpe a la pared.

De los muchos vídeos que circulan por ahí he elegido este de La Voz de Galicia porque presenta la escena completa y a Beiras de frente. No he visto los reiterados puñetazos, ni el golpe en la pared al salir. Se ve que Beiras se acerca a Feijóo, le dice que no es digno de presidir Galicia, deja caer el puño enérgicamente sobre el borde del escaño, le pide a Feijoo un poco de decencia, se sienta, se levanta de nuevo, dice que Feijóo se cree el juez supremo, que no hay dios que lo aguante y se va. En cuanto a que se acercó en actitud agresiva, yo lo veo caminar hacia Feijóo con una mano en el bolsillo, con ese aire mezcla de druida y modelo de Roberto Verino que adorna su carisma de indiscutible líder del nacionalismo gallego de izquierdas. La prueba más evidente de que no «daba miedo» es que se ve al Conselleiro de Educación sonreír plácidamente. Aún recuerdo una entrevista que mantuvimos con él en la Consellería, de repente se oyeron petardos provenientes de la calle por una protesta sindical. Al instante puso su mano sobre del antebrazo de Anxo Lorenzo y exclamó «Ay, a mí estas cosas me dan mucho miedo». Había dos plantas entre el pequeño grupo de manifestantes y nosotros, y fuerzas de seguridad protegiendo el edificio así que, si un gigantón como Beiras se acercara furioso a la bancada del gobierno, no creo que aguantase el tipo.

En la escena en cuestión yo no veo ni a la fiera corrupia que algunos han pintado, ni interpreto el golpe sobre la madera como «la metáfora de un pueblo que quiere mostrar su rabia e indignación por la situación que vive el país», como otros la han descrito. En La Voz y en otros medios opinan que para sustraer del debate sus asuntos con el narco Marcial Dorado, Feijóo provocó a Beiras para lograr  un titular que distrajera la atención sobre lo realmente importante, y de paso así poder mostrar una estampa de las dos Galicias, la suya, de  hombre de orden y la de Beiras, el loco violento.

Fuera ese el motivo que lo llevó a mofarse de Beiras, o si lo hizo simplemente como un desahogo  al verse forzado a llevar de nuevo al parlamento sus relaciones con el narco Marcial Dorado, estoy de acuerdo con el portavoz de los socialistas gallegos cuando reprobaba ayer que Feijóo haya ridiculizado a Beiras por haberse emocionado al recordar a un familiar que falleció, al parecer, víctima de las drogas. Hay ciertos límites que no se deben traspasar, debería el señor Feijóo repasar el concepto de compasión o si lo prefiere, esa cursilada llamada empatía. Creo que al final, el ardid no ha favorecido a Feijóo. Está haciendo exactamente lo que criticaba de la oposición: sobreactuar. Ayer hablaba de debate entre puñetazos y manotazos, de escalada de agresividad y violencia en el parlamento; incluso pidió perdón por «la imagen que se ha dado en España y en Europa».  Corre el riesgo de que en cualquier momento alguien le recuerde los titulares de la prensa europea y mejicana sobre las relaciones del Presidente de Galicia con un narco.

Dicho esto, también creo que la oposición se está equivocando al intentar estirar el asunto preguntando públicamente por las subvenciones que la Administración gallega concedió a Marcial Dorado. Me parece que deberían indagar de una manera más discreta, y si descubren algo realmente llamativo hacérnoslo saber. Podrían meter la pata, con lo que le ofrecerán una salida a Feijóo. Es demasiado arriesgado e innecesario intentar adornar el vestido blanco de una novia con un collar de cuentas de colores. Feijóo reconoció haber realizado hasta cuatro viajes de placer con el señor Dorado, cuando todo bicho viviente sabía que no se trataba de un honrado ciudadano. La prensa informa sobre las causas que el narco tiene pendientes con la justicia; ése es el blanco que deberían resaltar y dejar que el subconsciente de la opinión pública los conduzca a la asociación de ideas oportuna.

En fin, amigos, ellos tienen a sus equipos de comunicación y a sus estrategas, que se apañen. Son casi las 12; a las 8 y media ya estaba en la panadería comprando pan calentito para hacerle a Alfonso sus bocatas, que hoy tiene partido en Lalín. Después me he arreglado, me he desayunado a la inglesa, (huevos fritos incluidos) y os he escrito esta entrada. Ahora voy a echarle un vistazo a la prensa, a ver cómo va la España real, la de los parados y los niños asmáticos a quienes la Xunta acaba de retirar las ayudas para comprar mascarillas e inhaladores. Por la tarde me iré a pasear por la playa, se está cubriendo el cielo, así que el mar lucirá esos azules intensos  que tanto me gustan.  Feliz semana a todos.

Este otro vídeo no recoge la escena completa pero empieza segundos antes y se ve a Beiras pasando ante la bancada del gobierno donde está en Conselleiro. También la cara de: «vaya por Dios, este me va a volver a quitar  protagonismo» que pone Jorquera cuando ve a Beiras levantarse.

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