El efecto higiénico y reparador de VOX – Miguel Ángel Belloso en Expansión

El partido de Abascal no es ni fascista ni totalitario. Es una formación conservadora y proeuropea con el programa económico más liberal del mercado. Su influencia será tremendamente positiva

Queridos y grandes amigos: el concejal de derechos humanos del Ayuntamiento de Madrid, Mauricio Valiente, tercer teniente de alcalde de la capital gobernada hasta la fecha por Carmena, exhibe con orgullo en su despacho un póster de Lenin. Como es conocido, Lenin fue el mayor criminal de la historia. No hay noticia, en cambio, de ningún cargo público de Vox que tenga en su despacho un retrato de Hitler o de Franco, quizá por la sencilla razón de que Vox no es un partido fascista ni totalitario ni tampoco antisistema, sino perfectamente democrático, respetuoso con el marco constitucional y claramente pro europeo. Vox es desde luego un partido nacionalista promotor de una moral conservadora muy respetable en la esfera privada pero bastante más discutible si pretende establecerse como una suerte de catecismo estatal.

Pero que el partido de Abascal sea crítico con el modelo autonómico, que tal y como ha ido degenerando en nuestro país tantas deficiencias provoca, no lo sitúa al margen de la Constitución sino entre los partidarios de su reforma leal.

Que Vox esté en contra del feminismo radical entendido como religión es oportuno y conveniente; que promueva el control de la inmigración irregular que llega a España para aprovecharse del estado de bienestar sin la formación precisa ni la disposición conveniente para aportar valor añadido al país es de sentido común; que reniegue de las leyes de género, que han ido demasiado lejos discriminando gravemente a los hombres en los pleitos familiares por los hijos y emponzoñando la convivencia en pareja, está perfectamente justificado, y lo mismo se puede decir de que repudie el ecologismo histérico y en general todo el pensamiento políticamente correcto sellado en el imaginario colectivo por la izquierda, que se ha convertido en el expendedor del carné de demócrata y de progresista, condenando al ostracismo y la muerte civil a todo el que se opone a sus estúpidos caprichos ideológicos.

Irónicamente, son la izquierda comunista y el Podemos leninista los que quieren acabar con el legado de la Transición, los partidarios de liquidar la monarquía constitucional y los que aspiran a implantar un colectivismo económico que arruinaría por completo la nación. Los apestados deberían ser los que pactan habitualmente con los filoetarras de Bildu, los que dan alas al secesionismo catalán y a los presos independentistas, los que mancillan la justicia y reniegan de la separación de poderes en pos del asamblearismo y la democracia directa, enemiga de la representativa, así como los que desean reemplazar al sector empresarial privado por un Estado omnipresente dirigido por burócratas animados por los mejores sentimientos pero completamente incapaces de entender los mecanismos que generan riqueza y prosperidad general.

El enemigo no es Vox sino los que pugnan por imponer a sangre y fuego una moral pública que arrase con cualquier manifestación de libertad personal que no se atenga a los dictados del aparato hegemónico concebido para establecer lo que está bien y la clase de costumbres burguesas que deben ser erradicadas socialmente.

IU y Podemos son la extrema izquierda radical y antisistema que el Partido Socialista de Sánchez y la derecha acomplejada han blanqueado desde hace años, aceptándola como una formación normal cuando representan una amenaza para la estabilidad, el bienestar económico y la propia nación española tal y como la venimos entendiendo desde la recuperación de la democracia.

Es la izquierda leninista de Podemos, que pacta con los filoterroristas y flirtea con los separatistas, la que quiere liquidar el actual modelo constitucional e imponer un colectivismo económico ruinoso

Vox no solo es inofensivo comparado con las hienas que manejan Podemos, sino un partido absolutamente benéfico, que será de gran ayuda para combatir la dictadura cultural de la izquierda.

Lo afirmo yo, votante del PP, poco sospechoso. Y aún diré más.

El programa económico con el que Vox se ha presentado a las elecciones es, de largo, el más liberal de todos los conocidos.

  • En educación apuestan por desintervenir los planes de estudio y devolver a los padres la potestad de escoger el centro de enseñanza de sus hijos;
  • en sanidad, defienden conservar la actual red de asistencia pública aunque promoviendo el descuelgue de aquellos ciudadanos que prefieran la privada con una deducción fiscal;
  • en pensiones, postulan la transición hacia un sistema de capitalización;
  • en materia laboral son partidarios de la prevalencia del contrato individual sobre el convenio colectivo, y del de empresa sobre el sectorial, así como de rebajar el coste del despido y de acabar con el salario mínimo para los jóvenes;
  • en vivienda, impulsan la liberalización completa del mercado del alquiler así como la ampliación masiva de la oferta inmobiliaria para bajar los precios;
  • quieren acabar con todas las trabas a la competencia, proseguir con la política de privatizaciones y,
  • en fiscalidad, plantean una profunda rebaja de los impuestos que exigiría recortes del gasto público.

La influencia de todas estas ideas en un eventual Gobierno de la derecha sería extraordinariamente positiva para fomentar el crecimiento y el empleo, justo lo contrario de la miseria y el estancamiento que provocarán la política de izquierdas del futuro gobierno de Sánchez y de aquellos autonómicos y locales que gestione el Partido Socialista.

La consumada pericia y eficacia de la izquierda en el arte de la propaganda ha logrado persuadir a la opinión pública de que Vox es la ultraderecha infecta con la que no se debe pactar jamás, y el sector acomplejado y pusilámine del PP, más sobre todo Ciudadanos, un partido inseguro y poco fiable a falta de encontrar solidez ideológica (con unos orígenes socialdemócratas de los que no logra desembarazarse), han aceptado esta clasificación deletérea, injusta y falaz con la que el sanchismo quiere impedir a toda costa nuevos acuerdos como el que acabó con el cortijo socialista andaluz. La guinda de esta maniobra la ha puesto el extranjero fracasado Manuel Valls, que como buen socialista exige a Rivera priorizar las alianzas con el PSOE y repudiar a Vox con un aire grandilocuente y ridículo. Sinceramente, me parece que no hicimos la guerra de la independencia para que dos siglos después venga un francés altivo a dictarnos la política que nos conviene.

http://www.expansion.com/actualidadeconomica/analisis/2019/06/07/5cfa253ce5fdea76798b457d.html

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