Santi Goldwater de VOX| Dolça Catalunya

Hace apenas 6 meses Metroscopia publicó una encuesta que desconcertó a los analistas más despiertos: un partido que en junio de 2016 apenas había sacado 47.000 votos, obtendría ahora el 5% de los votos, 6 diputados y grupo propio en el Parlamento. Inclús guanyava un escó per Barcelona. Algo estaba pasando.

Ahir es va confirmar aquesta brollada de fons. De la nada, VOX tiene el 10,3% de los votos y sienta ya 24 diputados. Sin medios de comunicación, solo con piernas, megáfonos y redes sociales. Com ho han fet? Era al.lucinant veure n’Ortega Smith al Tribunal Suprem de bon matí, y después aparecer en León, o votar en Barcelona por la mañana y por la tarde dar la cara en Madrid. O la multilocación de Ignacio Garriga por los pueblos de Cataluña, el trabajazo de Aizcorbe -diputat amb en Vidal Quadras al parlament- de mitin en mitin, la feinada d’en Jordi Buxadé als carrers de Catalunya, la incombustibilidad de Alberto Tarradas pateándose Gerona… siempre acosados y agredidos por forcos, jamás una queja. Las colas para asistir a los actos de VOX en toda España eran algo inverosímil y envidiado por cualquier otro partido político, e hicieron pensar a muchos analistas que podía alcanzar los 60 diputados.

No ha sido así. Encara no.

“Tan inevitable y sin embargo tan completamente imprevista”, dijo Tocqueville de la Revolución Francesa. Lo mismo podemos decir de los cambios que se produjeron ayer, i no ens referim pas a la victòria del bloc de la divisió. Hace 6 meses nadie en España daba la batalla de las ideas; sí, C’s combatía el nacionalismo con ilusión y un nuevo lenguaje. Pero nadie presentaba un conjunto global de ideas cohesivas capaces de ilusionar a los españoles con un proyecto sustentador. El PP había abrazado los principios socialdemócratas en su congreso de Elche en 2008 (“si alguien quiere irse al partido liberal o conservador, que se vaya”, dijo Rajoy), y C’s parecía copiar la agenda cultural del PSOE en lo que no fuera nacionalismo y economía, además de abandonar su proyecto catalán y suspirar por la Moncloa. Por eso cuando el PP obtuvo la mayoría absoluta en 2011 aplicó el programa ideológico del PSOE, entregó los medios de comunicación a los ideólogos de la “plurinacionalidad” y renunció a dar la batalla cultural al nacionalismo, según ordenaban las élites del poder. La economía lo era todo, oi sr. Sorajoy?

Pero lo inevitable e imprevisto no fue la victoria ayer del bloque de la división, sino el surgimiento de un movimiento social vigoroso que va a dar -por fin- la batalla cultural a las ideas socialdemócratas y nacionalistas que esterilizan el futuro de España.

No sabemos cuántos años más durará el nacional-progresismo, pero algo está cambiando profundamente, y se parece mucho a lo que sucedió en los años 60 en EE.UU. En esa época todos los políticos presumían de “progresistas” y alababan el programa de la “Great Society” de Lyndon Johnson, dirigido por las élites de Boston y Nueva York. Pero apareció Barry Goldwater, un senador de Arizona que cambió el equilibrio en la política estadounidense y redefinió las ideas clave de la sociedad americana. Goldwater perdió de calle contra Johnson en 1964, pero agitó la efervescencia intelectual impulsada por Hayek, Friedman o Buckley, y puso los cimientos para transformar el terreno de juego de la política norteamericana. Después ganó Nixon, y arrasó Reagan, y llegaron los Bush, y los grassroots de Trump, todos apoyados en la tarea renovadora de Goldwater y sin miedo a dar la batalla cultural a las élites del poder. Hasta el demócrata Bill Clinton declaró “el fin del estado del bienestar como lo conocemos” y “el fin del estado omnipresente”. Goldwater logró cambiar el centro de gravedad de la política estadounidense, y lo hizo poniendo en el centro las cuestiones que vivifican una sociedad.

La tarea de Barry Goldwater la ha hecho Santi Abascal.

VOX ha ofrecido a 2,7 millones de españoles una voz, no un eco. Se ha fijado en el trabajo del chaval del pladur, no en las sociedades anónimas de la CEOE. Ha creado una máquina electoral de base que incluso un partido nuevo e ilusionante como C’s no ha podido igualar. La procedencia social de sus simpatizantes escandaliza al votante convencional del PP. Ha roto alegremente el corsé político de la Transición, con ideas y modos chispeantes y escandalosos. Ha acogotado a la casta política, mediática y económica de toda España, que el día antes de las elecciones “pasaba del miedo al pánico” y anunciaba una “alerta extrema”. Ha megafonizado lo que se susurra en cafeterías y sobremesas familiares. Ha emprendido la coalescencia ideológica de muchos españoles en un programa lleno de la novedad del sentido común. Ha unido al español sencillo con los intelectuales más atrevidos.

No, no som pas de VOX ni de cap altre partit. Però avui ha començat algo nou. Ha empezado, no acabado. Recuérdelo.

Los dolços llevamos décadas viviendo bajo la Cataluña nacionalista y entendemos especialmente bien la proeza de VOX. L’enhoradolça, Santi i amics. Ho heu fet molt bé. Ese es el camino.

Dolça i renovada Espanya…

https://www.dolcacatalunya.com/2019/04/santi-goldwater/

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