En la reentrada, no lo olvidemos: Las mejores cosas del mundo son gratis

ARTÍCULO MUNDIARIO

MAD MEN

El día que Bert Cooper nos advirtió de que las mejores cosas de la vida son gratis

Por el 03 de septiembre de 2015 en ·

La dignidad no puedes comprarla. Ni tampoco el respeto por uno mismo, esa sensación de que puedes mirar a los ojos a cualquier ser humano de igual a igual.

Uno de los últimos episodios de la serie Mad Men se cierra con una escena en la que el viejo Bert Cooper canta y baila una canción en la que le recuerda a Don Draper que “Las mejores cosas de la vida son gratis”. Es una escena deliciosa, tanto por su mensaje y espíritu, como por la estética y puesta en escena. Bert Cooper enumera durante la canción algunas cosas maravillosas que son gratis, como las estrellas que brillan, los rayos del sol o las flores que brotan en primavera.

De una sociedad autodenominada “capitalista”, no se puede esperar otra cosa que un absoluto protagonismo del capital. Y así es, el dinero ha dejado de ser un mero instrumento necesario en una sociedad de mercado, para convertirse en el dios todopoderoso que debe ser adorado por el ser humano y que merece cualquier sacrificio en su defensa, incluso el sacrifico del propio ser humano, si es necesario. La vida humana carece de valor si se contrapone a la preeminencia del capital.

Hemos colocado el dinero en el centro de nuestro mundo. Nos han convencido de que todo lo merece, todo lo arregla, todo lo puede. Nos han convencido de que triunfar es poder comprar los productos que a la industria le interesa vendernos, de que ser feliz es cambiar de coche. Ignoro cuánto tiempo durará esta mentira, a qué nivel de degradación debe llegar el ser humano antes de corregir el rumbo, de volver a situar en el centro de su existencia las cosas que de verdad importan.

 

Comprendí que es muy difícil poseer una gran fortuna sin caer en la ordinariez

 

El bueno de Bert Cooper canta en su última aparición en Mad Men que “Las mejores cosas de la vida son gratis”, aunque más que gratis, esas cosas a las que se refiere, son carísimas. Tan caras que no se pueden comprar, porque no hay dinero en el mundo que pueda pagarlas. Esas cosas carísimas, imposibles de comprar con dinero, nos igualan a todos. Ahí están las puestas de sol, dispuestas no para quién tenga más dinero, sino para quien sepa disfrutarlas, quien se pare un momento a extasiarse con su espectáculo. Porque resulta que“solamente lo barato se compra con dinero”, como decía Facundo Cabral.

 

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