GENOCIDIO Y LIMPIEZA ÉTNICA EN GAZA – El psicópata Netanyahu quiere librarse de sus cargos de corrupción exterminando al pueblo palestino

UNA NUEVA NAKBA: LIMPIEZA ÉTNICA EN GAZA

El mayor hospital de Gaza, Al Shifa, está en la zona norte de Gaza. Es imposible trasladar a sus 7.000 heridos, pero Israel ha ordenado que se evacúe la zona.

Según la OMS, esa exigencia es “una sentencia de muerte”. Dentro de poco, los generadores de electricidad dejarán de funcionar y comenzarán a morir los bebés en incubadoras, los ancianos que necesitan oxígeno y los enfermos de diálisis. Los médicos del hospital ya han anunciado que no se marcharán. Prefieren compartir la suerte de sus pacientes.

La evacuación forzosa de un millón de personas es un crimen de guerra. No hay vehículos suficientes y los más vulnerables no pueden recorrer veinte kilómetros, exponiéndose a los bombardeos.

Si Israel culmina con éxito su invasión, tal vez ocupe la franja de Gaza. Sería una nueva Nakba. Los dos millones de gazatíes pasarían el resto de su existencia en campamentos de refugiados en Egipto y otros países árabes.

Israel está violando las leyes del derecho internacional humanitario con el apoyo de EEUU y la UE. El conflicto no acabará con esta nueva tragedia.

No hay que descartar una escalada que provoque una nueva guerra en Oriente Medio. Muchos analistas apuntan que una confrontación de esta naturaleza podría ser mucho más desestabilizadora que la guerra de Ucrania.

De momento, la violencia se ha extendido a Cisjordania, donde los colonos y el ejército han asesinado a 44 palestinos, y HWR ha denunciado que el Tsahal está utilizando fósforo blanco en los ataques contra Gaza. El fósforo blanco provoca una sensación similar a ser desollado vivo.

La valla de Gaza es uno de los lugares más vigilados de la tierra. Hay torres de control cada 150 metros y los palestinos no pueden acercarse a menos de 200 metros sin recibir un balazo. Cuesta trabajo creer que ese barrera haya sido rebasada en 30 puntos, sin que el gobierno israelí lo supiera.

Netanyahu ha logrado que se olviden sus causas pendientes por corrupción y que se acallen las protestas por su reforma judicial. La incursión de Hamás ha resultado providencial para sus intereses.

Todo apunta que Netanyahu pretende vaciar Gaza de palestinos y sueña con hacer algo similar en Cisjordania.

Asistimos a una operación de limpieza étnica que incluirá una masacre. Gaza solo tiene 365 kilómetros cuadrados y una densidad de población semejante a la de una cárcel con un intolerable hacinamiento. No hay ningún lugar seguro.

El nuevo orden mundial del que se habló después del 11-S consiste en más guerras, nuevos genocidios, menos derechos y libertades.

No sé cómo finalizará el ataque de Israel, pero estas operaciones casi nunca salen como se planea. Solo hay una cosa segura: el mundo se volverá más violento e inseguro.

Rafael Narbona

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