El lenguaje corporal desvela el «mal rollo» entre el Rey y Sánchez: lo que realmente está sintiendo el monarca en estos momentos tan duros para España y para él, y que su cuerpo delata

El lenguaje corporal entre el Rey y Sánchez en la cumbre de líderes europeos que ayer tuvo lugar en Granada desvela muchas cosas.

Una escena impostada, según muestra el vídeo. Protocolarios todos. Mantienen las distancias y a la menor ocasión procuran alejarse el uno del otro, a bastantes metros además. La mujer de Sánchez es la que se comporta de forma más natural. Pero en lo relativo a Felipe VI y Sánchez, no hay auténtica relación entre ellos. Sánchez a la defensiva, se tapa sus partes. Se siente inferior al rey y eso le reconcome por dentro. Para un narcisista sentirse inferior es lo peor. El Rey es el único por encima de él y eso no lo aguanta.

En el momento inicial ambos, Rey y Sánchez, se protegen sus partes. Están a la defensiva, frente a un enemigo. Y procuran no ponerse abiertamente de frente con los brazos a los lados. Eso se hace con gente con la que hay confianza y que se agradan, ellos son oponentes.

El Rey se toca la nariz al encontrarse con Sánchez. Tocarse la nariz : es otro de los grandes conocidos en el lenguaje corporal. El principal significado es que la persona que realiza el gesto está mintiendo o fingiendo, pero en ocasiones, y en este caso es lo más probable, puede significar que la persona (el Rey) está enfadada o molesta.

Antes de tocarse la nariz, al tener que andar con Sánchez, el Rey ha hecho un gesto raro. Según el lenguaje corporal, podría ser una expresión de asco/repulsión hacia la otra persona (Sánchez). Se caracteriza por un arrugamiento de la nariz y un descenso general de la parte inferior de la cara, labio inferior, mandíbula y comisuras de los labios.

En el interior del enclave, el Rey se lleva instintivamente la mano al estómago, para proteger esa zona. Lenguaje corporal -si las personas muestran su abdomen es porque sienten confianza. El Rey muestra desconfianza hacia Sánchez, el cual “le revuelve el estómago“, como suele decirse. De nuevo la repulsión.

En resumen, el lenguaje corporal confirma los rumores lanzados por Alvise Pérez sobre que ambos mantuvieron un reciente encuentro, o más bien encontronazo, en Moncloa y Sánchez llegó a amenazar al monarca con un referéndum para escoger entre monarquía y república, ante la oposición cerrada del Rey a la amnistía anticonstitucional que pretende otorgar a los golpistas catalanes el perdedor de las elecciones, con el fin de perpetuarse en el poder. La respuesta de Felipe VI fue llamar a un Guardia Real para que acompañase a la salida a Sánchez, en lugar de a un miembro de su equipo de protocolo como es lo habitual. El Rey le estaba así indicando de forma sutil al aprendiz de sátrapa que aún contaba con fuerzas para evitar sus desmanes. Era un aviso real.

Tal amnistía implicaría que el régimen democrático ha sido en realidad un régimen autoritario, que las decisiones de los jueces de perseguir y encarcelar a los golpistas fueron arbitrarias y abusivas, y que el propio monarca actuó de forma despótica cuando defendió la unidad de España en su célebre discurso con el que reafirmó a la entonces desanimada nación española.  No solo eso: al borrar el pasado reciente del golpe de Estado protagonizado por los separatistas catalanes, los reivindica en sus aberraciones contra la soberanía nacional y el Estado de derecho, de forma que con toda probabilidad volverán a intentar separarse de España, alegando que hubo un abuso de poder contra ellos que ahora ha sido admitido por el propio gobierno español.

Con la citada amnistía no solo se quiebra la división de poderes (dado que a partir de ahora los políticos podrán rebatir las decisiones judiciales a su antojo),  y el respeto a la Constitución, sino también la igualdad entre españoles, pues existe unos golpistas a los que se les «borra» sus gravísimos delitos contra la nación español, mientras que cualquier españolito de a pie nunca podría tener esperanza en que las autoridades, por ejemplo las de Tráfico, le «borrasen» como si no hubiese existido una simple multa de tráfico. El ataque directo al régimen democrático y constitucional que nos dimos los españoles en 1978 lo hace Sánchez buscando única y exclusivamente satisfacer el ansia personal de perpetuarse en el poder, como buen ególatra tiranuelo que es.

 

 

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