Adriana Amado: “Es curioso que los porcentajes de indecisos coincidan más o menos con el porcentaje que en el barómetro de marzo del CIS decían que la situación política española es muy mala (32,4%) o que le interesa poco la política (32%). Si se suman las opciones de mala a la primera y poco y nada a la segunda, superan la mitad de los españoles. ¿Qué quiero decir con esto? Que en las elecciones de Trump y Bolsonaro la actividad en búsquedas fue un predictor de sus triunfos. No hay un personaje equivalente en España, pero está claro que el interés por Vox es superior al que se declara en las encuestas. Y eso puede cambiar mucho los resultados”/ “Hay un grupo importante de gente que le está diciendo a sus gobernantes que no cree nada de lo que le están diciendo” / “Es más fácil expresar públicamente la adhesión a ideas progresistas que a ideas reaccionarias, entonces Podemos tuvo mucha más efervescencia que Vox, que posiblemente saque más votos de los que la gente se anima a declarar en las redes o en las encuestas” | Tras pronosticar las victorias de Trump y Bolsonaro, la politóloga argentina, muy crítica con las encuestas tradicionales, pronostica que Vox sacará más escaños de los que se cree el 28-A –

Alertó a tiempo de la dimensión del fenómeno de Donald Trump. Luego hizo lo mismo con Jair Bolsonaro en Brasil. Ahora está viendo a Vox. Y aunque Adriana Amado no dice que el partido de Santiago Abascal vaya a ganar las elecciones, sí que está convencida de que la noche del 28 de abril podría ver a la nueva formación con una bolsa de votos (y escaños) mucho más llena de lo que hasta hace poco se creía.

Doctora en Ciencias Sociales y licenciada en Letras, la investigadora argentina Adriana Amado (@ladyaamado en Twitter) podría haberse refugiado a sus 53 años en la comodidad del debate teórico, pero se aburriría mortalmente: gran estudiosa de la política, de los medios y de la relación entre ambos, cree que las encuestas son un método, si no caduco, claramente insuficiente, desfasado de lo que está sucediendo en una sociedad que describe con precisión en su libro Política pop, de líderes populistas a telepresidentes. Y alerta del poder de la “huella digital”.

Descree, y mucho, de las encuestas. ¿Por qué?
Las encuestas son un instrumento anticuado que no se actualizó. La gente está hoy en escenarios de expresión de opinión distintos a los de la década de los 50, cuando se comenzó a hacer encuestas a domicilio. La gente, que hoy puede leer y conocer la opinión de su contiguo, genera mecanismos de preservación de su opinión. Nada dice que te llamen a tu casa y tú vayas a decir la verdad… ¡a un desconocido! O a un contestador automático que te pide que aprietes tal o cuál número según el candidato. Es como tirar una red en medio del océano y sacar tendencias. Lo paradójico del tema encuestas es que hoy existen métodos, como el seguimiento de la huella digital de los ciudadanos, que te da información indirecta.

¿Problemas?
Sí, te puede traer problemas en el trabajo o simplemente en el foro de debate en el que te empiezan a atacar, y no tienes ganas de eso… Y si te llaman a tu casa a la noche, ¿por qué les vas a decir a quién vas a votar? La verdad es que el porcentaje de gente informada es muy bajo, apenas una de cada 10 personas leen diarios todos los días, es algo uniforme en todos los países. Las encuestas están hechas para influir en el círculo de los hiperinformados. Y aunque en las encuestas la gente no diga la verdad, la gente actúa con verdad a la hora de votar. Hay que empezar a entender las acciones de la gente. Un indicador muy importante es el comportamiento digital, lo que comparten, lo que comentan… Justamente lo que hoy los medios no consideran.
¿Cómo de fuerte es, a su entender, el fenómeno Vox?
Me parece que Vox empieza a catalizar una indignación que muchos creían que era sólo con el PP. En España hay, como en otros países, un hastío de la clase política. El socialismo creyó que reemplazando al PP todo cambiaba, ¿y cuánto tardó el PSOE de Pedro Sánchez en cometer las mismas inequidades o cosas fastidiosas que Rajoy? Con un agravante, que es que a Rajoy no le gustaban mucho los medios. Pero a Pedro Sánchez, que le gusta más la tele que el jamón, te das cuenta enseguida de que el tipo está demasiado para la foto. Hay más imagen que sustancia, que es lo que nos hastía de la política. Y entonces vienen estos tipos de Vox y te dicen “vamos a romper todo”, “vamos a derribar”… La política está presa de lo políticamente correcto, así que cualquier partido que catalice ese fastidio va a tener apoyo. Primero lo tuvo Podemos y hoy lo tiene Vox. ¡Pero no porque la gente se haya hecho de ultraderecha, sino porque es el único partido que se decidió a patear el tablero! Si hubiera una izquierda dispuesta a patear el tablero, seguramente también tendría el apoyo de la gente. Hay un grupo importante de gente que le está diciendo a sus gobernantes que no cree nada de lo que le están diciendo.
¿Hay voto oculto de cara a las elecciones del 28?
No me extrañaría, aunque no hay datos todavía, que muchos de los votantes de Vox hayan sido votantes de Podemos. Es probable, porque la discusión en estos tiempos ya no es ideológica, es emocional. Creo que los candidatos de los partidos tradicionales son demasiado tradicionales. Puede haber un mensaje social de romper todo. Algo que en su momento catalizó también el independentismo catalán, ahí había gente que no quería la independencia, sino simplemente romper esquemas. En España pasa lo mismo que en Argentina, Estados Unidos y Brasil: la prensa está demasiado encerrada en la burbuja de la política tradicional. Si en vez de cuestionar a Vox y decir que los ciudadanos están locos se preguntara por qué pasa lo que pasa, se encontraría con claves para analizar el fenómeno. The New York Times envió cronistas al Medio Oeste a preguntar por qué votaron a Trump. Esas historias había que hacerlas antes, no después de las elecciones. Lo que hace falta es ir y preguntarle a la gente que vota a Vox qué es lo que vota. Lo fácil es decir que la gente se volvió facha o de ultraderecha, pero eso no te aporta nada.

El politólogo Andrés Malamud, profesor en la Universidad de Lisboa, dice que Vox surge por la renuncia del PP a representar al franquismo. Entiendo que no está de acuerdo.
El PP ya no representa nada, ningún partido representa nada, ni siquiera una variable ideológica tal como la conocíamos. No es que el PP sea gente de derecha, el PP representa quizás los valores más conservadores, el institucionalismo. ¿Es de derecha, de izquierda? Esa es una discusión de politólogos y de periodistas.
¿Vox es entonces el Podemos de este turno electoral?
En el siglo XIX los partidos se anclaban en un ideología, en el siglo XXI los partidos catalizan sentimientos. Si se abandona la idea de derecha e izquierda como factor de análisis, sí se puede decir que Vox cumple hoy cierta función de desahogo de un parte mayoritaria de la sociedad que no se siente identificada con las propuestas tradicionales. Pero estos partidos emocionales corren el riesgo de disolverse si abandonan la escucha de ese sentimiento y se vuelven uno más de la política tradicional. La diferencia entre esos partidos es que es más fácil expresar públicamente la adhesión a ideas progresistas que a ideas reaccionarias, entonces Podemos tuvo mucha más efervescencia que Vox, que posiblemente saque más votos de los que la gente se anima a declarar en las redes o en las encuestas.

Me comentaba que vio un reciente vídeo en el que Santiago Abascal, líder de Vox, defiende a Caperucita Roja. ¿Cuán efectivas son este tipo de apariciones? ¿Llegó a evaluar la huella digital que dejó?
Tremendo ese vídeo sobre Caperucita, tremendamente favorable para Vox, porque el poder del sentido común es demoledor. Ese tipo de comunicación sirve para conectar con el pensamiento llano y decirle a un montón de gente: “Hey, escuche, estoy diciendo lo que usted piensa”. Esa fue la operación de Trump y de Bolsonaro, que los habilitaba a que mucha gente que no suele expresarse públicamente sintiera que estos personajes podrían representarlos. Desde las cosas cotidianas establecían el contacto y después presentaban sus ideas de temas que seguramente el votante común no había pensado, pero que infiere que si en lo otro coincidían, seguramente puede coincidir en esto. Es una operación discursiva muy eficaz, porque se reafirma con las críticas del pensamiento políticamente correcto, que es el que muchas personas hoy están cuestionando.
¿Se atreve con un pronóstico para las elecciones españolas?
Es curioso que los porcentajes de indecisos coincidan más o menos con el porcentaje que en el barómetro de marzo del CIS decían que la situación política española es muy mala (32,4%) o que le interesa poco la política (32%). Si se suman las opciones de mala a la primera y poco y nada a la segunda, superan la mitad de los españoles. ¿Qué quiero decir con esto? Que en las elecciones de Trump y Bolsonaro la actividad en búsquedas fue un predictor de sus triunfos. No hay un personaje equivalente en España, pero está claro que el interés por Vox es superior al que se declara en las encuestas. Y eso puede cambiar mucho los resultados.

https://www.elmundo.es/papel/lideres/2019/04/18/5cb70f8821efa0495d8b4617.html

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