Las osas cantábricas, si tienen crías de un año, renuncian a hibernar. Se sospechaba y ahora se ha confirmado gracias a un estudio.
Una de las conductas oseras más conocidas es la hibernación. Sin embargo, en la cordillera cantábrica hay osos que renuncian a ese descanso invernal. En concreto, las osas con crías de un año y las oseznas recién emancipadas. Así lo corrobora un estudio dirigido por Carlos Nores, investigador de la Universidad de Oviedo y vicepresidente de la Fundación Oso Pardo.
Durante diez años de seguimiento exhaustivo de las poblaciones oseras oriental y occidental, los expertos han comprobado que «entre diciembre y marzo no disminuye nada la frecuencia de aparición de huellas de las hembras con crías» y la de las oseznas de dos años «disminuye un poquito», mientras que las huellas del resto de la población «prácticamente desaparecen»,afirma Carlos Nores.
La razón de esa actividad de las osas madres responde, según los investigadores, al instinto de supervivencia.
«Las crías sólo asimilan el uno por ciento de la energía que gasta su madre en amamantarlas», explica el director del estudio, por lo que las osas se ven obligadas a la búsqueda continua de alimentos, aprovechando además que los inviernos cantábricos no son muy severos. «Pensamos que evolutivamente es una estrategia útil el ir a buscar alimento en invierno, porque eso aumenta las expectativas de supervivencia del grupo familiar», asegura Nores.
El trabajo, que se ha publicado en la revista ‘Acta Theriologica’, está sirviendo ya de modelo para investigaciones similares sobre las poblaciones de osos de Italia y Croacia.