Dícese del día en el que don Agapito, ávido de seguir haciendo fortuna de forma sencilla y poco decorosa, observo que existía una mina de oro sin explotar y que, a buen seguro, daría gruesos beneficios. Comenzó a indagar y observó que, por extraño que pareciera, a nadie se le había ocurrido tal grande obra que supondría hacer dinero de forma fácil y rápida.
Don Agapito, asesorado por sus abogados, contables, financieros y responsables de marketing, todos ellos de las mejores familias, pensó que todo ello sonaba francamente bien pero que, generalmente, hacer dinero fácil solía ser antijurídico, o eso le había dicho siempre su padre.
Lo dicho, nuestro protagonista, amparado por sus asesores dijo: “¡Tate! Como tengo el control del poder legislativo en mi región, le daré carácter de norma!
Y desde aquel día, hacer dinero fácil se convirtió en algo amparado legalmente.
Pero el sistema no funcionaba como…
Ver la entrada original 730 palabras más