De llevar el bikini a Benidorm a paralizar la exhumación de Franco

Francisco Javier era el pequeño de cuatro hermanos y quizá el que más admiraba a su padre. Una docena de fotografías suyas decoran el recargado despacho que heredó de él en el centro de Madrid. Su padre era don Pedro; no hacía falta más para identificarle en Benidorm. Fue el alcalde que transformó un pueblo de pescadores de apenas 2.000 habitantes en la meca del turismo de sol y playa y los paquetes vacacionales para la clase media europea. Un visionario del turismo en los años 50 que autorizó el uso del bikini en sus playas. Falangista convencido, también. Fiel a Franco hasta su muerte. Y padre del hombre que -quién se lo iba a decir- ha logrado esta semana suspender la autorización municipal de obra para retirar la lápida del dictador del Valle de los Caídos.

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