perjuicios para otros sectores, sin amenazar las opciones de futuro, como en el occidente de
Asturias, en Salave, donde la administración y las empresas mineras del oro, quieren imponer su
alternativa destructiva sobre la vida y tradiciones de agricultores/as, ganaderos/as,
mariscadores/as, pescadores/as, o sobre el turismo, la educación, la salud.
O como en Touro, por donde además de las actividades rurales mencionadas, un proyecto minero
de cobre se encuentra al paso de la última etapa del Camino de Santiago, ahora amenazado,
que acumula múltiples denuncias por contaminación de vertidos de aguas desde el cierre de la
anterior explotación cerrada y sin restauración desde hace más de 30 años. Y en las Villuercas,
Cañamero lleva 100 años con la colonia agrícola funcionando y fijando población.
Se amparan en la sostenibilidad, pero agotan recursos naturales no renovables, eliminan la tierra
fértil que permite la alimentación, queman ingentes cantidades de combustibles fósiles y de
energía, acaparan grandes cantidades de agua para contaminarla con metales pesados y tóxicos
químicos, y abandonarla posteriormente. Eso entre otras muchas cosas temen en Ávila, en la
Sierra de las Yemas y en el Valle del Corneja.
Nos dicen que es en nombre de la Transición Energética y de la propaganda que promueve los
coches eléctricos como la alternativa «cero emisión» y amiga del ambiente, pero la afrontan con
hipocresía, proyectando minería de litio y otras materias primas en lugares Patrimonio Mundial
Agrícola como Covas do Barroso, en Portugal; y en lugares Patrimonio de la Humanidad como la
ciudad de Cáceres, pretendiendo monopolizar y agotar recursos naturales con el agua, el aire, los
suelos de alta calidad para producir y consumir más y más.
Ocultan y niegan consecuencias de los proyectos mineros, sin ninguna transparencia,
abusando de la población, aprovechándose del desconocimiento, sin informar de las auténticas
intenciones, ni de futuras ampliaciones, ni de riesgos como vienen denunciando desde Llano del
Beal la contaminación por metales pesados; e incluso pretenden introducir material sesgado y
falso en las escuelas, como en el caso de Galicia, donde, con ayuda de los medios de masas,
lavan una imagen que no pueden ocultar, la de la realidad.
La única realidad es que estas empresas que quieren instalarse en nuestros territorios no buscan el beneficio de los lugares donde quieren instalarse, sino que persiguen su propio beneficio expoliando y destruyendo todo lo que encuentran a su paso. Prometen una restauración a la que le falta concreción en los planes presentados.
Las plataformas antimegaminería de la península Ibérica continuamos y continuaremos, como hemos venido haciendo hasta ahora, trabajando sin aliento, para que la ambición de unos pocos no esté por encima de los derechos de la ciudadanía.