
(Artículo compuesto usando algunas citas textuales de José Manuel Prada. Véase arriba el artículo completo).
«Cualquier persona que no haya perdido el ‘oremus’ sabe que lanzar en represalia a un ataque terrorista miles de bombas sobre un territorio donde se hacinan dos millones de personas sin posibilidad de escapatoria es una bestialidad desorbitada».
Incluso en estos tiempos de oscuridad, hasta hace poco por lo menos, «aflora(ba) en las conciencias la convicción de que los crímenes no pueden ser respondidos indiscriminadamente, haciendo pagar a justos por pecadores». Pero ya no más, la degradación moral ha llegado al máximo: «Sobrecoge comprobar que esta convicción se ha desmoronado en la conciencia de nuestra época, que contempla con naturalidad -y hasta jalea- los bombardeos indiscriminados sobre Gaza; y que, en el colmo de la hemiplejía moral, señala como ‘antisemitas’ (como si los palestinos no fueran también un pueblo semita)a quienes se atreven a denunciarlos».
«Este pavoroso eclipse de la conciencia parece afligir de manera todavía más desquiciada a las gentes de derechas, convencidas de que Israel actúa como una especie de ‘katejon’ [obstáculo] frente a la barbarie musulmana. Especialmente lastimosa resulta esta actitud en muchos sedicentes católicos, que ni siquiera atienden las lágrimas angustiadas de los cristianos palestinos».
Si los de izquierdas «defienden a los palestinos, inmediatamente resolverán las derechas que los palestinos encarnan el Mal».
No importa que a los palestinos lo masacren en un goteo continuo durante 70 años, los encierren en campos de concentración, les corten toda posibilidad de desarrollo económico y de tener su propio Estado. Si las izquierdas los defienden, las derechas concluyen que no pueden ser buenos y que por tanto son susceptibles de eliminación, pues pertenecen al Islam «invasor» y por tanto puede Israel deshacerse de cuantas familias, hombres, mujeres, niños, ancianos, enfermos quiera, dado que pertenecen a esa raza «inferior y maldita que son todos terroristas». Sin ningún compás moral, con la brújula de los principios judeocristianos totalmente perdida, la derecha ha unido el temor a la masiva inmigración ilegal de los países islámicos con la idea de que «hay que aniquilar a la población en masa de esos subhumanos que, almacenados en una cárcel y oprimidos al extremo, aún se atreven a jalear a los terroristas que cometen actos extremos y horribles contra sus opresores».
¿Cómo osan los palestinos de Gaza preferir a los cruentos terroristas de Hamas a sus captores y torturadores israelís? ¿Cómo osan soñar que un día podrán recuperar su tierra y vivir una vida digna en el territorio que les fue arrebatado? ¡No, deben vivir y morir hacinados, controlados por sus carceleros israelís, sin derechos humanos, pues no son humanos, son malas bestias y como tales no importa que mueran por decenas de miles! ¡Incluso sus niños deben morir, pues el día de mañana serán salvajes terroristas islámicos que cometerán nuevas atrocidades a la primera ocasión! Se le niega al pueblo palestino hasta la misma condición de pertenecer a la raza humana y se le mira con la supuesta superioridad de Occidente: son «gente primitiva, bárbara y bestial». ¡En vez de aceptar sumisamente la cárcel en vida y soportar calladamente su liquidación como pueblo, se atreven a resistir y a cometer atentados abominables, porque si no han sido ellos, ha sido Hamas (financiado por Occidente, por cierto), y entonces ese pueblo esclavizado y destrozado por los sionistas es lo peor, y debe ser arrasado en su totalidad cuanto antes; «no son personas, son animales», dicho por el genocida gobierno israelí de Netanyahu.
Por todo lo anterior, la Humanidad está al final del recorrido. La posibilidad de que efectivamente nos encontremos en los Últimos Días, días apocalípticos, es casi ya una certeza. Existe ya tanta abominación en este planeta por doquier, nos hemos degradado moralmente hasta extremos nunca vistos desde los días previos al Diluvio Universal, que el supuesto lamento de la Virgen María en una aparición privada: «Cuando mi Hijo vuelva, ¿encontrará Fe sobre la Tierra?», se demuestra plenamente justificado.
Fuente: jw.orgAlgunas profecías de la Biblia sobre los últimos días
La Biblia predijo muchas cosas que ocurrirían al mismo tiempo y serían la “señal” de los últimos días (Lucas 21:7). Veamos algunos ejemplos:
Guerras por todo el mundo. Jesús dijo que pelearía “nación contra nación y reino contra reino” (Mateo 24:7). Además, en Apocalipsis 6:4 la guerra aparece representada como un jinete simbólico que quitaría “la paz de la tierra”.
Hambre. Jesús dijo que habría “hambre” (Mateo 24:7). Apocalipsis habla de otro jinete simbólico que, al cabalgar, causaría hambre en muchas partes del mundo (Apocalipsis 6:5, 6).
Grandes terremotos. Jesús dijo que habría “terremotos en un lugar tras otro”, es decir, por todo el mundo (Mateo 24:7; Lucas 21:11). Estos grandes terremotos provocarían más sufrimiento y muertes que nunca antes en la historia.
Enfermedades. Jesús predijo que habría epidemias de “enfermedades terribles” (Lucas 21:11, Biblia en Lenguaje Sencillo).
Delincuencia. Aunque siempre ha habido delitos, Jesús predijo que en los últimos días aumentaría “la maldad” (Mateo 24:12).
Daños graves al planeta. En Apocalipsis 11:18 leemos que la humanidad estaría “destruyendo la tierra”. Esto incluiría no solo actos violentos y corruptos, sino también daños al medioambiente.
La gente sería cada vez peor. Hablando de la gente en general, la Biblia predijo: “Serán […] desagradecidos y desleales […], no estarán dispuestos a llegar a ningún acuerdo, serán calumniadores, no tendrán autocontrol, serán feroces, no amarán lo que es bueno, serán traicioneros y testarudos, estarán llenos de orgullo” (2 Timoteo 3:1-4). Estas actitudes llegarían hasta tal punto que la Biblia dice que esos tiempos serían “críticos y difíciles de soportar”.
Familias rotas. En 2 Timoteo 3:2, 3, la Biblia dice que muchas personas no sentirían “cariño natural” por sus familias y que los hijos serían “desobedientes a los padres”.
La gente dejaría de amar a Dios. Cuando Jesús dijo que se enfriaría “el amor de la mayoría”, se refería a que la mayor parte de las personas dejaría de amar a Dios (Mateo 24:12). Y en 2 Timoteo 3:4 también se dice que, en los últimos días, estas personas amarían “los placeres en vez de a Dios”.
Hipocresía religiosa. En 2 Timoteo 3:5, la Biblia predijo que las personas dirían que adoran a Dios, pero su forma de vivir indicaría lo contrario.
Las profecías bíblicas se entenderían mejor. El libro de Daniel predijo que en “el tiempo del fin” muchos entenderían mejor las verdades de la Biblia. Por ejemplo, comprenderían con exactitud las profecías sobre este tiempo (Daniel 12:4).
Se predicaría el mensaje de la Biblia por todo el mundo. Jesús predijo: “Las buenas noticias del Reino se predicarán en toda la tierra habitada” (Mateo 24:14).
Indiferencia y burlas. Jesús dijo que la gente en general no haría caso a las pruebas innegables de que el fin estaba cerca (Mateo 24:37-39). Y no solo eso, 2 Pedro 3:3, 4 dice que las personas se burlarían de estas pruebas y dirían que no demuestran nada.
Se cumplirían todas las profecías. Jesús dijo que en los últimos días se cumplirían todas estas profecías a la vez, no solo unas pocas o la mayoría de ellas (Mateo 24:33).