La dirección andaluza del PSOE no fue consciente de su debilidad hasta el Comité Federal del pasado 17 de marzo. De allí salieron heridos con un rejonazo que parecía de muerte en el eje del poder que habían ejercido hasta ahora. Ferraz manda sobre Andalucía y no hay más que hablar. De momento. Porque en el PSOE también ha habido resurrecciones impresionantes, véase al propio Falconetti.
Fuentes socialistas recuerdan precisamente ahora que en las autonómicas «hubo papeletas del PSOE con nombres tachados, hubo brazos caídos y desmovilización de los sanchistas». Exactamente la misma estrategia que algunos aseguran que seguirá la lideresa andaluza. Las urnas dirán si fue así o no pero lo que es cierto es que junto a las papeletas con el logo del PSOE se está allanado el camino para el final político de Susana Díaz. Ella lo sabe. Y está actuando en consecuencia.
Y hace bien. Se está dirimiendo no solo el futuro político de un líder o otra, sino también todo el destino de un partido que acumula 138 años de existencia. Su deriva podemita, que lidera Pedro Sánchez, solo puede acabar en desastre, para el PSOE y para toda España; por eso, cuanto antes se ponga Susana Díaz las pilas, mejor.
La diferencia entre el pasado y el presente es el pulso que Susana Díaz ha echado a Pedro Sánchez, un enfrentamiento que en vez de ir a menos ha ido a más y que va a terminar con uno de los dos fuera de la política. Y tiene todos los visos de que la perdedora sea la lideresa andaluza. La pérdida de la Junta de Andalucía ha sido un golpe del que tendrá muy difícil, si lo consigue, recuperarse. Porque en la dirección federal tiene un campo de minas. No se trata sólo de que Pedro Sánchez sea su enemigo abiertamente sino de que en Ferraz no cuenta con ningún aliado. Exactamente lo mismo que le va a suceder en el Congreso y en el Senado a partir del próximo 28 de abril.
Desde que Sánchez llegó a la Dirección Federal del PSOE encargó a su gente en Andalucía que se hiciese con el control del partido. Un trabajo de fontanería que la dirección regional siempre ha negado alegando la fortaleza del susanismo, que ellos estimaban inexpugnable. Es más, han argumentado que el sanchismo no existía en Andalucía más allá de los cuatro nombres conocidos. Sánchez ha logrado encajar a muchos de sus partidarios en huecos del PSOE andaluz, pero… ¿hasta qué punto? La respuesta se verá en el grado de abstencionismo del voto socialista el 28A.
Mientras mejor le vaya a Sánchez, peor le irá a Susana Díaz. Y viceversa
Fuentes socialistas recuerdan precisamente ahora que en las autonómicas «hubo papeletas del PSOE con nombres tachados, hubo brazos caídos y desmovilización de los sanchistas». Exactamente la misma estrategia que algunos aseguran que seguirá la lideresa andaluza.
Las urnas dirán si fue así o no pero lo que es cierto es que junto a las papeletas con el logo del PSOE se está allanado el camino para el final político de Susana Díaz. Ella lo sabe. Y está actuando en consecuencia.
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