GUERRA EN EL PSOE (IV) EL SANCHISMO LLEVA AL PSOE A LA DESAPARICIÓN EN MAYO – Felipe, Guerra, Page, Lambán… Ofensiva en el PSOE por temor a un descalabro el 26-M / El 60% del partido y sus votantes contemplan horrorizados las locuras y abusos de Sánchez / La creciente preocupación habita en muchas esquinas del partido, no solo entre los que en su día apoyaron a Susana Díaz- El Confidencial

El Confidencial.-

Pedro Sánchez sigue con sus descabellados y enloquecidos planes, cual capitán Acab en pos de su Moby Dick particular, que nadie sabe cuál es. Sin modificaciones, al menos por ahora, sobre su hoja de ruta, que de nuevo resulta desconocida, pero que solo parece llevar al descalabro generalizado de él, de los suyos, y de cualquiera que pase por allí en los próximos tiempos.

En el PSOE, el coro de voces críticas a su último movimiento —la aceptación de esa tercera persona neutral en las conversaciones, como un gesto claro de acercamiento a unos independendistas cuyo voto es fundamental para salvar los Presupuestos— va engrosando. Habló Felipe González. Cargó contra la “confusión” en la que está inmerso el diálogo con Cataluña (“no necesitamos relatores”). Antes que él lo hicieron varios barones y dirigentes socialistas, en los que opera, entre otras razones, el temor al abismo en la decisiva cita con las urnas del 26 de mayo.

Pero Sánchez no tiene previsto corregir el rumbo. Tampoco después de que el PDeCAT anunciara que se suma a ERC y que presenta este viernes enmienda de totalidad a las cuentas de 2019. No solo emula a Acab, también a Nerón ante el incendio de Roma. La linde se acaba, pero el tonto (y sinvergüenza) sigue. 

El presidente ha navegado estos ocho meses con cierta tranquilidad interna. Atravesaba algunas semanas negras, sí, pero esas crisis no impactaban en el casco del barco. En el PSOE. Pero la gestión del diálogo con Cataluña es el verdadero pantano que divide al partido. Lo dividió en las primarias y lo cuartea ahora de nuevo. La espita ha sido esa figura del relator que eclosionó formalmente el martes, apenas horas después de que ERC registrara su enmienda de devolución. Carmen Calvo confirmó esa cesión a las demandas del soberanismo —siempre empeñado en elevar de nivel el conflicto, para presentarlo como una pugna entre Cataluña y España que necesita de mediación internacional— en unas declaraciones en los pasillos del Senado.

El fuego interior comenzaba a rugir. Disparó primero la exportavoz socialista Soraya Rodríguez, pero también el secretario de Política Federal de la ejecutiva, el exlendakari Patxi López. Calvo intentó aplacar las críticas en dos fases: primero en una entrevista en la SER y después en una rueda de prensa convocada de improviso en la Moncloa. Los 63 minutos de su farragosa comparecencia no sirvieron para aclarar las dudas ni del continente (la mesa de partidos) ni del contenido (qué se hablará en ella).

La vicepresidenta del Gobierno, a la que Sánchez ha encomendado la interlocución con Cataluña, explicó que se trataba de sumar un tercer espacio de diálogo a los dos ya existentes. A saber: la comisión bilateral Generalitat-Estado, en la que se sientan solo los dos ejecutivos y que es un foro institucional, y la mesa de partidos catalanes montada en el Parlament a instancias del PSC, de la que no participan PP, Ciudadanos ni la CUP. El nuevo espacio, “menos riguroso y constreñido“, estaría fuera de las instituciones: una mesa de partidos con un relator a la cabeza. Pero Calvo no quiso precisar si esa mesa sentaría solo a fuerzas catalanas o, como quiere el Govern, a formaciones de ámbito nacional. El Gobierno quiere que ahí se hable de una salida política para Cataluña que suscite un consenso mayoritario, pero ERC y PDeCAT insisten en que ahí se ha de discutir sobre el ejercicio del derecho de autodeterminación, que los socialistas rechazan de plano porque no cabe ni en la Constitución ni en el Estatut.

Las palabras de Luis Tudanca, sanchista indiscutible, eran la prueba más palpable de que el malestar habitaba en muchas esquinas del PSOE

PP y Ciudadanos pusieron el grito en el cielo y convocaron una manifestación para el domingo en Madrid a la que acudirá Vox. Pero desde dentro del PSOE siguió bullendo el malestar. El partido convulsionaba.

Eran los presidentes de Castilla-La Mancha, Aragón y Extremadura, Emiliano García-Page, Javier Lambán y Guillermo Fernández Vara. Era, aunque de manera más matizada, el barón valenciano, Ximo Puig. Era uno de los santones del socialismo, el exvicepresidente Alfonso Guerra. Pero era también el secretario general del PSOE de Castilla y León, Luis Tudanca, sanchista de credenciales indiscutibles. El descontento de este último —reconocía que se había explicado “mal” la figura del relator y se apuntaba a la petición de Page de una convocatoria del consejo territorial del PSOE, que Ferraz rechazó— era la mejor prueba de que la preocupación habita en muchas esquinas del partido, no solo entre los que en su día apoyaron a Susana Díaz.

Ferraz distribuyó rápidamente un argumentario de dos páginas bastante más preciso que Calvo. Y el secretario de Coordinación Territorial, Santos Cerdán, mano derecha del responsable de Organización, José Luis Ábalos, se ocupó entonces de tomar la temperatura al PSOE y de pedir contención.

Llamó a Page para demandarle prudencia en sus palabras, pero también conversó con otros dirigentes regionales. Y pudo comprobar, según fuentes de Ferraz, que la inquietud estaba mucho más extendida.

Que latía un temor a un retroceso del PSOE en las municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo, un castigo por la estrategia de distensión con Cataluña.

Y también porque muchos entienden que la vía escogida por el Gobierno, concretada en la imagen maldita del relator —concebida como una cesión clara a los soberanistas para intentar salvar los Presupuestos—, no es la correcta y no se entiende. Es decir, pesa no solo el miedo a un naufragio en las urnas, muy poderoso cuando quedan apenas tres meses, sino también las “convicciones” y la “coherencia.

Incluso en el Gobierno hay quienes recelan de las “ocurrencias” de Calvo y de su comunicación, pero la inquietud es más profunda es por el ser del partido.

Incluso en el Ejecutivo hay miembros que se sienten perdidos con estos últimos movimientos. Algunos recelan, y mucho, de Calvo, por sus “ocurrencias” y su “pésima comunicación“, pero la inquietud es más de fondo.

“¿Para qué están los parlamentos, sino para servir al encuentro de los partidos? —se preguntaba un ministro—. ¿Y necesitamos recurrir a un relator cuando hay letrados a patadas? ¿Y para qué negociamos con una ‘consellera’ [Elsa Artadi] que se va a ir en unas semanas como candidata a las municipales de Barcelona?”.

Cerdán no logró contener de todo el rugido interno.

Page enlazó varias entrevistas en medios audiovisuales este jueves, reiterando que sigue sin ver la figura del relator y que, si se quiere un mediador, que lo sea el Congreso, como le dijo Sánchez a Carles Puigdemont en plena crisis de 2017.

El propio presidente manchego verbalizó ese temor a que la marea que inesperadamente se llevó por delante al PSOE andaluz arrastre a barones y alcaldes el 26-M.

“Yo soy contrario a la gente que le quita importancia o que no ha visto relación con lo que ha pasado en Andalucía. Por favor, vamos a ser sinceros. Si el tema del independentismo en Cataluña lleva 15 o 20 años condicionando y mediatizando todo el debate“, afirmaba. El propio Sánchez y su núcleo duro en la Moncloa están convencidos de que el conflicto soberanista no fue decisivo en las autonómicas andaluzas.

El “dichoso relator” está creando “confusión” por las contradicciones entre Gobierno y Generalitat, dijo este jueves Lambán. Él había sido de los primeros en mostrar su disconformidad con los pasos de Sánchez, al advertir de que “aprobar un Presupuesto no justifica cesiones que pongan en cuestión la Constitución”. El presidente ha sido “sorprendido en su buena fe”, agregó el jefe del Ejecutivo aragonés, por unos independentistas que “desde los tiempos de Azaña y pasando por los políticos de la Transición, son congénitamente desleales, mentirosos y no se puede fiar uno de ellos”. Lambán, al igual que Page, bajaba el tono de hostilidad contra Sánchez, pero ambos dejaban el recado igual de vivo.

“No necesitamos relatores”

Cerraba el círculo Felipe González. No se esperó a hacer declaraciones en ningún acto. Su fundación distribuyó un vídeo en el que lanzaba un misil al líder socialista: “No necesitamos relatores“. Cargaba contra la “confusión” de las últimas horas, debida a que el Gobierno no ha sabido “aclarar el perímetro del diálogo” con los soberanistas. No tiene ningún sentido, razonaba, una mesa de partidos decidida por un Govern que “no permite funcionar al Parlamento”, como tampoco tiene sentido la figura de una persona que tome nota cuando en una Cámara “sobran los notarios, los asesores jurídicos“. Tampoco se necesita una mesa con formaciones estatales, porque ya está para eso el Congreso, en el que todos están representados. No tiene, a su juicio, sentido sacar el diálogo de los muros del Parlament o de la Cámara Baja, “salvo que se pretenda degradar institucionalmente“, y eso es “muy peligroso” para el funcionamiento de la democracia, del Parlament y del Congreso.

“Debemos decir que con los independentistas no se puede hablar de nada. No tiene sentido una concesión a cambio de nada”, señala un dirigente

Poco después de que trascendiera el vídeo de González, el PDeCAT confirmaba que presenta este viernes su enmienda de totalidad a los Presupuestos, aunque dejaba la puerta abierta a retirarla en el último momento si se cerraban las negociaciones de esa mesa de partidos.

El anuncio arrojaba más desolación en las filas del PSOE.

Es el peor escenario. Hemos cedido y encima podemos no sacar los PGE. Sería un pleno al quince. Podía verse que esto no iba a ningún lado, y encima quienes metemos la pata somos nosotros”, indicaban con estupor en Ferraz.

“¿Ahora qué hacemos? Pues lo que teníamos que haber hecho antes de la bobada del relator. Decir que con esta gente [los independentistas] no se puede hablar de nada. No tiene sentido una concesión a cambio de nada. Si no hay Presupuestos, no hay concesiones”, sentenciaba un miembro de la ejecutiva federal. Otros responsables se quejan de que Sánchez “no escucha al partido” y no oye el clamor que trasladan muchos dirigentes.

En la cúpula insisten en que lo preocupante no son los comentarios de dirigentes que en el pasado fueron hostiles al líder (Page, Lambán, González, Guerra…), sino lo que expresan mandos muy próximos al jefe, como inquieta que, tras este arriesgado viaje, el PSOE salga del poder y quede “descolocado” del tablero por muchos años.

 “Mi radical discrepancia con Pedro, desde finales de 2015 [tras las generales del 20-D], se debe a su disposición a pactar con los independentistas. Esto es lo que tiene abierto en canal al PSOE desde hace más de tres años“, manifiesta un presidente autonómico.

 

Y, mientras, Susana Díaz calla. La secretaria general del PSOE andaluz aún no se ha pronunciado sobre los últimos pasos de Sánchez con Cataluña, y eso que el miércoles se esperaba que hablara en los pasillos de la Cámara autonómica y así incluso dijeron que lo haría gente cercana a ella. Fueron Mario Jiménez, portavoz parlamentario, y Verónica Pérez, líder del PSOE en Sevilla, quienes respondieron sobre la oportunidad de un relator, y lo hicieron con mucha más tibieza que otros barones.

Cuando se pregunta en el equipo de Díaz por este silencio, se limitan a asegurar que “todo el mundo sabe en qué posición está el PSOE andaluz”.

Es la misma consigna que llevó a la líder socialista a estar callada toda la campaña electoral sobre Cataluña, a pesar de que los líderes de la oposición de PP, Cs y Vox convirtieron el papel de Sánchez respecto a los independentistas en protagonista de los comicios andaluces. Cuando el PSOE perdió la Junta, Díaz reconoció que se había “equivocado” por callar e incluso se sumó a los dirigentes que pidieron aplicar el 155 de nuevo. No hay “un conflicto político entre dos gobiernos de igual a igual” sino “un pulso y un desacato al Estado de derecho”, sostuvo tras pasar a la oposición.

La baronesa andaluza, Susana Díaz, junto a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, y el delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, este 7 de febrero en Sevilla. (EFE)
La baronesa andaluza, Susana Díaz, junto a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, y el delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, este 7 de febrero en Sevilla. 

El silencio de Díaz no debe confundir sobre sus movimientos internos. En las últimas semanas, ha viajado a Madrid para reunirse con dirigentes del PSOE y también con periodistas. Según confirmó ‘El País’, Díaz se reunió con Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero o Alfredo Pérez Rubalcaba. En Andalucía se sentó también con los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán. ¿Trama algo? O mejor dicho, ¿qué trama?

Díaz y los demás barones aspiran a que quede claro que si los resultados del 26-M no son los esperados, se achaque la responsabilidad a la actuación de Sánchez con Cataluña y no a la falta de sintonía con Ferraz. Es algo además que también han pedido algunos candidatos y regidores del PSOE en Andalucía directamente a la ejecutiva del PSOE regional, muy preocupados por que al actual clima adverso para el partido se sume el resurgir de la guerra interna. Con todo, Díaz hablará, dicen los suyos, “cuando tenga que hacerlo”.

El problema es que, si los barones esperan demasiado en actitud pasiva, no les quedará partido desde el que hablar, porque se les encogerá hasta quedar reducidos a mínimos desde mayo. VUELVEN A EQUIVOCARSE EN LOS TIEMPOS

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el pasado 6 de septiembre en la Moncloa. (EFE)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el pasado 6 de septiembre en la Moncloa. 

Hay cargos socialistas muy escépticos, que recuerdan que Cataluña agita mucho a la derecha, la saca a las calles y a las urnas, pero no moviliza a la izquierda.

Porque el peligro cierto es el de una alta abstención en las próximas elecciones de la extrema izquierda sanchista y podemita -eso, si no se unen a VOX para pegar un puñetazo en la mesa, que hay muchos ex votantes socialistas que se lo están pensando. 

 

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