Pastrana, el ingenioso azote de Rufián en Twitter , da la cara: es un alcalde de Teruel – El Mundo

Comienzo: Era un anónimo tuitero, azote de Rufián, políticos independentistas y/o de izquierdas. Hasta que desvelaron su identidad para acabar con él.

Ya quisiera haber durado la república catalana lo que mi anonimato en Twitter». Es el mensaje de Pastrana del jueves 1 de febrero a las 17:50. Lo escribe y publica minutos después de conversar con Crónica. De aceptar dar la cara. De contar quién es, pero con su voz, no por ataques virtuales o por venganza de otros tuiteros. «Soy José Miguel Aspas, un ciudadano, y el alcalde de un maravilloso pueblo llamado Villar del Cobo, en Teruel». Tiene voz grave, cejas gruesas, chaqueta negra y afeitado al ras. Era -y es- quien se ha ido ganando seguidores tuit a tuit contrarrestando con ironía a políticos como Gabriel Rufián. Con sus mismas armas, con su mismo lenguaje. Tabarnia en versión tuitero.

Ya quisiera haber durado la república catalana lo que mi anonimato en Twitter.

«El día que se sepa quién eres nos vamos a reír, crack», lanzó Rufián el 23 de enero de 2018. Era la respuesta del diputado de Esquerra a un tuit de Pastrana: «Oye, @gabrielrufian, que te quede muy claro: yo ni “soy” de Ciudadanos, ni “soy” del PP, ni “soy” de nadie. Yo me gano la vida con mi trabajo, más duro y peor pagado que llevar una impresora al Congreso». Decía la verdad. Es político pero no cobra salario por ello. Es arquitecto y vive de su trabajo como tal. Graduado de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, la más antigua de España, donde se graduaron Moneo y Fisac, por cierto. Se considera un modesto trabajador, que perdió un 60% de sus ingresos durante la crisis.

El 26 de febrero de 2018 otro tuitero, apodado Esparroquí, soltó su identidad. «Resulta que Pastrana es un Alcalde del PP». Curiosamente, Esparroquí también es anónimo. La apisonadora cayó sobre José Miguel, el arquitecto del que sólo 12 personas conocían quién era en esta red social. «El personaje Pastrana nace tras el recuerdo de párvulo de infancia, el trazo de un perfil y una gorra. El nombre es por un pueblo de Guadalajara». Con este mensaje dejaba el anonimato. Se desvelaba que era un edil elegido por el PP. «Así es. Pero soy independiente. Y no cobro ningún salario por mi puesto. Ni dietas. Hasta la gasolina de mi coche sale de mi bolsillo».

Se convirtió en tendencia. Tuvo más de 68.000 menciones. Algunas de apoyo. En otras le amenazaron incluso con ir a su pueblo a lincharle. ¿Por qué? La impotencia de independentistas y de una izquierda mayormente podemita a quienes les dolían sus mensajes. «Yo fui de izquierdas de joven, por corazón. Pero como dicen, cuando lo eres de adulto es que no tienes cabeza. Le llamo evolución», cuenta a Crónica. Se confiesa liberal, «seguidor de Von Mises y Hayek». Y es de orgulloso origen humilde. «Nací en Madrid, me crié en Carabanchel, al final de la calle Eugenia de Montijo». Sus padres sacaron adelante a sus dos hermanos y a él.

El chico de Carabanchel se convirtió en trending topic mundial. «Es una locura. Qué necesidad tienen los chinos de saber de un tipo que se llama Pastrana». Soportó el acoso, estoico. Para comenzar a hacer sus contragolpes. Soltero y sin hijos, asumió los golpes vía teclados anónimos y de influencers gauche caviar con cientos de miles de seguidores que le señalaban. Se refugió en su trabajo. Ocultó su cuenta por breve tiempo para proteger a los suyos.

Y volvió con sus golpes. Con sus montajes efectistas como el de Puigdemont dentro de una alcantarilla. O un lapidario «18 meses de plata» dirigido a Rufián, una parodia del «155 monedas de plata» y de la frase que soltó grandilocuente el de ERC: «En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la república catalana». Su cuenta creció y está a punto de cruzar el umbral de los 100.000 seguidores. Nada mal para el alcalde al que votaron 69 de su pueblito de 187 habitantes. «No sé cómo pasó, les agradezco a mis vecinos». Eran 188 hasta que esta semana murió un poblador. «Es un pueblito que sufre la despoblación. Se siente cada muerte».

Ha disfrutado esta semana la pillada a Puigdemont y sus mensajes de móvil: «Servicios de mensajería que tienen protocolos de seguridad imposibles de descifrar y al final resulta que tienes detrás a un tipo que le echa una foto a la pantalla de tu móvil…». Y otro fotomontaje: «El Game Over» de Rufián. Ambos superan los 3.400 retuits y las 6.700 veces etiquetados como favoritos. Disfruta de sus mensajes que a veces escribe disfrutando el aire fresco y bucólico de Teruel. «Ellos no soportan el tono. Menos la ironía. El independentismo y la ironía no se llevan. El sarcasmo les desespera. Mucho más si se usan sus mismas armas y se les deja en ridículo», suelta a Crónica. «Yo les llamo procesistas. Lo único que quieren es formar parte de un proceso infinito. Vender lazos amarillos, banderas, vivir del merchandising… Aferrarse a cargos para vivir siempre del procés». Ríe.

Aprovecha su estrellato para hacer un bien a su pueblito. «Invito a todos a que vengan a Villar del Cobo a visitarlo. Es un sitio donde se está bien siempre». Ha invitado a Puigdemont. Es más barato que Waterloo.

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