Otoño negro de 2017 en el noreste de España: huida de los ahorradores ricos y pobres de Cataluña / El procés además está generando otras víctimas invisibles con daños psicológicos no evaluados

  • Roser se llevó a sus dos hijos en AVE a Zaragoza y movió allí todos sus ahorros. Alberto ha sacado en efectivo 18.000 euros. Esperanza vació su cuenta catalana y se abrió otra en Madrid.
  • Así huyeron en octubre de 2017 los ahorradores de Cataluña: con ‘cuentas espejo’, viajes a Huesca y hasta fajos de billetes en casa por miedo al corralito.

Cuando salió de casa aquella mañana, Roser llevaba en el bolso un cheque con los ahorros de toda su vida. Se lo había extendido en Barcelona su banco de siempre, pese a la resistencia y «las 40.000 explicaciones» del director de la sucursal. Aquel viernes 29 de septiembre de 2017, último día hábil antes del referéndum secesionista, Roser, con su cheque y con sus dos hijos, que habían pedido el día libre en el trabajo, se subió a un AVE y se plantó en la oficina del Banco Santander de Zaragoza mejor puntuada en internet. Y allí, tras cuatro horas de espera, Roser firmó, sus hijos firmaron y el cheque cambió de manos. «Como no sé conducir», cuenta ella, autónoma de 61 años, «pensé en Zaragoza: si llega a pasar algo, cojo el AVE y en una hora y 50 minutos saco dinero allí».

El «si llega a pasar algo» -y el «algo» como sinónimo de corralito- es el mantra que repiten los ahorradores catalanes con los que ha hablado Crónica cuando explican el motivo por el cual han sacado su dinero de Cataluña. Porque no sólo las grandes y medianas empresas están cambiando su sede social (más de 3.000 de momento). En el último mes, en pleno órdago independentista, también autónomos, funcionarios, asalariados y jubilados catalanes han decidido alejar de la región sus depósitos. Los bancos no ofrecen cifras oficiales pero en varias oficinas consultadas la respuesta es que son «miles», aunque de ellos apenas se hable. Las fórmulas: han abierto cuentas en otros lugares de España, han viajado a otras comunidades autónomas e incluso han sacado el dinero en efectivo.

«Yo lo tengo todo en casa. En una caja fuerte. El único riesgo que tengo es que se me incendie», dice Alberto, ingeniero de Telecomunicaciones que trabaja en Hospitalet de Llobregat y es «catalán de cinco generaciones». (Como el resto de los participantes en este reportaje, pide que su identidad no aparezca publicada: significarse les resulta arriesgado, más en temas patrimoniales). Alberto fue a la Caixa y pidió en ventanilla que le entregaran en billetes los 18.000 euros de su cuenta. «Si hay corralito», dice, «me largo con lo puesto».

Por eso se han producido escenas propias quizá de otras épocas. Laura, médico de 40 años, temía tener que dar explicaciones en la pequeña localidad en los alrededores de Barcelona donde vive, así que cogió el AVE a Valencia, abrió una cuenta en el Santander y traspasó 20.000 euros. En Cataluña mantiene la nómina y poco más, «para ir tirando». «No quiero tener mi dinero aquí», dice con firmeza.

Aunque la frontera aragonesa es la que ha albergado las imágenes más sorprendentes. En Fraga (Huesca) las colas de catalanes han desbordado las sucursales, sobre todo entre el 2 y el 10 de octubre, según explica el alcalde, Miguel Luis Lapeña: «Ha venido muchísima gente. CaixaBank tuvo hasta que poner una oficina móvil en la calle, una especie de furgoneta con un cajero». No muy lejos de allí un banquero rompe el silencio del sector. Se llama José Antonio Pérez Cebrián y es el director general de Caja Rural de Teruel. «En cinco días nos vinieron 7 millones de euros de unos 200 ahorradores catalanes», explica a Crónica. «Incluso independentistas que sacaban su dinero de la Caixa por haberse ido de Cataluña. Pero esto ha pasado en Sevilla, en Madrid… Ha habido muchísimos movimientos de fondos, pero gracias a Dios se ha parado porque esto no beneficia a nadie».

Las ‘cuentas espejo’

Es lo que estuvo a punto de hacer Neus, funcionaria jubilada de 65 años. Lo tenía todo preparado para irse con su hija en coche a Fraga o Alcañiz (Teruel), cuando la víspera una amiga le contó que había una cosa llamada cuenta espejo. Un invento que los bancos -no sólo Caixa y Sabadell- han puesto en marcha en las últimas semanas para evitar la fuga de clientes. El banco en el que uno tiene la cuenta le crea otra paralela asociada a una sucursal de una localidad fuera de Cataluña. Con ella, el cliente puede operar desde su sucursal catalana sin problemas, pero el dinero se situará fuera de una hipotética república independiente. Por eso Neus no viajó: desde la misma Barcelona traspasó 200.000 euros (sus «ahorros de toda la vida» con su marido, encargado de un taller) y su plan de pensiones. «Tenemos mucho miedo. Aquí puede pasar cualquier cosa… El problema lo tengo con una casa que quiero vender en la costa. Ya me ha dicho la inmobiliaria que está todo parado».

Lo mismo hizo Esperanza, que trabaja en una aseguradora, el viernes previo al 1-O. En el Popular firmó una cuenta espejo en Madrid a la que ha enviado 36.000 euros. Además, aquel viernes, aquel sábado y aquel domingo del referéndum, Esperanza y su marido fueron al cajero y, de poco en poco, vaciaron su cuenta de 6.000 euros en la Caixa, que no les había ofrecido esa opción. «Hay una cierta psicosis. Varios compañeros de trabajo están sacando bastante dinero del banco». Lo dice la mayoría de los entrevistados: en casa guardan unos mil euros. Por si acaso.

«Primero, por entendernos, movieron el dinero los ricos, y después lo están haciendo los ahorradores modestos, los pobres», explica una empleada de un importante despacho de abogados en Barcelona. Entre unos y otros, fuentes financieras calculan que a raíz del 1-O CaixaBank y Sabadell han perdido entre 9.000 y 12.000 millones de euros. La ministra Dolors Montserrat ha llegado a afirmar que «en un día se perdieron 4.000 millones en cuentas bancarias en Cataluña». Mientras tanto, los consejos en voz baja y los whatsapps siguen circulando.

«Yo pregunté a una persona de confianza del BBVA y me dijo que ve la situación grave; que él tenía todo en depósitos fuera y que me recomendaba hacer igual», relata David, administrativo de 38 años. El día 11 acudió a su oficina y pidió que le abrieran una segunda cuenta en Granada, donde nacieron sus padres. Allí tiene ahora 67.000 euros; en Barcelona, sólo 2.500, «para pagar recibos y comer». Sus padres y su novia han seguido sus pasos. No su hermana, que apoya el referéndum; ni siquiera está preocupada por la fuga de empresas, cuenta David.

65.000 euros en la huelga

Desde Reus responde Álvaro, 55 años, asalariado. «Yo estaba muy preocupado por mi dinero: ¿y si nos sacan de la UE? Me informé y me dijeron que la opción más fácil, rápida y mejor era sacarlo de Cataluña». Podía hacerlo desde su sucursal de Bankia, cerca de casa. «Pero aquí ya no sabes con qué te vas a encontrar según cómo piense el director de la sucursal o la de la ventanilla», lamenta. El día de la huelga cogimos el coche y nos fuimos hasta Vinaroz», en Castellón, a una hora larga de Reus. Una cuenta espejo con sus 65.000 euros le ha calmado un poco.

Vladimiro, de 65 años, y su mujer, que viven en Tarragona y están «muy asustados», se decidieron tras ver la ruptura de la legalidad en los plenos del 6 y 7 de septiembre en el Parlament. En su oficina del Santander no quisieron preguntar nada; temían malas caras. «El 4 de octubre aprovechamos un viaje a Castellón y abrimos allí una segunda cuenta». 40.000 euros viajaron aquel día a la ciudad valenciana. «Hemos vivido el final del franquismo, el principio de la democracia, hemos vivido tranquilos… Pero ahora es una intranquilidad total por esta sinrazón, y más cuando no vemos una acción decidida por parte del Gobierno de España».

El temor se extendió durante el octubre negro catalán. Pero algunos ya se adelantaron. Como una maestra jubilada que prefiere no dar su nombre y que hace dos años retiró sus 100.000 euros de un banco catalán y hoy los tiene en Madrid. «Tú eres una paranoica, me decían». Hoy muchos en su entorno la han emulado. O Chari, profesora en un instituto de Sabadell, que en la misma época, «viendo por dónde iban las cosas», trasladó sus 25.000 euros a Madrid. O Antonio, ex directivo de una multinacional, que ya «vio lo que venía» días antes de la consulta del 9-N de 2014: «Entonces no te ofrecían las cuentas espejo, ¡eso es nuevo! Tuve que ir personalmente con el DNI a Zaragoza». 200.000 euros se fueron con él.

Al margen del miedo está el boicot. La protesta. Ahorradores del resto de España han sacado estos días su dinero de los bancos catalanes por enfado, como María y Luis, dos expatriados que desde el extranjero y por internet han retirado 50.000 euros de CaixaBank. Aunque también hay casos de boicot más sui generis. Como el de Sandra, de San Cugat del Vallés: «Con Bankia he sacado mis 70.000 euros de Cataluña porque no pienso pagar ni un impuesto municipal. Si ellos se saltan la ley [el alcalde es de Convergència], yo también lo haré».

El sector bancario y el ministro De Guindos afirman que las turbulencias ya han parado. Pero hubo un viernes que eran los independentistas de la ANC y Òmnium Cultural los que animaban a los suyos a retirar dinero de sus cuentas. Y aún hay ahorradores temerosos. Pere, autónomo de la construcción, de 49 años y arraigo catalán antiguo, abrió el 9 de octubre una cuenta en Valencia y anuncia que si Puigdemont declara definitivamente la independencia, bastará un clic en su ordenador para sacar «inmediatamente» sus 40.000 euros de Cataluña. «Están jugando con nuestro pan y con el de nuestros hijos. Tampoco descarto marcharme. Así no nos dejan vivir».

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