Reivindicación de la Transición, aun con matices | ¡Que paren las máquinas! -Arsenio Escolar

Hoy, durante todo el día, programas especiales en muchas emisoras de radio y de televisión con el cuadragésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas en España tras la dictadura franquista, las celebradas el 15 de junio de 1977.

He contado esta mañana en RNE algunos de mis recuerdos de aquellas fechas y lo cuento ahora aquí. Lo mejor, aquella alegría colectiva e intergeneracional de poder votar en libertad por primera vez en nuestra vida. Votábamos aún rodeados de miedos, sí. Miedo a la debilidad del nuevo sistema político democrático que, con muchas dificultades, estaba sacando adelante un líder carismático de origen franquista, Adolfo Suárez, con mucho debate y enfrentamiento pero también con muchos consensos con otro líder aún más joven surgido del antifranquismo, Felipe González, y con dos políticos veteranos, uno de cada signo: Santiago Carrillo y Manuel Fraga. Miedo a la situación económica, poco boyante. Miedo al terrorismo de ETA, muy activo. Miedo a la involución que intentaban algunos grupos residuales del franquismo y algunos sectores del Ejército… Pero superando los miedos, primaba la ilusión colectiva por apostar por el futuro, por un nuevo país: las elecciones registraron una alta participación, del 78,83%, incluso por encima del alto 77,8% registrado en el referéndum con el que medio año antes había echado a andar la reforma política, referéndum en el que el sí a los cambios, el sí a salir del viejo régimen dictatorial para entrar en la democracia logró un 94,17% de los votos.

El referéndum de la reforma política de diciembre de 1976 y las elecciones del 15 de junio de 1977 fueron dos de los grandes impulsos fundacionales de lo que luego llamamos la Transición, un periodo de nuestra historia reciente santificado durante largos años y últimamente bastante denostado. Probablemente, ni los panegíricos primeros ni los desaforados ataques recientes son justos. En la Transición se hicieron extraordinariamente bien muchas cosas y quizás mal o muy mal algunas otras -o directamente no se hicieron-, la mayoría de ellas por miedo. En el balance general, en mi opinión, pesan más las cosas positivas que las negativas. El vaso estuvo más lleno que vacío. 

Algunos adanismos recientes de la nueva política son un sinsentido, o al menos un exceso. Quizás dentro de 40 años, cuando repasen sus desempeños actuales, algunos de los hoy protagonistas más jóvenes de la vida pública cambien de opinión. Sobre sí mismos, para rebajarla; o sobre la Transición, para elevarla.

 

Corrienteroja.net

P.D. En junio de 1977, la edad mínima para votar era de 21 años. Yo no los tenía aún, pero pude hacerlo por una reminiscencia de las leyes franquistas, que les daban derecho a voto a los menores de edad que fueran “cabezas de familia”. Yo lo era: en aquel junio del 77, tenía poco más de 20 años -como mi mujer- y teníamos un hijo de año y medio y estábamos a la espera del segundo. Un cabeza de familia emancipado, pues estudiaba Periodismo y Filología Hispánica en la Complutense, pero trabajaba -con contrato indefinido- de barrendero en un centro comercial, en turno nocturno, de 23h a 07h, seis noches por semana.

No voté a ninguna de las formaciones de los cuatro líderes arriba citados. Voté al PSP de Enrique Tierno Galván, que un año después se integró en el PSOE.

Origen: Reivindicación de la Transición, aun con matices | ¡Que paren las máquinas!

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